Mid [#2 Aberrantes]

Capítulo 1 - Debí convertirlos en pan tostado

Blue Velvet llegó al precinto. Las luces de los postes eran lo único que iluminaba la urbanización Willow. Todas las casas estaban deshabitadas; no había ninguna persona que viviera cerca. Se aproximó a la casa. Incluso el jardín principal estaba repleto de basura, y el olor era putrefacto. Debía de haber cadáveres enterrados allí.

Rodeó el lugar y caminó por el sendero que llevaba hasta la puerta. El césped estaba seco y largo. El otoño se acercaba.

El frío era atroz, pero eso no la detuvo. Tampoco el silencio que invadía las calles.

Giró el pomo. Ni siquiera estaba cerrada.

Entró.

La oscuridad la recibió.

Blue Velvet alzó su mano y dejó que una luz se desprendiera de su mano usándola como una fogata iluminando gran parte de la vivienda. Esto estaba abandonado, no había rastros de que otras personas entraron a estos lugares, sin embargo, se acercó más.

Vio sobre su hombro como sus zapatos altos dejaban las huellas en el mármol a causa del polvo que desprendía. La única huella era la suya y lo supo en un instante.

Escuchó pasos por encima de su cabeza, estaban en el segundo piso y no eran criminales. Sabía que ni siquiera había un secuestro en primer lugar. Todo fue una puta trampa.

Blue Velvet sobrevoló el suelo y subió las escaleras sin tocar el suelo hasta llegar a la segunda planta. Seguía vacío y silencioso. Los pasos se detuvieron y la pared que se hallaba a su espalda estaba raramente caliente.

Sin perder más tiempo, tomó el pico del arma que sobresalía entre el muro y con su otra mano logró golpear el gollete del oficial armado dejándolo inconsciente. El arma cayó al suelo, pero eso solo fue el inicio de una pelea.

Balas comenzaron a ser disparadas a diestra y siniestra, mientras Blue Velvet se mantenía cubierta por el muro. El eco de los disparos inundaba sus oídos como un viejo y divertido recuerdo. Blue Velvet saca de su media una navaja suiza y espera.

Todo se inundó de un silencio sepulcral.

El polvo suspendido en el aire descendía lentamente, como ceniza tras un incendio.

No se escuchaban pasos, ni respiraciones.

Solo ese vacío incómodo que anuncia que algo está por romperse, se habían quedado sin balas. Momento perfecto.

Blue Velvet salió de su escondite y comenzó a golpear a todos los hombres con uniformes y armas. Esta vez no los asesinaba, puesto que eran solo hombres haciendo su trabajo, estaban siendo gobernados por una hormiga reina.

Con la navaja logró rotar las muñecas de algunos militares para obligarlos a soltar sus armas y luego proponerles una patada, dejándolos en el suelo, inconscientes.

—Fue un buen intento, chicos —dijo Blue Velvet y lanzó su navaja para atajarla en el aire—, espero que hayan aprendido la lección.

Comenzó a caminar y evitó pisar los cuerpos con sus largos tacones de aguja, sin embargo, Blue Velvet se detuvo en seco y una bala atravesó la pared a solo unos centímetros del rostro de Blue Velvet. La bala rozó su rostro y luego golpeó contra la otra muralla. Seguía sin estar sola.

El impacto levantó una nube de polvo fino que quedó suspendida en el aire, flotando entre la luz tenue.

Durante un segundo, todo quedó en silencio.

Un silencio pesado.

Como si la casa contuviera la respiración antes de estallar.

—De verdad que les gusto ¿Eh?

Blue Velvet atravesó la habitación siendo un rayo y observó la habitación repleta de 6 soldados. No tuvo tiempo de identificarlos a todos, lo único que importaba era que portaban armas de fuego, todas cargadas y apuntándoles a ella. Blue Velvet era fugaz, evitaba que las balas la atravesaran mientras golpeaba a los militares o usando algunos como escudos, no les dolería porque usaban chalecos antibalas. Restaban solamente dos.

Había tomado uno de los hombres por su casco y provocó que se golpeara contra una mesa de madera, el choque y la sorpresa haría que el militar quedar aturdido mientras que el otro tuvo que saltar y hacer que sus muslos aparcaran su cuello haciendo que la respiración se cortara, lo hizo girar y caer en el suelo. Decidió no levantarse.

—Alexa, reproduce First Day Out, por favor —dijo ella.

La canción comenzó a sonar en sus oídos y ella parpadeó varias veces. Esta vez no quería más sorpresas.

Sus ojos se encendieron, brillando como bombillos de un azul intenso.

La visión cambió.

Las paredes dejaron de ser un obstáculo.

Comenzó a ver las corrientes eléctricas que recorrían los cuerpos humanos, finas y vibrantes, deslizándose bajo la piel como hilos vivos. No eran huesos lo que distinguía… eran líneas de energía, cables delgados entrelazados como raíces extendiéndose en todas direcciones.

Cada persona era un mapa. Había muchos.

En el segundo piso, las corrientes se acumulaban como una red densa.

Bajó la mirada.

Debajo de ella, más.

Hombres armados apuntaban directamente al techo. A su posición.




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