Mid [#2 Aberrantes]

Capítulo 26 - Su IQ no es tan alto

Andron se despejó de su traje y lo colocó en la cesta de la ropa sucia. Tomó una ducha tibia. Mientras estaba en el proceso no podía dejar de pensar en lo que había ocurrido hoy, todo por culpa de una fanática obsesionada por él. No podían ser como las fanáticas de Aerosmith que solamente muestran sus senos, ¿y se van? No, debía crear un alboroto, destruir una de las estructuras más importantes de la ciudad, sin decir que del país, y hacer que él se llevara a una niña a su casa como si se tratara de una mascota.

Una vez listo, envolvió la parte baja de su cintura con una toalla blanca y fue a su habitación. Solo una pared separaba a Blue Velvet de verlo semidesnudo Escogió un pijama de su cajón y unas camisetas viejas, al igual que unas bermudas que le quedaban pequeñas. Se colocó su pijama y una vez vestido se dirigió a la cocina.

Blue Velvet estaba comiendo la mitad de su segundo sándwich, la isla estaba limpia, los condimentos y rastros de salsas habían sido limpiados, cada cosa estaba en su lugar. Alan se sorprendió de ver el estado de la cocina, lo imaginaba peor.

—Toma, te traje esto —Alan le dio la pila de prendas a un lado del plato de comida—, es lo único que tengo para que puedas dormir.

Los ojos de Blue Velvet se iluminaron al ver la camiseta negra. Tenía el símbolo de una banda indie de rock, la conocía de nombre de nombre, pero jamás había escuchado sus canciones. La tomó con cariño y las abrazó como si se tratara de oro puro.

—Muchísimas gracias, Alan —dijo ella con una sonrisa y tomó otra mordida de su emparedado—. De verdad, extrañaba los pijamas.

—Me alegra —Alan colocó las manos dentro de sus bolsillos—. Estaba pensando en lo que pasó hoy y fue una odisea.

—Fue una aventura, querrás decir.

—Creo que sé exactamente lo que quiero decir.

—De acuerdo, en ese caso, termino este sándwich y me puedes hacer cualquier pregunta.

—Gracias, finalmente.

Blue Velvet sonrió y colocó las prendas en su regazo con cuidado de no ensuciarlas.

—¿Cómo es que llegaste a ser Blue Velvet? —preguntó Alan dirigiéndose al sofá, sabía que le estaba dando la espalda a la chica y esa era totalmente su intención.

—Pues había un hombre que me hizo algo horrible…

Blue Velvet le relató la historia de Theodore y como había despertado de ese sueño que se convirtió en pesadilla, de cómo volvió a reunirse con sus amigos, Alan sabía que eran Lebanon y Guyana, los únicos hombres que hacían cumplir la ley, evitar que Los Aberrantes terroristas hicieran daño.

—De acuerdo —Alan se cruzó de brazos—, ¿Y cómo es que sabes de mí?

—Lebanon me dijo —respondió ella, esta vez había terminado de comer y comenzó a cambiarse de ropa—, me contó de un velocista que perdió a su padre, que él intentaba enmendar su error y… —Blue Velvet vaciló unos momentos, observó el suelo indecisa si contarle toda la verdad o solo lo esencial—, y dijo que te cuidara por si algo malo te pasaba en el transcurso de jugar a ser el héroe.

—Pero no me ha pasado nada —Alan se encogió de hombros.

—Eso es verdad —señaló Blue Velvet—, pero solo es momentáneo.

—Al menos acabé mejor que tú —respondió Alan cruzándose de brazos.

—Oye —Blue Velvet tomó un pedazo de su sándwich, el último trozo que quedaba en el plato—, eso fue totalmente adrede.

Colocó el plato encima de la mesa de cristal. Esta vez estaba lista para argumentar todo lo que no había podido hacer hacía unos tres o cuatro meses.

»Me gusta divertirme —respondió Blue Velvet y pasó la mano por sus cabellos azules, se detuvo al notar que su cola de caballo seguía puesta—. Lo siento por esto, este es mi uniforme de misión, como podrás ver —Blue Velvet liberó una sonrisa y una aureola color celeste rodeó su cuerpo.

Alan entrecerró sus ojos para que la luz no lo cegara, sin embargo, logró ver un poco como el aura que rodeaba a Blue Velvet la cambiaba. Al abrirlos, se percató de que había una chica totalmente diferente en su sofá. Traía puestas las mismas prendas que él le había otorgado; sin embargo, sus ojos no eran celestes, eran negros como el cielo en ese instante; su cabello azul, su coleta, habían desaparecido dejando en su lugar una cabellera igual de color cobre, su cabello suelto era brilloso y delicado, grueso y de mucho volumen. Su cabellera caía sobre sus hombros como una cascada de rizos.

Su apariencia de niña era más notable.

—Entonces esta eres tú —respondió Alan sin saber qué más decir. Estaba perplejo.

—Sí, soy yo —extendió sus brazos—. Esta es Lissa Contreras. Una chica con tanto dinero que nadie sabe cómo lo tiene.

—Increíble —asintió Alan—. Entonces si trabajabas con los hombres de Pestrom. Eres uno de ellos.

—Sí lo soy, lo fui. Ahora estoy contigo.

—Espera, te salvé…

—No me salvaste —interrumpió Lissa—, apresuraste algo que estaba a punto de suceder.

—Eso significa que las personas de ConAbe —prosiguió Alan sin prestar atención en la chica—, ellos vendrán por mí. No. No.

Alan se colocó de pie.




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