Veía el techo con la esperanza de que se creara otro portal, sin embargo, su mirada se desvió hasta el bombillo. La única luz en la habitación. Podía notar cómo era un cuadrilátero de cemento, no estaba frisado o pintado, era una zona cerrada con únicamente un bombillo iluminando el suelo.
No estaban en Acrisea. La luz funcionaba.
Sus ojos se iluminaron de la hermosa respuesta que se hallaba ante sus ojos.
—¿Tienen sus teléfonos? —preguntó Lissa.
Todos en la habitación intercambiaron miradas. La primera en entregar su teléfono fue Twyla.
—¿Para qué? —preguntó ella.
—La luz —Lissa caminó a largas zancadas y tomó el teléfono de Twyla.
La pantalla logró encender al igual que varias chispas de electricidad salpicando del teléfono hasta la mano de Lissa. La pantalla volvió a disiparse y fue Enrique quien se acercó con su teléfono en mano. Lissa lo volvió a tomar y más chispas volvieron a emerger de él envolviendo sus manos delgadas y pálidas.
—Dale el teléfono, tío —ordenó Twyla—, ella sabe lo que hace.
Lissa le intercambió una pequeña sonrisa y tomó el teléfono de Shawn Brown. Melissa hizo lo mismo sin entender qué estaba sucediendo.
A Lissa dejó de dolerle la cabeza, se sentía de maravilla. Estaba en éxtasis, volvía a sentir su estado de ánimo, a tope. Era como haber tomado tres litros de Red Bull.
La aurora azul hizo presencia, envolviendo su cuerpo nuevamente como una vieja amiga. No había pasado ni un día y ya extrañaba sus poderes. La luz era más potente que la luminosidad de la pequeña lámpara.
Toda la habitación era azul por un momento, hasta que esta se extinguió, dejando a la vista a una Blue Velvet con una sonrisa enorme en su rostro.
Odiaba a Theodore, y siempre lo iba a odiar, pero ahora más que nada necesitaba sus dones.
—Dios, amo tu traje —Enrique veía la anatomía de Lissa tan descubierta. Sus piernas largas y pálidas eran hermosas, al igual que la parte trasera.
—Te voy a matar si sigues haciendo eso —señaló Blue Velvet.
—Lo siento —respondió Enrique, viéndola a sus ojos celestes.
—Después puedes golpearlo —intervino Twyla colocándose en medio de ambos—. Ahora tenemos que salir de aquí.
—Vendré dentro de poco, lo prometo —asintió Blue Velvet.
—Un abrazo de despedida —habló Enrique con los brazos extendidos.
Esta vez fue Shawn Brown quien tomó a Enrique por el hombro y negó su cabeza lentamente. Enrique lo veía con temor, estaba tiritando.
Blue Velvet se desfiguró en un rayo y atravesó la lámpara. Todos volvieron la mirada hacia ella, boquiabiertos, intentando comprender qué acababa de ocurrir. La electricidad se deslizó por los cables del edificio, recorriendo los conductos hasta alcanzar la superficie. Continuó avanzando hasta encontrar un interruptor. Un destello. Blue Velvet emergió de aquel pequeño interruptor y recuperó su forma humana.
Miró a su alrededor. No reconocía aquel lugar. El salón era enorme, lo suficiente como para ocupar una cuadra entera. La iluminación era tenue y, a través de los ventanales, podía distinguir la luna en lo alto del cielo junto con cientos de estrellas. Avanzó unos pasos. Había varias oficinas en uno de los extremos, protegidas por enormes vidrieras. Una hilera de cintas separaba el área principal y varias cámaras de seguridad se desplazaban lentamente, vigilando cada rincón del establecimiento. Entonces lo entendió. Estaba en un banco. Joder, era un puto banco.
Lo sabía por la distribución del lugar, por las oficinas protegidas detrás de los cristales y por aquella hilera perfectamente ordenada de cintas que delimitaba el acceso. Blue Velvet apoyó la espalda contra una pared, procurando mantenerse fuera del ángulo de las cámaras. Quizás ya la habían grabado. Probablemente sí. No tenía tiempo para preocuparse por eso. Extendió una mano hacia el interruptor del que había salido y las primeras chispas comenzaron a brotar entre sus dedos. La electricidad recorrió las paredes. Una cámara se apagó. Luego otra. Y otra más. En cuestión de segundos, todas quedaron completamente oscuras.
No era la solución más elegante, pero era la única que tenía. Necesitaba salir de allí, y rápido. Antes de que alguien la encontrara y la acusara de asaltar un banco o, peor aún, antes de perder demasiado tiempo mientras Andron y los demás seguían atrapados. Blue Velvet corrió hacia la entrada. Dos enormes puertas de cristal bloqueaban la salida. Se detuvo apenas un segundo para inspeccionar el exterior. Debería haber guardias. Siempre había guardias. Pero no había ninguno. Probablemente estaban en la parte trasera. No iba a desperdiciar la oportunidad.
Atravesó las puertas y volvió a transformarse. Su cuerpo se convirtió en electricidad y el rayo salió disparado hacia la calle. Atravesó una cuadra, luego otra y otra más. Necesitaba encontrar un lugar seguro, un sitio donde pudiera recuperar energía sin llamar demasiado la atención. Finalmente, una tienda apareció frente a ella. Blue Velvet emergió de una de las luces que colgaban sobre la entrada, recuperó su forma humana y miró a su alrededor. Nadie parecía haber notado su llegada. Un grupo de amigos pasó por la acera, riéndose y hablando demasiado alto, probablemente después de unas cuantas copas. Los semáforos continuaban funcionando y algunos vehículos recorrían las calles como si nada extraordinario hubiera ocurrido.
#38918 en Otros
#5888 en Acción
#30222 en Fantasía
#11192 en Personajes sobrenaturales
Editado: 08.10.2026