Scorpion y Shaper salieron del edificio. Desde allí arriba, la ciudad parecía un desastre, pero de cerca era mucho peor. Las calles estaban cubiertas de basura, vidrios y restos de vehículos, mientras decenas de personas corrían en todas direcciones intentando alejarse de los Aberrantes. Algunos llevaban maletas en las manos, otros cargaban bolsas con lo poco que habían conseguido rescatar de sus hogares. Caminaban sin un destino claro, buscando cualquier lugar que pudiera considerarse seguro, si es que todavía quedaba alguno.
A ninguna de las dos les gustaba lo que estaban viendo.
Era un caos.
Las personas gritaban mientras corrían. Los Aberrantes también gritaban, pero por motivos diferentes. Algunos utilizaban sus voces para llamar la atención, señalar a una posible víctima o advertir a los demás de que alguien estaba cerca. Otros simplemente aprovechaban la confusión para entrar en tiendas, romper escaparates y robar todo lo que encontraban. La ciudad había dejado de pertenecer a alguien. Ahora era territorio de cualquiera que pudiera sobrevivir en ella.
La basura ardía en medio de las calles y aquellas llamas se habían convertido en la única fuente de luz en varios sectores. Los edificios permanecían completamente oscuros y las farolas no emitían un solo destello. No había señales de que la electricidad fuera a regresar pronto, aunque ninguna de las dos podía saberlo con certeza. La televisión estaba apagada. Los teléfonos habían muerto. No había forma de comunicarse con nadie ni de saber qué estaba ocurriendo más allá de aquellas calles.
Scorpion se cubrió la boca con una mano.
Sus ojos recorrían cada rincón con una mezcla de horror e incredulidad. Había visto ciudades destruidas antes, pero aquello era diferente. No era una guerra. No había dos bandos luchando en un campo de batalla. Eran personas intentando escapar mientras otras personas, convertidas en monstruos por las circunstancias, aprovechaban el caos para sobrevivir o hacer daño.
Shaper permanecía inmóvil a su lado.
No decía nada.
Solo observaba.
Las llamas reflejaban sus siluetas sobre los edificios y, por un momento, ninguna de las dos supo qué hacer.
La ciudad se estaba desmoronando frente a ellas.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Scorpion y se acercaron en medio de la calle.
El asfalto continuaba destruido y los coches no funcionaban, por lo que podían estar de pie allí por un largo tiempo.
—Tenemos que iniciar.
—¿Dónde? —preguntó Scorpion con voz átona.
Fueron interrumpidas por el sonido de las aspas de un helicóptero. Estaba en un punto justo donde el domo del pulso electromagnético no lograba tocarlo.
Unos golpecitos en el suelo lograron despertarlas y vieron cómo un grupo de caballos se acercaban a ellos. Eran policías uniformados. Uno de ellos habló a través de un parlante.
—Se ha empezado el toque de queda —ordenó el hombre—, las personas que se encuentran fuera de sus hogares serán llevados a la comisaría y serán liberados al día siguiente. Por favor, vuelvan a sus hogares y así evitaremos la violencia y apoyaremos la buena ciudadanía.
Uno de los Aberrantes no parecía estar de acuerdo con el hombre por lo que comenzó a correr contra la manada de caballos, un grupo lo siguió y así hasta que una cantidad de Aberrantes estaban listos para pelear.
Shaper y Scorpion permanecían de pie viendo como se iba a desatar el desbarajuste.
Antes de que los Aberrantes lograran desatar su ira, el helicóptero que continuaba revoloteando liberó unas pequeñas granadas. No eran granadas, eran bombas lacrimógenas. Estas bombas comenzaron a esparcir una espantosa cantidad de humo. Ya no era solo el humo del fuego, sino estas bombas lacrimógenas. El grupo se detuvo en seco y comenzó a toser descontroladamente. No podían respirar.
Una de las bombas había caído a los pies de Shaper por lo que ambas sabían lo que estaban sufriendo más que el resto.
Los policías se mantuvieron firmes observando como los Aberrantes caían al suelo. El humo logró disiparse en el viento y los jinetes bajaron de sus corceles para poder esposar a los Aberrantes.
Shaper tomó la mano de Scorpion para acaparar su atención. Le costaba respirar, le costaba hablar. Tenía náuseas. Era como una cantidad de pimiento atorado en tu garganta, no podía respirar, querías liberar algo inexistente de tu cuerpo, pero al hacerlo solo te embargan de náuseas.
—Elimina las bombas —rogó Shaper y Scorpion la veía con los ojos entrecerrados—, envía el gas…
No logró terminar su frase cuando continuó tosiendo. Scorpion creó un portal de gran tamaño, se había esforzado en hacerlo. El óvalo era de 10 metros de altura, el viento guiaba la neblina dentro del círculo y Scorpion extendió su brazo creando la otra entrada encima de los policías haciendo que el gas los envolviera. Ahora ellos eran los que tosían, rogaban por su vida, no podían respirar.
Ambas no se habían recuperado en su totalidad, pero debían tomar provecho de esto. Scorpion notó como el hombre soltó el megáfono y logró crear otro de sus portales para que el megáfono llegara a ella.
Un pequeño círculo se formó encima de ella y tomó el parlante en el aire mientras se colocaba de pie.
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Editado: 08.10.2026