La campana de la tienda tintineó anunciando la llegada de todos ellos.
El dueño de la tienda los chequeó, le parecía un poco chocante que un gran grupo de personas entraran a su negocio tan de repente.
Blue Velvet lo ignoró y se dirigió a la sección de hombres. Tenía el impulso de tomar a su amigo del brazo para que se diera prisa, sin embargo, una sensación muy incómoda recorría su mano, pero un cosquilleo muy incómodo recordando el dolor que le causaba su tacto.
—Elige una camisa, lo que sea —le ordenó Lissa tomando varias prendas de ropa, vio a sus amigos—, ustedes también por favor. La cuenta va para mí.
—Ni siquiera sabes si esa tarjeta tiene dinero —murmuró Alan a sus espaldas.
—Ya lo tiene —respondió Lissa y corrió hasta el siguiente perchero tomando ropas más femeninas.
—Agregarle ceros a una cuenta lo hace un robo —le recordó su amigo—, estás abonando dinero que no tienes.
Lissa rodó los ojos y volteó para encararlo.
—Sé que no, y sé lo que hago. Esto será rápido. Estamos en Francia, un país muy frío, no podemos dejarlos en pijamas y tú no puedes ir vestido así —murmuraba Lissa tratando de mantener su calma—. Y lo digo en serio, incluso si vas a ser lo que tú quieres ser.
Lissa se acercó a su grupo de amigos y tomó las prendas que querían llevar, incluso tomó un poco más porque no creía que fuera suficiente. Tomó zapatos, bolsos, maletas, pantalones de marca y unas camisetas muy hermosas tanto para ellos como para ellas.
Fue al cajero y lo pagó con la tarjeta. Transacción realizada con éxito. Lissa sonrió y esperó que envolvieran toda la montaña de prendas en las bolsas. Vio al grupo un poco confundido y manteniendo la calma. Hace unos minutos se estaban sofocando por la falta de aire en una habitación tan diminuta.
Lissa suspiró. No podía dejar de pensar que todo esto era su culpa.
Una vez que les entregaron las prendas, salieron de la tienda y justo había llegado el Uber. Cada quien tomó una bolsa y el coche continuó su camino.
—¿A dónde vamos ahora? —preguntó Alan en un extremo del coche.
En medio de ambos estaban Twyla con Enrique, Shawn a un costado y Lissa al otro extremo, Melissa iba en el asiento del copiloto para que no se sintiera sofocada.
—Estamos en París, quiero que pasen una experiencia extraordinaria —habló ella y notó cómo el conductor estaba un poco pasmado de que en su coche hubiera extranjeros.
—Después de lo que pasó, no sé si quiero unas vacaciones —respondió Shawn con su voz tan tosca de siempre.
Lissa rodó los ojos.
Cada vez que lo veía con Alan cuando lo espiaba, sabía que él era uno de esos hombres de los cuales no quería estar cerca. Su personalidad era muy repelente a la suya.
—Quizás es lo que necesitamos ahora, Shawn —Lissa alzó ambas cejas.
—No lo creo, en serio.
—Escuchen, tienen ropa nueva —incitó Lissa—, hablaremos de esto en el hotel.
—¿Hotel? —exclamó Twyla.
—Es el mejor hotel de París, cariño —se deleitó Lissa con una enorme sonrisa de oreja a oreja—. cinco estrellas con piscina, gimnasio, enormes habitaciones. De lo mejor.
—¿Cómo puedes ser tan… indiferente? —preguntó Twyla.
Lissa se limitó a encogerse de hombros. No quería tener que explicarles todo lo que había sucedido con su creador y cómo ella no es una Aberrante.
—Tenemos que volver a casa —sentenció Shawn.
—Señor Shawn —habló Lissa y respiró hondo. Esperaba que el conductor no hablara español—, con todo respeto no podemos volver a Acrisea. Acrisea es un desastre ahora mismo y más si volvemos, Alan y yo…
—Ella creó el pulso electromagnético —murmuró Alan cabizbajo—, y yo entré a las instalaciones de ConAbe.
—Nos quieren encadenados o muertos —continuó Lissa—. No tenemos problema en volver, pero tenemos que mantenerlos a salvo. Ya vio las repercusiones. Por nosotros… por mí están en este alboroto, casi mueren en ese cuarto.
—Lo siento, mamá —murmuró Alan.
—No fue tu culpa —respondió Lissa—, fue Scorpion.
Shawn Brown pasó ambas manos por su rostro hasta dar contra su cabeza peinando sus cabellos castaños.
—Me va a dar una jaqueca —contestó—. Alan es un Aberrante, es el velocista, hay una Scorpion en esta historia y mi sobrina fue raptada por una mujer enmascarada sin nombre.
Lissa tomó aire.
Admitía que le hacía sentir incómoda no saber nada sobre esa mujer enmascarada, y ella sabía la identidad de Lissa.
—Lo siento mucho —continuó—, pero hasta ahora Europa es la zona más segura que tenemos. América tomará tiempo en hablar con las Naciones Unidas, para que tomen represalias y contacten al comando militar, que alguno de ellos hable con las policías internacionales para que lleguen a los nacionales y luego regionales. Es un proceso largo, así que espero que tomen todo el tiempo del mundo.
—No entendí nada, pero vale —asintió Enrique—, nos quedamos.
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Editado: 08.10.2026