Un hombre delgado y de apariencia mugrienta apareció al final del corredor. Su ropa estaba cubierta de manchas y su cabello parecía no haber conocido un peine en años. No esperaba encontrar a una mujer allí. Frunció el ceño y extendió ambos brazos.
Algo comenzó a moverse a su alrededor.
Primero fueron unas cuantas arañas que descendieron por sus hombros. Después aparecieron gusanos, escarabajos y una cantidad cada vez mayor de insectos que se arrastraban entre sus ropas y salían de ellas como si su propio cuerpo fuera un nido. La oscuridad impedía distinguirlos a todos, pero eran suficientes para cubrir el suelo y las paredes.
Deanna no retrocedió.
Apretó el cuchillo entre los dedos.
El hombre sonrió.
Los insectos comenzaron a avanzar.
Algunos caminaron por el suelo. Otros treparon por las paredes y varios extendieron sus alas para atravesar el corredor. El hombre esperaba verla huir despavorida, pero Deanna hizo exactamente lo contrario.
Corrió hacia ellos.
Su cuchillo comenzó a moverse.
Una araña cayó partida en dos. Después otra. Un escarabajo perdió las alas antes siquiera de acercarse a ella. Deanna giraba, se agachaba y cambiaba de dirección con una precisión casi absurda. Cada movimiento era limpio, calculado, sin desperdiciar un solo gesto. Los insectos apenas lograban rozarla antes de terminar muertos en el suelo.
La oscuridad jugaba a su favor.
Los demás no podían seguir sus movimientos.
Detrás del hombre insecto, varios vagabundos y Aberrantes observaban la escena. Algunos comenzaron a retroceder. Otros permanecieron en sus posiciones, convencidos de que aquella mujer terminaría siendo vencida por la cantidad.
Deanna dio un salto.
Durante un instante, su cuerpo quedó suspendido en el aire.
Lanzó el cuchillo.
El arma atravesó el corredor y se hundió directamente en la frente del hombre insecto.
El cuerpo cayó hacia atrás como un tronco recién cortado.
Deanna aterrizó sobre el suelo con la suavidad de un gato.
Nadie habló.
Algunos de los presentes decidieron que ya habían visto suficiente. Se dieron la vuelta y comenzaron a bajar las escaleras a toda velocidad, empujándose entre ellos para escapar.
Pero otros permanecieron.
Una mujer dio un paso al frente. Sus ojos comenzaron a brillar. Rojo.
Un carmesí intenso que iluminó parte del corredor.
Deanna la observó durante apenas un segundo.
No sabía qué podía hacer. Tampoco le interesaba averiguarlo.
Corrió hacia ella.
La mujer apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que el cuchillo atravesara su garganta.
La sangre brotó de inmediato y salpicó la máscara blanca de Deanna.
La mujer cayó.
Un grito resonó detrás de ella.
Un hombre apareció empuñando una pequeña navaja y se lanzó contra Deanna. Ella se apartó con facilidad, dejando que el ataque pasara frente a su cuerpo. Se agachó y recogió el cuchillo que todavía permanecía clavado en la frente del hombre insecto.
Se incorporó.
El hombre volvió a atacar.
Deanna extendió el brazo.
El cuchillo se hundió entre sus costillas.
El hombre perdió la fuerza y cayó de rodillas antes de desplomarse junto a los demás.
Deanna retiró el arma y miró alrededor.
Ya casi no quedaba nadie.
Solo una.
Una niña.
Estaba acorralada contra la pared, con los ojos completamente abiertos y las lágrimas acumulándose en ellos. Parecía contener el llanto con todas sus fuerzas mientras observaba a Deanna acercarse.
Deanna se detuvo.
La niña no tenía dónde escapar.
Por unos segundos, ninguna de las dos hizo nada.
Entonces Deanna bajó lentamente el cuchillo.
Se alejó.
Dejó los tres cuerpos atrás y dirigió la mirada hacia las escaleras.
No quedaba ningún Aberrante.
Solo podía escuchar los gritos alejándose y el estruendo de los pasos apresurados de quienes huían.
Deanna volvió la mirada hacia el corredor.
Los insectos que habían cubierto el suelo estaban muertos.
Arañas, gusanos, escarabajos y criaturas que ni siquiera había logrado distinguir en la oscuridad yacían inmóviles alrededor de sus pies. Poco a poco, sus cuerpos comenzaron a deshacerse hasta convertirse en pequeñas partículas que se mezclaron con el polvo.
Deanna contempló el suelo durante unos segundos.
Después continuó caminando.
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Editado: 08.10.2026