—Lo primero que debes saber es cómo defenderte, es lo más importante —dijo Cooper mientras los dos se adentraron al elevador.
Phemphit se había colocado la capucha para ocultar sus cuernos, mientras que Cooper solo se había puesto el traje de Guyana sin necesidad de usar su peluca. Su traje no era distinto a una prenda de civil.
Eran pantalones térmicos con varios cierres donde solía guardar objetos, luego una camiseta de mangas cortas color negro que se ajustaba a su cuerpo para darle más movilidad, junto con un cinturón donde solía colocar su escrima.
—Podemos usar uno de los apartamentos vacíos de Murphy —dijo Cooper mientras las puertas se cerraban delante de ellos y el elevador comenzó a descender—, dijo que no había problema.
Phemphit asintió.
Cooper la observó, se notaba muy nerviosa. Él también se llegó a sentir así la primera vez que tuvo que entrenar con Jeff.
—Oye, está bien —Cooper bajó un poco su cuerpo, sabía lo alto que era, pero no lo pequeña que era Phemphit—, puedes quitarte la capucha, estamos solos tú y yo.
Phemphit asintió y se apartó lentamente la capucha, se dio media vuelta con nerviosismo para admirarse en el sucio espejo del elevador.
No recordaba que su piel fuera tan blanca, sus ojos estaban hinchados tal vez de tanto haber dormido después de tanto tiempo, sus pestañas estaban caídas, su nariz pequeña como la de los conejos. Tenía los labios resecos por no haber tomado tanta agua en tanto tiempo.
Sin percatarse, una sonrisa se dibujó en su rostro. Quizás estaba un poco feliz por su nueva libertad y poder observarse.
—No te desanimes —Cooper sonrió ligeramente—, eres linda así.
Las puertas del elevador se abrieron de par en par, una señora de cabellos canosos entró al elevador con una bolsa en sus manos. Cooper le sonrió con amabilidad.
—Hola, señora Beatriz —saludó Cooper.
—Hola, Cooper —saludó Beatriz con palpable cariño, sin embargo, al ver a Phemphit se detuvo en seco.
Su rostro cambió en un parpadeo. Su cara se había vuelto alargada, su sonrisa era inversa. Cooper no había captado ese momento, observó como Phemphit traía la misma expresión de miedo y preocupación.
Beatriz dio unos pasos atrás antes de que el elevador se cerrara, y corrió a su apartamento.
—Tranquila —Cooper la animó una vez que las puertas se cerraron, esta vez marcó el botón de su piso—, Beatriz es una buena señora, ella no nos va a delatar. Creo que es de Nueva York, dicen que ellos no son soplones.
—¿Estás seguro? —Phemphit volvió a ponerse la capucha.
—Sí, seguro —no estaba seguro—. Solo debemos hacer una pequeña mudanza, solo para estar seguros.
Una vez que el elevador abrió las puertas, tanto Phemphit como Cooper salieron a grandes zancadas hasta llegar a su apartamento.
—Despierta a Shixed y dile que se vaya preparando para salir —dijo Cooper mientras abría la puerta del apartamento.
—Bien —Phemphit se adentró.
Cooper comenzó a golpear la puerta de Murphy con una serie de golpes rápidos y frenéticos, casi como si sus nudillos estuvieran a punto de romperse.
—Murphy, soy Cooper, ven al apartamento rápido —no podía esperar a que Murphy atendiera y tenía fe de que saldría pronto.
Cooper entró a su apartamento y rebuscó debajo del sofá un bolso. Allí encontraba la laptop, mudas de ropa, pasaportes falsos y una cantidad de dinero.
Algún día lograría descansar, aunque sea una semana de solo dormir.
—Mete todas las cosas importantes aquí— gritó Cooper a Phemphit mientras se adentraba en la habitación en búsqueda de Shixed.
Murphy entró por el portal sin tocar la puerta, ya que estaba totalmente abierta de par en par. Se notaba desconcertado por cómo sus ojos aún luchaban por cerrarse, había salido de una siesta.
—¿Cooper? —murmuró Murphy—, ¿Qué sucede, por qué tanto alboroto?
—La cagamos, amigo —Cooper comenzó a registrar el bolso, chequeaba que todo estuviera en su lugar—, Beatriz nos vio.
—¿La del apartamento 3B?
—Ella misma —a Cooper no le importaba que Murphy viera la cantidad de dinero registrado en el bolso, confiaba en él como un hermano—. Fue mi culpa, le dije que se quitara la capucha para que se viera mejor en el espejo, y Beatriz vio sus cuernos.
—Joder —ahora Murphy estaba más despierto que nunca.
—Tenías que ver su cara —continuó hablando Cooper mientras llegaban Phemphit y Shixed—, obviamente, nos delató con ConAbe.
—¿Y ahora qué haremos? —esta vez fue Shixed la que se adentró a la conversación.
—Tenemos que irnos —Cooper se alejó para que ellas pudieran poner lo que quisieran, sin embargo, no era mucho porque recién habían salido de prisión.
—Está bien, no están exagerando, pero, por favor —Murphy se encogió de hombros—, esa señora ni siquiera sabe usar el teléfono.
—Tampoco me gustaría estar aquí cuando aprenda a usarlo —Cooper cerró la cremallera de la bolsa y se la colocó sobre los hombros—, ¿listas para otra aventura hacia un lugar desconocido?
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Editado: 28.08.2026