Cooper le contó toda la verdad a Murphy. Él era el único que aún desconocía que Cooper era, en realidad, Guyana.
Comenzó relatándole parte de su vida y la misión que Lebanon le había encomendado: proteger a Phemphit. Shixed, aclaró, nunca formó parte del plan original.
Después le habló de Blue Velvet, una Aberrante con habilidades extraordinarias, cuya influencia era mucho mayor de lo que cualquiera podía imaginar.
Finalmente, le reveló que tanto Phemphit como Shixed eran Aberrantes y confesó que había cometido un delito para rescatarlas de prisión. Sacarlas de allí había sido una decisión completamente ilegal.
—¿Ustedes son Aberrantes? —preguntó Murphy viendo a las chicas.
Ambas lucían muy corrientes. Dos piernas y dos brazos, no había nada más. Hasta que Phemphit se retiró la capucha de su cabeza revelando sus pequeños cuernos y su cabello rosado.
Murphy tragó saliva.
Shixed se mantuvo firme, pero Cooper podía sentir una vibra extraña en el ambiente. Por un lado, Murphy asustado, y por otro Shixed pensando en si usar sus habilidades para callarlo en caso de que hiciera algo gracioso. Mientras que Phemphit solo lo miraba con melancolía, rogándole que no se asustara.
—Joder, déjame terminar —pidió Cooper.
Le comentó de cómo Phemphit era necesaria para mejorar el mundo. Quieren que los Aberrantes vivan con las personas normales sin ocultar lo que son.
—¿Sabes lo grave que es sacar a Aberrantes de prisión? —preguntó Murphy sin apartar la mirada de Phemphit o Shixed.
—Eso no se compara a todo lo malo que le han hecho a los Aberrantes. ¿Sabes por qué fueron a prisión? Por nacer, por nacer, Murphy. Eso no es algo en lo que puedo simplemente apartar la mirada y seguir con mi vida.
Phemphit y Shixed se limitaron a decir algo, apartaron sus miradas sintiéndose un poco más esperanzadas. Shixed no quería bajar la guardia con Cooper, pero admitía que sus palabras la habían tocado.
Murphy abrió la boca para decir algo, pero se detuvo, asintió.
—¿Es eso cierto?
—Sí —dijo Phemphit.
—¿Ya estás contento? —preguntó Cooper.
—Está bien —Murphy posó una mano encima de su hombro—. Siempre he estado a favor de la vida, no me parece justo lo que le hacen a ustedes, ¿de acuerdo?, es solo que tengo mucho que procesar.
—Gracias, amigo —Cooper palmeó la mano de Murphy que tocaba su hombro—. Te agradecería si…
—No diré nada, son bienvenidas —Murphy les regaló una sonrisa, como la primera vez que se vieron. Era real e inocente.
—Gracias —agradeció Phemphit con la misma sonrisa.
—Entonces —Shixed relajó los hombros—, ¿él es de confiar, pero no le dijiste la verdad de nada?
—¿Puedes dejar de desconfiar de todo lo que digo? —castigó Cooper a Shixed.
Murphy asintió y se dirigió a la puerta.
—Necesito que me des un momento para pensar —Murphy sentía como sus pies le pesaban.
—Murphy —Cooper se levantó del sofá de un salto—, por favor, no le digas a nadie de esto, por favor. Yo…
—No le diré a nadie, puedes confiar en mí —dijo Murphy sobre sus hombros—, ¿Qué crees, que soy un mal amigo?
—Gracias.
—A ti, por confiar en mí —Murphy se devolvió para darle una estrechada de manos y un abrazo—. Me caes muy bien, Cooper, por favor, ten cuidado. Y ustedes también me caen bien —Cooper vio a Shixed encapuchada con su mirada sepulcral y sus ojos negros como la noche—, menos tú, tú me das miedo, Shixed, sin ofender.
—Tranquilo, es normal —dijo Cooper encogiéndose de hombros—. Es hija del demonio.
—¿¡Qué!? —jadeó, retrocediendo un paso mientras su rostro se transformaba en una mezcla de incredulidad y temor.
—Sí, por eso, no lo uso como carta de presentación —Shixed asesinaba a Cooper con la mirada.
—Solo les pediré silencio —Cooper volvió al sofá y comenzó a hurgar en su teléfono—, estoy muy cansado y estuve toda la noche manejando un yate.
—¿Tienes un yate? —Murphy no paraba de recibir un dato tras otro.
Cooper se limitó a verlo, estaba agotado y no quería seguir esta discusión.
—Hablamos luego —Murphy se despidió con la mano y cerró la puerta detrás de él.
Shixed miró a Phemphit y con eso supo lo que tenían que hacer. Retirarse. Así que ambas se adentraron a la primera habitación y en efecto, tenía una cama. Era suficiente para descansar.
Cooper estuvo solo por unos momentos, con el teléfono en mano. Estaba pensando en llamar a Lissa una vez más.
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Andron entró a su casa y se detuvo en el umbral.
Cerró la puerta detrás de él sin apartar la vista de Blue Velvet. Estaba exhausto. En toda su vida, jamás había sentido un cansancio semejante.
Blue Velvet caminó hasta el refrigerador y comenzó a sacar comida sin el menor reparo. En pocos segundos había reunido una enorme pila de ingredientes: una bolsa de pan para sándwiches, jamón, queso, varias salsas, verduras y todo lo que encontraba a su paso. Sostenía aquella montaña de alimentos con un equilibrio impecable, como si no pesara absolutamente nada.
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Editado: 04.08.2026