—Tenemos que hablar con respecto a tu vestimenta —habló ella.
—No hay nada de malo en cómo me visto —reprochó Alan.
—No, para nada, solo que pareces un nerd que no sale de su casa y le gusta ver anime en sus tardes libres.
—¿Tiene algo de malo que me guste el anime? —preguntó Alan a su vez que tocaba la puerta.
—Oye, me encanta que veas anime —Lissa se apartó de la pared para obligarse a sí misma a sentirse bien—. No me gusta que te obsesiones por niñas en traje de baño que podrían ser menores de edad.
—¡Oye!
Enrique abrió la puerta y colocó los ojos como platos al ver a su mejor amigo sano y salvo.
—Alan —exclamó Enrique y lo abrazó con fuerza. Alan le devolvió el abrazo con una sonrisa afable.
—Me alegra que estés bien —dijo el chico y volvió la mirada hacia la pequeña chica que estaba a su lado—. ¿Quién es ella?
Enrique se apartó viendo a la nueva chica de pies a cabeza. Su mirada estaba más concentrada en sus piernas y en su cabello tan original que en cualquier otra cosa. Lissa no dijo nada, se mantenía de pie con los ojos como platos.
Era donde menos quería estar porque sabía que ocurriría exactamente esto.
—Ella es mi amiga —dijo Alan alzando ambas cejas en dirección a Lissa—. La conocí en League of Legends.
Lissa lo estaba asesinando con la mirada.
—Es hermosa y es una chica gamer —comentó Enrique y tomó la mano de Lissa—. Es un placer conocer a esta belleza, a esta diosa.
Antes de que Enrique lograra besar su mano, Lissa la apartó de un jalón. Tragó saliva.
Ya empezaba a sentirse mejor, no se sentía tan agotada como hacía unos segundos.
—Pero no hay tiempo para eso, Enrique —Alan tomó a su mejor amigo por los hombros—, necesitamos tu ayuda.
—Sí, sí, claro —asintió el chico y pasó su mano por sus cabellos castaños oscuros—. Pasen.
Los dos pasaron por la puerta.
Enrique cerró la puerta detrás de ellos.
—De acuerdo —murmuró Enrique y se acercó a la cocina—, les traeré un poco de agua.
El apartamento de Enrique era cómodo y humilde. Las paredes estaban pintadas de blanco y tenía un gran ventanal que revelaba todo lo que sucedía en la ciudad. Podían ver como el cielo era gris y como el humo comenzaba a disiparse. Detrás de la ventana había pequeñas plantas decorando el lugar.
El lugar era pequeño, pero impecable. Para ser una persona como Enrique, el espacio estaba muy limpio y acogedor. Solo pensaba en que quizás era más limpio de lo que aparentaba o vivía con su madre.
—No debimos haber venido para acá —murmuró Lissa viendo cómo Enrique desaparecía en la cocina.
—Es el mejor escondite que hay —respondió Alan y corrió hasta llegar a la ventana.
Observaba lo que había sucedido, como las personas comenzaban a salir de sus escondites con pavor. Lissa se acercó a su amigo.
—Sé que es tu mejor amigo y todo —respondió ella y vio sobre su hombro como Enrique estaba a punto de terminar de llenar su vaso con agua—, pero no puedo confiar en alguien que coge la misma cantidad que parpadea en un día.
—Es un hombre normal.
—Un hombre que posiblemente tenga ETS. Me imagino que esas paredes están pintadas de blanco por una razón.
—No, por favor, no —Alan cerró los ojos tratando de borrar ese oscuro pensamiento.
—Aquí les traje agua —interrumpió Enrique y les entregó a ambos un vaso de agua.
—Gracias —respondieron ambos con una sonrisa tomando sus respectivos vasos.
—¿Qué los trae aquí? —preguntó Enrique y tomó asiento en la silla individual mientras señalaba los sofás frente a él.
—Bueno, Enrique, ya sabes que yo soy Andron. Y… sí, no te preocupes, Lissa también lo sabe —intervino Alan al notar la cara de sorpresa de Enrique al ver a Lissa—. Estamos aquí porque mi casa debe de estar plagada de policías —Lissa y Alan tomaron asiento en el sofá de tres puestos—. No sabemos a dónde ir, necesitamos de tu ayuda. Que nos refugiemos aquí por un momento.
—Sin contar con que su apartamento está hecho ruinas —respondió Lissa, cruzándose de brazos y piernas.
—¡Oh, por Dios! —exclamó Enrique con las cejas levantadas.
—No es por eso —intervino Lissa alzando ambas manos—. ¡No lo es! Lo digo literalmente. Una chica entró en su departamento y destruyó absolutamente todo.
—Bien —asintió Enrique.
—¿Por qué destruir mi apartamento significa eso? —preguntó Alan.
—Mi habitación es un desastre, ¿quieres ver a qué me refiero?
—¡No! —exclamaron ambos alarmados.
—Escucha, tengo que encontrar a Scorpion, no sé dónde estará, pero ella fue la que planeó todo esto.
—¿Ella creó todo esto? —preguntó Enrique.
—En parte, ella quiso que todo esto pasara. Creó este campo de batalla, hizo que ConAbe se alarmara en esta ciudad.
#38547 en Otros
#5823 en Acción
#29906 en Fantasía
#11093 en Personajes sobrenaturales
Editado: 28.08.2026