—Estoy bien —aseguró Lissa y colocó el vaso encima de la mesa—, de verdad. Solo algo mareada. Me tengo que acostumbrar a que no siempre voy a tener estos… ¿Poderes?
Después de haberse puesto la falda y la camiseta negra volvió a la sala con los chicos.
—Pero siempre los vas a tener —dijo Twyla—. Eres una Aberrante.
—De hecho, no —negó Lissa—. No soy una Aberrante de nacimiento, pero no te puedo contar esta historia porque sería algo muy largo y no tendríamos tiempo.
—En ese caso tienes que descansar —dijo Alan.
—Repito, no hay tiempo —respondió Lissa ceñuda—. ConAbe nos encontrará dentro de poco, hay que buscar un lugar donde escondernos.
—Entonces estás con Andron —recordó Twyla—. Tú y Andron están juntos en esto.
—Eres muy curiosa.
—¿Y qué hay de chicos curiosos? —intervino Enrique.
El olor a alimento volvió a la habitación con más intensidad, dando a entender que estaba preparando más comida en el microondas.
—Ahora no estoy en busca de chicos —negó Lissa con la cabeza.
—Puedo demostrarte lo contrario si me dejas invitarte a salir.
—No, gracias, tengo clase —Lissa tomó otro pedazo de pizza y comenzó a masticar.
—No sabía que tenías clases en las noches, o que fueras a la universidad.
—No me has entendido —habló con la boca llena.
—Diablos, te quemó totalmente —terció Twyla con una sonrisa llena de sorpresa.
—Entonces, ¿le vas al otro bando? —preguntó Enrique.
—A ninguno, de hecho —continuó Lissa y tragó su pedazo para poder tomar otro.
—¿Eres asexual? —se sumó Alan a la conversación.
—Solamente me siento atraída por Milla Jovovich, no diré más nada al respecto.
—No tengo nada que refutar contra eso —admitió Enrique.
—¿Podemos enfocarnos en lo que está pasando ahora, por favor? —pidió Twyla.
—Tiene razón —asintió Lissa. Comenzaba a sentirse mejor. No era la misma chica enérgica, sin embargo, podía vivir con la cantidad de energía promedio de una persona no Aberrante—. Hay que pensar en qué vamos a hacer.
—Pensé que el solo quedarse aquí ya era un resguardo —dijo Enrique.
—Es un resguardo, sí, pero no es un búnker —Lissa no paraba de comer. Admitía que la comida estaba deliciosa a pesar de ser un alimento basado en solo queso, jamón, orégano y pan árabe—. Estamos hablando de un grupo de las fuerzas armadas, una tropa de Aberrantes entrenados para atacar en equipo para evitar fallar porque saben que su vida depende de eso.
—¡¿Qué?! —preguntó Twyla enajenada.
—¿Cómo sabes todo eso? —preguntó Alan.
—El día que salí de ConAbe con ayuda… de Andron. Allí investigué los documentos de ConAbe y descubrí que tenían un grupo conformado por Aberrantes recluidos. Los usan en contra de su voluntad para realizar los trabajos que ellos no pueden.
—Eso suena horrible —murmuró Twyla.
—Lo es —asintió—, y tienes que ver lo que usan contra ellos. Es peor, mucho peor —dijo Lissa con una expresión de risa en sus ojos, pero sus labios se veían crueles.
Twyla pensaba en cómo algo tan cruel le podía dar gracia a ella.
—Pero ya no funciona nada que esté operando con electricidad, ¿no? —habló Alan levantándose del sofá.
—Eso es verdad y con más razón —Lissa apartaba su pizza, pero el queso estaba tan derretido que le costaba cortarlo en el aire sin crear un desastre—, si no hay una cuerda que detenga estos perros salvajes, entonces harán lo que sea para salir.
—Si es como dices —continuó Twyla—, que ConAbe los tiene contra su voluntad, ellos deben estar preparados para este tipo de ocasiones, independientemente de esta situación, ellos harán que los miembros de su extraño grupo vuelvan.
—No lo sé —intervino Enrique—. No creo que estas fuerzas especiales sean una clase de sociedad omnipotente, todos tienen sus fallas, cualquiera puede tener una bala perdida sin necesidad de tener todo planeado.
—Sí, tienes razón —asintió Lissa y se puso de pie—. Por eso creo que deberías quedarte aquí mientras que Alan y yo sacamos la nueva pizza del horno microondas —Lissa tomó la muñeca de Alan y Twyla lo había notado.
—¿Qué? —preguntó Alan.
Lissa había hablado tan rápido que las palabras aún no significaban nada en su mente, cuando tomó su muñeca se distrajo incluso un poco más. No porque sintiera algo, sino por el hecho de sentirse incómodo, sin contar con que no quería que estas imágenes permanecieran en la cabeza de Twyla.
—Vamos —murmuró Lissa.
Lo jaló apartándose de la sala y dirigiéndose a la cocina. Ambos podían sentir las miradas siguiéndolos en sus espaldas.
Una vez que Lissa soltó su agarre, Alan se mantuvo en medio de la cocina sin entender qué era lo que había ocurrido. Vio cómo Lissa abría la puerta de cristal del microondas y extraía el plato redondo con el pan árabe encima. El olor se intensificó.
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Editado: 10.09.2026