Mid [#2 Aberrantes]

Capítulo 34 - KKK de Aberrantes

—Los dos estamos igual —respondió Alan con perspicaz miedo—. Ambos estamos enamorados de personas que solo nos verán como amigos.

—Eso es mentira —replicó Lissa—. He visto cómo Twyla reacciona cuando te ve y su cara cambia totalmente.

—¿Qué? —ahora eran las mejillas de Alan las que estaban rojizas—, ¿Lo dices de verdad?

—Escucha, no tenemos mucho tiempo —recalcó Lissa y bajó la voz, se acercó más a la mesa para ser únicamente escuchada por Alan. Él se acercó de igual forma—. Ya estamos terminando nuestros platos. ConAbe vendrá por nosotros y lo sabemos.

—¿Qué tiene que ver la comida con esto? —preguntó Alan frunciendo el ceño.

—Yo pagaré la cuenta con mi tarjeta de débito ¿Sabes lo que significa?

—¿Que gastarás dinero? —Alan colocó los ojos en blanco.

—Además de eso. Esta es la única cuenta en el mundo que repentinamente tiene varios ceros en la cuenta y cuando decido gastar, vuelve a estar en el mismo número.

—Manipulas tu cuenta bancaria. Pero, espera, ¿eso no es robar?

—No, es solo agregar unos ceros de más. Concéntrate. Necesito saber qué tan rápido eres.

—¿Es en serio una pregunta? Soy tan rápido que las cámaras no logran verme. La gente no logra verme cuando corro de un lado a otro.

—Te creo, porque voy a necesitar que corras como si la misma muerte estuviera persiguiéndote, pero cuando termine de pagar la cuenta.

—De acuerdo, ¿puedo saber por qué?

—Porque las tarjetas tienen chip, y esta tarjeta en específico que tiene mi nombre estará rastreada en vivo y en directo. Como te dije, es la única cuenta que es manipulada de una manera muy abrupta. Los guiará hasta acá y vendrá un grupo de personas. Lo sé, lo he visto.

—De acuerdo, tengo miedo, pero está bien.

—Bien.

Lissa se levantó de la silla y de su cartera fue extrayendo la tarjeta. Saludó cordialmente a la cajera y le entregó la tarjeta con una sonrisa afable. Vio sobre su hombro a Alan mientras la chica continuaba realizando la transacción.

Alan comenzó a levantarse de su asiento. Sus nervios estaban a flor de piel, desde el momento en que habían colocado la tarjeta ya la estaban rastreando. Era demasiada emoción para un hombre que solo lleva a los Aberrantes rebeldes a la prisión sin ser visto.

La cajera le entregó la tarjeta de débito a Lissa y ella caminó a grandes zancadas a la mesa en la que se encontraban ambos.

—Corre —susurró Lissa.

Antes de siquiera llegar hasta la puerta, Alan había corrido a la velocidad de un parpadeo y Lissa se había desfigurado en un rayo atravesando las calles de Andron evitando dar contra los peatones.

Se alejaron del restaurante unas cuantas cuadras hasta llegar a una calle no transitada, en un barrio en medio de dos edificios donde botaba la basura y vivían los animales vagabundos. El olor a basura provocó que Lissa hiciera una mueca una vez que fue convertida en una mujer.

Ya no era Lissa. Portaba su traje negro y su cabello celeste recogida en una cola de caballo. Al igual que Alan, ahora era Andron quien estaba en su lugar. Era un traje negro y usaba un antifaz de igual color. No tenía nada en especial, parecía un niño que decidió comprar unas mayas ajustadas y una máscara en una piñatería.

—Te haré un mejor traje —señaló Blue Velvet señalando sus prendas.

Andron rodó los ojos a su vez que lanzaba su bolso detrás de un basurero. Blue Velvet supuso que allí era donde se encontraba sus mudas de civil.

Se escucharon sirenas en la autopista dirigiéndose a la cafetería, al igual que una fila de camionetas negras con vidrios ahumados. Andron las reconoció enseguida. Ambos seguían ocultos en la calle estrecha donde no circulaba ni un alma.

El sol estaba en su mayor punto, debía ser mediodía.

—Conozco esos autos —habló Andron—. Estaban en ConAbe.

—Obviamente, son de ConAbe —sentenció Blue Velvet abriendo los ojos como platos viendo desde la esquina como los autos giraban a la izquierda y se alejaban.

—Es que dentro de ellos había una mujer robusta y alta.

—¿De cabello amarillo y una mirada que pareciera que fuera a matarte de una sola bofetada? —Blue Velvet vio a su compañero a los ojos.

—Sí —asintió—. Ella misma.

—La conozco —Blue Velvet se adentró más al callejón con Andron a sus espaldas siguiéndole los talones—. Se llama Roswell Nova. Es la maldita directora de este KKK de Aberrantes.

—¿Cómo la conoces? —Andron caminaba mirando a sus espaldas con desdén. Temía que una de las fuerzas armadas estuviera encubriendo cada cuadra.

—Ella me ha querido encerrar allí desde que sabe de mi existencia, solo para mantenerme en su grupo de personas que…

Ambos estaban a punto de cruzar el umbral cuando Andron escuchó un sonido agudo y repentino que lo hizo estremecerse.

El mundo se transformó en una película a cámara lenta.

Solo él podía percibirlo así.




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