Mid [#2 Aberrantes]

Capítulo 33 - Vidas amorosas

Alan dejó caer las bolsas al suelo del impacto. Se quedó completamente boquiabierto al contemplar el estado de su apartamento.

El ruido de las bolsas al caer hizo que Lissa volteara de inmediato hacia la puerta, tan alarmada como él. Chasqueó los dedos y la música se detuvo en seco. Había estado escuchando música mientras limpiaba el lugar.

Pero Alan seguía sin poder decir una palabra.

Había un enorme agujero en la pared, las ventanas estaban hechas añicos y el televisor yacía en el suelo. Por si fuera poco, decenas de cuchillos estaban esparcidos por toda la habitación. Los muebles estaban destrozados y las encimeras habían quedado completamente dañadas.

Entonces reparó en algo más.

En medio del suelo había un objeto extraño, parecido a un pollo negro.

Alan lo observó durante unos segundos, intentando comprender qué demonios estaba viendo.

—Pero… —murmuró Alan y dio un paso al frente.

—Puedo explicarlo —interrumpió Lissa sosteniendo la escoba con una mano.

Estaba barriendo la gran cantidad de escombros y astillas sin contar los vidrios pequeños. Había empezado a limpiar cuando Alan atravesó esa puerta. Esperaba que al menos hubiera logrado cocinar una buena comida para cuando llegara.

—Hay… un hoyo… —murmuró Alan.

Su voz era tan diminuta que era imperceptible.

—Sí, pero escucha —continuó Lissa—. No todo está mal, ¿de acuerdo? Esto significa que tendrás una remodelación total. Todo a mi cuenta. Totalmente gratis y un televisor nuevo.

—Mi… TV…

—Las cosas se ven mal, pero mira el lado bueno —Lissa se acercó al gran agujero que había entre su apartamento y el de los vecinos—. ¡Tienes una nueva ventana donde puedes ver a tus vecinos!

—Yo no… —Alan sacudió la cabeza. Esperaba que todo esto fuera una pesadilla—. ¡¿Por qué yo querría una ventana para ver a mis vecinos?!

—¡Entonces tengo mejores noticias! —exclamó Lissa e hizo un ademán para tocar el hombro de su amigo, sin embargo, recordó que con solo tocarla iban a recibir terribles pinchazos—. Ellos tampoco quieren la ventana.

Alan giró su cabeza lentamente observando a su nueva compañera de cuarto.

—Hay que pagar para repararlo —murmuró Lissa y sonrió de oreja a oreja mostrando ambos pulgares.

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—De verdad lo siento —murmuró Lissa.

Alan había traído comida para la casa, sin embargo, al ver el desastre que había ocurrido en su apartamento, la lanzó contra el suelo al igual que unos bocadillos. Después de haber barrido, Lissa decidió invitarlo a almorzar comida china.

—Vamos a hacer una lista, ¿quieres? —comentó Alan y alzó su mano, extendió su índice—. Uno, haces que la policía nos persiga —alzó su dedo del medio—. Dos, haces un desastre en mi apartamento —alzó su dedo anular—. Tres, decides traerme a comer comida china sabiendo que me provoca gases.

—Pero lo pago yo, totalmente todo a mi cuenta, absolutamente todo.

Lissa extrajo de los vaqueros que Alan le había prestado un teléfono celular.

—¿De dónde sacaste ese teléfono? —preguntó él.

—Lo compré mientras estabas fuera, al igual que esta camisa y un par de prendas más —respondió Lissa sin apartar la mirada de la pantalla—. Pero tranquilo, cuando me vaya te lo daré a ti. No lo uso mucho, siempre cambio de marca.

—Bien, solo quiero que me digas ¿cuándo vamos a ordenar mi apartamento? Está hecho un desastre y no quiero recibir demandas.

—Las demandas van hacia mi persona también, tranquilo —asintió Lissa—. De verdad estoy muy apenada por lo que ha pasado, y sé que he traído destrucción a tu vida, debes de odiarme por estar siquiera aquí, y de verdad…

—No es tu culpa —Alan se cruzó de brazos a la vez que bajaba la mirada—. Fue Scorpion, te liberó y me dejó a cargo de ti. Quizás sabría lo que venía después de esto.

—Sigo pensando que quizás fue un error, ella fue manipulada o algo, alguien tan joven no es capaz de ser tan…

—¿Meticuloso?

—Exacto —Lissa continuaba tecleando en su teléfono nuevo.

Una camarera se acercó a su mesa y dejó frente a ellos dos platos de tallarines, acompañados de arroz chino y chop suey, además de un par de gaseosas. Se retiró después de que ambos tomaran sus platos y los tenedores de plástico.

El aroma proveniente de la cocina impregnaba el aire. Era intenso, pero no llegaba a resultar desagradable. Las paredes del restaurante eran blancas, decoradas con algunas líneas rojas en la parte superior. Del techo pendían lámparas esféricas del mismo color, bañando el recinto con una luz cálida.

Las ventanas estaban cubiertas por persianas de color vino tinto con bordes dorados, lo que mantenía el interior ligeramente oscuro y le daba al lugar un ambiente más íntimo.

Las mesas estaban distribuidas por todo el salón y casi todas se encontraban ocupadas. El restaurante era bastante conocido. Había pocos establecimientos de comida china en Acrisea y aquel era considerado el mejor de la ciudad. Eso también lo convertía en uno de los más costosos.




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