Cooper fue el primero en poner un pie sobre el muelle. En cuanto sus botas tocaron la madera, soltó los brazos de Phemphit y Shixed, agradecido de volver a sentir tierra firme.
Aun así, no pudo evitar mirar al cielo.
Volar tenía su encanto, pero para él jamás se compararía con impulsarse entre edificios usando sus cuerdas dinámicas. No había sensación más intensa que lanzarse al vacío, sentir el viento golpeándole el rostro y confiar en que el siguiente cable lo sostendría antes de estrellarse contra el suelo. La adrenalina era distinta, más salvaje. Desde las alturas no existían semáforos, peatones ni conductores imprudentes. Solo el cielo abierto, la brisa helada y la ciudad extendiéndose bajo sus pies.
Durante el trayecto les había pedido que lo dejaran en el muelle. Allí los esperaba un lugar donde podrían descansar, recuperar fuerzas y comer algo después de aquella interminable huida.
Los tres aterrizaron tal como había prometido.
Apenas levantaron la vista, Phemphit y Shixed se quedaron inmóviles. Frente a ellas se alzaba un enorme yate blanco de tres niveles, elegante e impecable, balanceándose suavemente sobre el agua como si perteneciera a otro mundo.
—¿Esto es tuyo? —preguntó Shixed mientras Cooper abría las puertas del camarote.
—Es prestado —Cooper abrió la puerta y las invitó a pasar.
Cooper salió del yate para poder desanudar el barco del amarradero. Tomó las cuerdas de gran tamaño y las colocó dentro del yate. Se adentró al recinto.
Observó como Phemphit y Shixed no quitaban el ojo del barco con admiración, podía deducir que era la primera vez que pisaban un barco tan extravagante. Cooper prendió las luces y los ojos de ambas se iluminaron con la misma intensidad al ver la cocina, como unos asientos blancos habitaban en la parte delantera y exterior del barco rodeando un pequeño jacuzzi.
—Ya vengo —comentó Cooper y las rodeó a ambas para dirigirse a las escaleras.
Cooper descendió los peldaños sin prisa.
Por primera vez en varias horas, el peligro parecía haber quedado atrás.
Al llegar al nivel inferior, abrió la puerta de uno de los camarotes y caminó hasta una peinadora de madera oscura. Tiró del primer cajón y comenzó a rebuscar entre su contenido. Ropa, documentos, herramientas... hasta que sus dedos chocaron con dos pequeñas esferas metálicas.
Sonrió para sí.
Eran los mismos dispositivos electromagnéticos que había utilizado en ConAbe para bloquear las comunicaciones.
Los tomó con cuidado y cerró el cajón. Antes de abandonar el camarote, echó un último vistazo para asegurarse de que todo permaneciera en su sitio y cerró la puerta tras de sí.
Regresó a la cubierta superior, donde Phemphit y Shixed continuaban explorando el yate con evidente curiosidad.
Cooper se acercó a Phemphit, que era la más próxima, y levantó una mano.
—Esto les ayudará a quitarse eso —dijo Cooper mientras se encaminaba a Shixed y le colocaba semicírculo de metal en su collarín de latón—, es para evitar que nos estén rastreando.
Cooper extrajo su teléfono celular y con un botón logró que los collares se abrieran en forma de C haciendo que cayeran contra el suelo de madera.
Phemphit y Shixed comenzaron a palpar sus cuellos desnudos. Tan pronto como ambos collares cayeron, Cooper los tomó.
Los sentía frío al tacto y a la vez eran pesados ¿Cómo podían estar con esto en sus cuellos por tanto tiempo y no quejarse? Cooper se dirigió a la parte de afuera del yate y lanzó las enormes gargantillas de latón por la borda. Al ser pesados se perdían en el mar con facilidad.
Cooper sacudió su mano con la otra, sintiéndose libre de que ya todo había terminado.
—¿Somos libres? —Preguntó Shixed sin poder creer lo que decía.
—Por los momentos sí —respondió Cooper, colocando ambas manos en su cintura por debajo de su camisa—, solo debemos alejarnos de este lugar y estaremos listos.
—No puedo creerlo —murmuró Phemphit.
—Ya estamos listos para las presentaciones —dijo Cooper a su vez que se dirigía los peldaños de madera blanca para dirigirse al timón—, ¿Quieren acompañarme mientras me dicen quiénes son en realidad?
—¿Nosotras? —repitió Shixed caminando detrás de él—, tú eres el que debes decirnos quién eres.
—De acuerdo —Cooper se colocó detrás del timón y subió un pequeño pedal haciendo que el yate provocará un ronroneo, eran los motores activados—, ¿empezamos?
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Editado: 18.07.2026