Andron comenzó a abrir los ojos. Sus párpados pesaban como si llevaran horas cerrados y, al intentar enfocar la mirada, todo comenzó a dar vueltas. Bajó los ojos y apenas logró distinguir su regazo. Intentó mover las piernas, pero algo tiró de su tobillo y detuvo el movimiento. Fue entonces cuando sintió el frío del metal contra su piel.
Estaba sentado en una silla.
El respaldo metálico se clavaba contra su nuca y sus manos estaban atrapadas detrás de él. Andron frunció el ceño. Todavía aturdido, levantó uno de sus brazos para pasarse una mano por el cabello, pero no consiguió moverlo más de unos centímetros.
Algo lo retenía. Bajó la mirada tanto como pudo. Sus muñecas estaban atadas. También sus tobillos.
Andron dejó escapar el aire lentamente mientras comenzaba a comprender dónde estaba y, sobre todo, que no podía moverse.
—¿Qué? —murmuró Andron y comenzó a mover sus dedos. Aún podía sentirlos. Comenzaba a sentir todo su cuerpo.
Comenzó a mover su brazo primero con lentitud y con pereza, luego con más premura hasta agitarse en su silla sin ningún resultado. El nudo estaba bien hecho y se ajustaba a su brazo.
—Mientras más te agites, más duele —habló un hombre al otro lado de la habitación.
Andron logró ver cómo una persona estaba reclinada en el marco de la puerta. Era un lugar pequeño, una habitación sin pintar que solo constaba de una mesa que dividía a dos sillas de por medio, un espejo en una de las paredes y la puerta a su costado. Sabía, en última instancia, que era una cámara de interrogatorio.
La persona se acercó a la única lámpara que iluminaba el lugar. Lo reconocía por sus cabellos dorados y su acento europeo. Debía ser alemán.
—¿Tú otra vez? —preguntó Andron aún moviéndose en su sitio.
Odiaba admitir que este hombre tenía razón. Comenzaba a sentir una irritación en sus muñecas sin contar con que comenzaban a tornarse carmesí.
—Y tú otra vez —el hombre tomó asiento en el asiento vacío—. De verdad eres difícil de alcanzar.
—Gracias —respondió Andron frunciendo el ceño, rebuscando en el lugar algo que lo ayudara a salir, pero era inútil. Había visto cómo funcionaba esta habitación.
—Escúchame, no quiero ser atrevido ni nada, pero siempre he pensado que los Aberrantes tienen la peor vida sexual.
—¿Qué? —Andron se quedó inmóvil.
—Sí, es decir, eres veloz —el hombre de cabellos dorados agitaba sus manos mientras hablaba—, eso quiere decir que bueno… tú sabes… es igual que los hombres de gran fuerza, deben de ser un gran problema con las chicas.
—¿Y por qué rayos quiero hablar de eso contigo? —respondió Andron.
—Por nada, pero ahora tengo tu atención —extendió su mano—, soy más conocido como Drücker. Mi verdadero nombre no te incumbe al igual que el tuyo.
Había entregado su mano en forma de burla. La bajó una vez que Andron continuó la charla.
—De eso estamos de acuerdo —Andron dejó caer sus hombros. No tenía salida y la única forma era entablar una conversación con este idiota.
No sentía su mascarilla cubriendo su rostro, pero sí podía ver que su traje continuaba intacto.
—De acuerdo, mira, me pagan por hora —Drücker continuaba agitando sus manos. Parecía pasado de copas; sin embargo, su aliento y su manera de hablar hacían pensar todo lo contrario—, no tengo problema en quedarme aquí sentado toda la noche si es preciso.
—¿Qué quieres?
—Que me digas dónde está tu amiga Blue.
—No puedo decirlo —Andron trataba de mostrar su cara dura; sin embargo, nunca había estado en esta posición, siendo el interrogado o siendo una víctima. Siempre estaba del otro lado.
—¿Quieres que te lo pida muchas veces? ¿No eres un niño fácil?
—No lo voy a decir —dijo, renuente.
—Bien —se encogió de hombros—, eso me da más dinero.
—¿Dónde está mi madre? —Las palabras emergieron antes de que pudiera detenerlas.
Drücker hizo una mueca y liberó una pequeña risa.
—Qué pesado eres, tío —Drücker pasó su mano por su cabello rubio.
A pesar de que la luz era opaca, Andron notó algunas imperfecciones en su rostro, pequeñas cicatrices en sus mejillas y diminutas marcas de granos en su frente. No era Aberrante por la forma en que su piel no sanaba tan rápido, además de sus imperfecciones. Eso no le quitaba lo guapo.
—¿Qué hago aquí? —preguntó Andron frunciendo el ceño.
—Ya te lo dije, queremos saber dónde está tu amiga —recalcó con desinterés. Estaba igual de cansado que él estando en esta habitación sombría.
La puerta se abrió dejando que un rayo de luz penetrara en la habitación. Andron parpadeó repetidas veces para poder ver con claridad. Inclusive Drücker cubrió sus ojos con su mano para no perder de vista al velocista. Una silueta apareció y se adentró al cuadrilátero.
Su simple presencia hizo que Andron se estremeciera.
La puerta se cerró de un portazo y una vez que golpeó contra el marco, las luces hicieron acto de presencia.
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Editado: 08.10.2026