Scorpion deslizó el dedo por la pantalla de su teléfono, entretenida revisando sus redes sociales. De pronto, una notificación apareció en la parte superior.
Era de Shaper.
Soltó un suspiro de fastidio y puso los ojos en blanco.
—Claro... otra vez de taxi.
Sin molestarse en responder, lanzó el teléfono al otro extremo del sofá. El aparato rebotó sobre los cojines mientras ella alzaba una mano y chasqueaba los dedos.
Frente a ella se abrió un portal ovalado. Sus bordes dorados ondulaban como metal fundido, iluminando parte de la sala con un resplandor cálido.
Afuera ya había caído la noche.
Desde los enormes ventanales del apartamento, Acrisea brillaba con toda su grandeza. Los rascacielos lucían miles de ventanas iluminadas, las avenidas resplandecían bajo la luz de los faroles y los automóviles recorrían las calles como diminutos ríos de luz. Para cualquiera que viviera en los pisos más altos de la ciudad, aquella vista sería un espectáculo capaz de quitar el aliento.
Scorpion apenas le dedicó una mirada.
No veía belleza en Acrisea. Solo una ciudad maquillada para ocultar la podredumbre que llevaba dentro.
Del portal emergió Shaper con la misma tranquilidad de quien atravesaba una puerta cualquiera. En cuanto ambos pies tocaron el suelo del apartamento, Scorpion cerró el portal con otro chasquido. El resplandor dorado desapareció y la sala volvió a quedar iluminada únicamente por las luces de la ciudad.
—Ya encontramos lo que buscábamos —respondió Shaper y se sentó en uno de los sofás individuales.
Scorpion estaba recostada a lo largo del enorme sofá. Tenía las piernas extendidas y los pies descansaban sobre uno de los brazos del mueble.
—¿Y qué era lo que buscábamos exactamente? —preguntó Scorpion tomando su teléfono nuevamente para no aplastarlo con su cuerpo. Lo colocó encima de su estómago.
—Algo para eliminar a ese velocista —respondió Shaper con un pulgar encima de su labio con la mirada perdida en el suelo. Estaba pensando.
—¿Cómo pudiste encontrarlo? No me digas que trabajaremos para alguien más.
—No, no es eso —respondió Shaper—. Lo hará sin saberlo —Shaper volvió su mirada en su amiga y se cruzó de brazos—. Había una mujer en el bar que me dijo de un monstruo en la parte subterránea de ConAbe. Nadie sabe qué hay allí, pero por alguna razón nadie puede entrar más que la jefa y aquellos que le dan de comer, es decir, generales de alto rango.
—¿Y piensas que esa criatura nos ayudará? —preguntó Scorpion con los ojos como platos—, ¿Cómo esa cosa no nos haría daño tampoco?
—Esa es una buena pregunta. Pero sé cómo podemos hacerlo.
Shaper sonrió de oreja a oreja.
· · ─────── ·𖥸· ─────── · ·
Alan y Twyla bailaban al ritmo de «Roar» de Katy Perry frente a una pantalla de televisión que le decía qué movimientos tomar. Estaban jugando Just Dance.
Esta no era la primera canción, pero ya habían perdido la cuenta de las tantas canciones que habían bailado.
Twyla estaba agotada, el sudor corría por encima de su frente, sus movimientos eran lentos y pesados, en embargo los de Alan eran enérgicos, una sonrisa adornaba su rostro mientras bailaba con pasión. Tenía la adrenalina a millón, el hecho de estar con su amiga no era algo de superar.
Al finalizar la canción, Twyla cayó en el sofá con la respiración estertorosa. Alan seguía de pie eligiendo otra canción.
—¿Cómo es que no te has cansado? —preguntó Twyla limpiando su frente con el dorso de su mano.
—Bueno, yo… la verdad es que, si estoy cansado, pero no quiero admitirlo —Alan se encogió de hombros. Agradecía que ella no lograra verlo cara a cara—, solo es para impresionar.
—¿Y no sudas? —preguntó Twyla enarcando una ceja.
—Sabes que hay personas que no sudan en la vida.
—Si es verdad. Te envidio. Además de estar en pijamas estoy sudando, ya veo porque estoy soltera.
—Eso es porque quieres estarlo —Alan decidió parar y dejó los controles encima de la mesa de cristal, a un lado de las cajas de pizza vacías. Tomó asiento al lado de Twyla.
—Y por mi tío, claro está.
Este era un tema que ambos no habían logrado tocar. Era un misterio la relación entre su tío y ella, ambos trabajando en el mismo despacho, en la misma oficina, pero no en la misma casa.
—¿Cómo se siente que tu tío sea tu jefe?
—Bien —respondió Twyla encogiéndose de hombros—, siempre nos vemos a diario, y no tiene que ser un jefe, creo conmigo, sabes que hay jefes que se pasan de la raya.
—Si es verdad, aunque no se les nota mucho el cariño —dijo Alan encogiéndose de hombros.
—Porque no quiero que sea dulce conmigo, soy su sobrina, pero también trabajó para él, debe de dar el ejemplo ¿Y qué hay de ti? Con que tu padrino sea tu jefe.
—Es genial, siempre lo atiendo y hago lo que quiere. Ni siquiera sé si me trata como hijastro o como jefe.
#38113 en Otros
#5730 en Acción
#29407 en Fantasía
#10978 en Personajes sobrenaturales
Editado: 18.07.2026