Mid [#2 Aberrantes]

Capítulo 49 - Quiero que digas mi nombre

Lissa la reconoció.

No conocía su rostro, pero aquella máscara blanca era imposible de olvidar. Era la misma mujer que había aparecido en las grabaciones de aquel día, la que había estado junto a Darrin. La había visto devolverle la vida después de que todos lo creyeran muerto.

Desde entonces, Lissa había asociado aquella figura con Pestrom. No sabía qué papel había desempeñado realmente ni qué relación tenía con todo lo ocurrido, pero había algo en su presencia que le resultaba imposible ignorar.

Y ahora estaba allí.

Frente a ella.

Por primera vez.

Cara a cara.

—Entonces sabes quién soy —dijo la mujer.

Su voz era completamente neutral. No había desprecio, diversión ni curiosidad. Su máscara tampoco revelaba nada. Solo aquellos ojos y la delgada línea roja que ocupaba el lugar de su boca.

Lissa mantuvo la mirada fija en ella.

—Sé lo que hiciste en Pestrom.

La mujer inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Eso es todo?

Lissa frunció el ceño.

—Te vi en las grabaciones. Tú fuiste quien devolvió a Darrin a la vida.

La mujer no respondió inmediatamente. En cambio, giró la cabeza hacia Scorpion.

—Scorpion.

No necesitó decir nada más. Scorpion se acercó y tomó asiento en la mesa de madera que sostenía una lámpara.

—Si ella te toca, mueres —continuó la mujer—. Su cuerpo está compuesto por toxinas.

Lissa observó a Scorpion con cautela. Aquello explicaba por qué no se había acercado todavía. Sin sus poderes, un contacto directo podía ser suficiente para matarla.

Habían pensado en todo.

—Así que tú eres la que está detrás de esto —dijo Lissa.

—No exactamente.

La mujer caminó lentamente hacia Twyla.

—Yo las ayudé. Ellas tenían un plan ambicioso y querían que me uniera. Solo les di las instrucciones necesarias para llevarlo a cabo.

—Aléjate de ella.

La mujer ignoró la advertencia.

Se inclinó frente a Twyla y levantó una mano enguantada. Sus dedos recorrieron lentamente el rostro de la joven. Twyla intentó apartarse, pero se quedó paralizada cuando las uñas atravesaron ligeramente el tejido de los guantes y rozaron su piel.

—No la toques —repitió Lissa.

La mujer tomó el rostro de Twyla entre los dedos.

Una lágrima descendió por la mejilla de la joven.

—Qué curioso —murmuró—. Sigues preocupándote por los demás antes que por ti misma.

Lissa sintió un escalofrío.

—¿Qué sabes de mí?

La mujer volvió lentamente la cabeza hacia ella.

—Más de lo que imaginas.

Lissa apretó los puños.

—¿Quién eres?

Por primera vez, la mujer pareció disfrutar de la pregunta.

—Eso es lo que quieres saber, ¿verdad?

Lissa no respondió.

—Has pasado mucho tiempo intentando descubrir quién estaba detrás de todo esto. Has seguido pistas, has buscado nombres y has intentado unir cada pieza.

La mujer hizo una pausa.

—Pero nunca encontraste el mío.

Lissa sintió que la rabia comenzaba a apoderarse de ella.

—Hiciste que ConAbe viniera por nosotros. Manipulaste todo desde las sombras. Hiciste que Scorpion me sacara de aquella prisión para que Roswell pudiera continuar con sus planes. Querías quitarme mis poderes.

La mujer permaneció en silencio.

—Y lo conseguiste —continuó Lissa—. Ganaste.

—Todavía no.

La respuesta fue tan tranquila que Lissa sintió un escalofrío.

La mujer soltó lentamente el rostro de Twyla.

—Quiero que digas mi nombre.

Lissa se quedó inmóvil.

—No lo sé.

—Lo sé.

La mujer se acercó un paso.

—Por eso quiero escucharlo de ti.

Lissa entrecerró los ojos.

—¿Por qué?

—Porque quiero saber si, después de todo esto, mi nombre consiguió quedarse contigo.

Lissa tragó saliva.

La mujer estaba frente a ella, pero seguía siendo un misterio. Una máscara blanca. Una voz tranquila. Una figura que había aparecido en Pestrom y que ahora parecía conocer detalles de su vida que jamás le había contado.

—Dime tu nombre —exigió Lissa.

La mujer permaneció inmóvil.

—No.

—¿Entonces qué quieres?




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