Lissa estaba en brazos de Andron y apoyaba sus manos en el hombro de su compañero. Hacía calor, demasiado calor, ¿por qué hacía tanto calor? Abrió los ojos y notó cómo estaban en un desierto, pues no había nada más que el sol ardiendo por encima de sus cabezas sin señal de alguna nube, no había edificios, ni casas, ni siquiera chozas, estaba baldío. Atiborrado de arena sin una señal de una autopista en kilómetros.
Lissa bajó de sus brazos sin comprender por qué de todos los lugares donde pudieron haber ido esta fue su primera opción. Vio las espaldas de Andron y notó cómo Twyla estaba sentada en la arena sin decir ninguna palabra, dándoles la espalda, estaba más que expresado que no quería hablar.
A su lado estaba Enrique, con ambas manos en su cintura, tratando de ver más allá de los montones de arena.
—¿El desierto? —preguntó Lissa viendo sus pies chamuscados de arena.
—De hecho, es Nevada —Andron se cruzó de brazos. No parecía muy contento con su decisión—. Cerca de Las Vegas, creo.
—Supongo que sí —asintió Lissa—. Bueno, peor es nada.
—Pero estamos literalmente en la nada —respondió Twyla levantándose del suelo. Limpió sus vaqueros con su mano—. Quiero irme a casa.
—Querida Twyla —comenzó Lissa y se acercó a la chica—, no podemos volver. La ciudad es un caos y será así hasta que hagamos algo, o yo pueda recargar energías para poder eliminar el campo.
—¿Entonces estaremos aquí por un largo tiempo? —preguntó Twyla alarmada.
—No tan largo —Lissa alzó su mano balanceándose, simulando ser una balanza que subía y bajaba—, como unas horas o minutos, más o menos.
—Esto es increíble. ¿Y ahora? —preguntó Twyla extendiendo sus brazos con ira—. Estaremos aquí porque segundos o terceros que conozcan a Andron, que resultas ser tú, están en una lista de muerte.
—Solo segundos, cariño —recalcó Lissa—, lo de terceros los inventamos.
—Genial —Twyla colocó los ojos en blanco—. Ahora por culpa de alguien estamos en un desierto sin hogar, sin saber dónde ir y siendo fugitivos.
—Para tu tren, Twyla —Lissa alzó su mano en señal de alto—, él no tuvo nada que ver, intentaba salvar a una persona, a mí. Yo fui quien desató esto. Una mujer intentaba entrar a ConAbe y ella me soltó, él fue un pez que picó la carnada. Sé que todo esto es mi culpa y de verdad lo siento, lo siento mucho —Lissa giró para ver al velocista de ojos índigos—. Lo siento mucho, de verdad.
Andron asintió con una sonrisa incauta. Se sentía cálida ante esas palabras, motivándolo a seguir quien era, ser un héroe.
—Pero no fue su culpa —negó Andron—. Yo la salvé, la saqué de ese lugar y la llevé a casa.
Twyla tragó saliva y asintió tan lento que no lograba notar la diferencia. Enrique sentía que estaba sobrando en ese lugar.
Lissa no podía apartar la mirada de su nuevo amigo. Estaba sonriendo y sintiendo la misma calidez y fuerza que él. Entre ambos se apoyaban, eran Aberrantes y los Aberrantes estaban con los otros hasta el final. Tenía la necesidad de tomar la mano de Andron y agradecerle por todo, pero podía sentir la mirada de Twyla sobre su nuca, y sentir el fuego que emanaba de su ira.
—Eres mi héroe favorito —respondió Twyla con voz cortante—. De verdad, eres increíble, pero ¿te has detenido a pensar en las personas que faltan? —Twyla extendió sus brazos señalando el desierto que los rodeaba—, somos tus amigos a quienes has mentido, sí, pero, ¿qué hay de tu madre, mi tío? —Twyla remarcó las últimas dos palabras colocando su dedo en su pecho con fuerza—. Las personas que han estado allí desde tu primer latido.
Andron tenía los ojos como platos. No sabía qué responder contra eso. De pronto le dio un salto a su corazón pensando en su madre, las personas que quería, alejadas de él. Todo por su maldito egoísmo.
—Tiene razón, Andron, tienes que ir por ellos —sentenció Lissa cruzándose de brazos.
—¿Creen que no pensé en ellos en primer lugar? —Andron estaba a la defensiva—. No quería ponerlos en riesgo, quería alejarlos de todo esto.
—Lamentablemente, eso es lo peor que puedes hacer —Lissa suspiró—, lo malo de hacer el bien es que el mal siempre te perseguirá. He estado en tu posición más veces de las que me gustaría admitir.
Andron cerró los ojos. Sentía ese pequeño nudo en la garganta que con el pasar del tiempo iba aumentando de presión. Ese dolor se intensificó y quería detenerlo. Sabía en qué problema se había metido, pero no pensó que fuera tan difícil. Ya lo había dicho antes. Usualmente él solo corre y toma a las personas tras las rejas, es todo. No sabía que tenía que lidiar con esta catástrofe.
—Yo solo quería ayudar a las personas —murmuró—, demostrarles que lo que piensan de nosotros es erróneo, que mi padre nunca fue un terrorista. Él era un buen hombre.
Twyla liberó sus brazos al escuchar esas palabras, como una lágrima recorría su mejilla mientras luchaba porque su rostro continuara sólido como una piedra. Estaba el dolor y podía sentirlo. Se acercó a su amigo de la infancia en grandes zancadas, sin importarle que todas las miradas se fijaran en solamente ellos dos.
—Tú eres un buen hombre, Andron —Twyla colocó su mano en su mejilla, mientras que con su pulgar limpiaba la lágrima que caía—, estúpido y no pensante —Andron abrió sus ojos. Twyla vio esos ojos grises cristalizados—, pero eres un buen hombre.
#38688 en Otros
#5846 en Acción
#30046 en Fantasía
#11138 en Personajes sobrenaturales
Editado: 10.09.2026