Cooper abrió la puerta del edificio y miró por encima del hombro. Phemphit y Shixed observaban los alrededores con una mezcla de desconcierto y desagrado.
El lugar era todo lo contrario a lo que esperaban después de haber viajado en un yate de semejante lujo. Las paredes estaban desgastadas, algunos cristales permanecían rotos y el vestíbulo reflejaba años de abandono. No había guardias, cámaras visibles ni el menor indicio de seguridad.
—¿Estás bromeando? —preguntó Shixed.
—Es mejor que la prisión —inquirió Phemphit.
—Es mejor adentro que afuera —terció Cooper y abrió la puerta.
Los tres entraron al edificio y, para sorpresa de ellas, Cooper no había exagerado. Mientras él cerraba la puerta de la entrada, Phemphit y Shixed recorrieron el lugar con la mirada.
El interior contrastaba por completo con el deterioro del exterior. Las paredes, pintadas de un gris claro, lucían limpias y cuidadas. A intervalos regulares, pequeñas mesetas sostenían plantas vivas que aportaban color y calidez al ambiente. No era un edificio lujoso, pero resultaba mucho más agradable de lo que esperaban.
Mientras avanzaban por el largo y estrecho corredor, Cooper continuó hablando:
—Aquí vivimos pocas personas. En su gran mayoría son gente mayor.
—No me imagino por qué —dijo Shixed con los brazos cruzados.
—Pero también está un amigo mío —continúa Cooper haciendo caso omiso de Shixed—, él es muy genial, les caerá bien.
Cooper toca el botón del elevador y no esperaron mucho cuando las puertas se abrieron de par en par. Ambos se adentraron a la cabina. Las luces eran amarillas y el espejo estaba quebrado, las paredes parecían ser de cartón mostaza, no era lo que imaginaban.
—¿Es seguro? —Preguntó Phemphit cuando las puertas se cerraron.
—Lo suficiente.
Al cabo de unos segundos, las puertas volvieron a abrirse, permitiendo que los tres salieran del elevador.
El corredor estaba pintado de color crema y, a ambos lados, se alineaban varias puertas de madera. A medida que avanzaban, una música comenzó a destacar por encima del silencio. Provenía de uno de los apartamentos y sonaba con tal intensidad que podían sentir las vibraciones del bajo desde donde estaban.
Ninguna de las dos reconoció la melodía. Cooper, en cambio, la identificó al instante. Era *Surface Pressure*, de *Encanto*.
Se detuvo frente a una puerta de madera oscura. Justo enfrente se encontraba el apartamento del que provenía aquel estruendo. Cuando por fin consiguió abrir la cerradura, la puerta de enfrente se abrió de golpe.
Los tres giraron la cabeza al mismo tiempo para ver a la persona responsable de semejante escándalo.
Era un hombre alto, de hombros anchos y brazos tan gruesos como sus piernas. Tenía la piel color café y unos ojos negros como el carbón. Medía casi lo mismo que Cooper, aunque, por alguna razón, daba la impresión de ser todavía más alto.
Sin embargo, aquello no fue lo que más los desconcertó.
El gigante vestía una sencilla camisa blanca, una falda de flores que parecía ser un mantel ajustado a la cintura y unas zapatillas Nike en los pies.
—¡Llegó el hombre! —exclamó él.
Sin embargo, se detuvo al ver a las dos chicas que lo miraban con terror y algo de vergüenza. El hombre agarró la puerta y la cerró lentamente hasta que dejó de estar a plena vista.
—Ese es… —Cooper se rascó la nuca—, ese es Murphy, es mi amigo en el edificio. El dueño del lugar.
—Si no te hubiera visto cómo nos salvabas —dijo Shixed mientras se adentraba al apartamento—, pensaría que estás loco.
—Sí, él no es así todos los días, a veces escucha Queen y se pone un bigote falso.
Una vez que todos entraron al apartamento, Cooper cerró la puerta.
Las chicas detallaron el lugar. Era un apartamento espacioso, un sofá negro se posaba en medio de la sala, y su costado se encontraba la cocina. Lo único que había a la vista era una cocina y una nevera blanca. El suelo era de cerámica color blanco con las paredes descubiertas revelando los ladrillos que cubrían el apartamento.
—Lamento que no sea tan lujoso —comenzó Cooper—, pero es lo suficiente para estar aquí unos días.
Phemphit se mantuvo de pie en medio del apartamento. Notó como algunas cucarachas corrían a su escondite.
—Podemos notarlo —comentó Shixed.
—Hogar, dulce hogar —dijo Cooper a su vez que se recostaba en el sofá. Al sentirse, las pequeñas partículas de polvo brotaron por el aire—, ya casi está lista la parte final del plan. Podrán ir a casa pronto.
—Nosotras… no… —Phemphit no encontraba las palabras exactas.
Cooper no tuvo que escuchar la frase completa para entender la gravedad de la situación. Su postura de comodidad cambió a una de preocupación.
—Y realmente, si tengo que elegir entre quedarme aquí o volver a casa, prefiero mil veces estar aquí —Shixed se cruzó de brazos.
Cooper frunció los labios y asintió.
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Editado: 04.08.2026