Mientras dure

Capítulo 1

Hacía un día perfecto, es más, podía sentir como el sol envolvía por completo mi bronceada piel. Solo habían pasado escasos minutos de mi llegada a Berkeley, una de las ciudades más soleadas del estado de California, ese iba a ser mi nuevo hogar a partir de aquel día. Berkeley era esa clase de ciudad que te invita a pasar el resto de tu vida en ella, ofrecía todo lo que pudieses necesitar; las mejores playas, centros de ocio, museos, restaurantes…. y lo que más me había atraído era que en Berkeley se encontraba una de las bibliotecas más antiguas y famosas de todo el estado.

¿Pero que motivo me había echo acabar realmente aquí? Bueno, lo cierto es que es bastante sencillo.

Por fin en menos de una semana iba a comenzar mi primer año de universidad, aquello por lo que tanto había estado esperando. Desde que tenía uso de razón siempre me había gustado todo lo relacionado con la historia, podría jurar que esa fue mi primera opción de futuro; aunque claro reconozco que entre mis opciones también estaba la de ser una princesa pero fui descartandola con los años. Para mi, el ser aceptada en una de las universidades más prestigiosas de California era lo más cercano a que tu actor favorito aparezca un día frente a tu casa diciéndote que su coche se averió y que necesitaba usar un teléfono ¿excitante no?. Poder entrar en su departamento de historia era como el soplo de aire fresco que necesitaba en mi vida. Quería cumplir mi sueño de convertirme en una gran historiadora aunque aun no tenía claro si acabaría centrándome en la investigación o la enseñanza, tampoco me importaba ya que aun tenía 4 años por delante para pensarlo. En estos momentos principalmente quería que mis padres se sintieran orgullosos de mí y del esfuerzo que me había costado conseguir llegar hasta aquí.

Algo que durante unos meses lo comencé a ver complicado.

Ese mar de oscuros recuerdos amenazaba con abrirse paso en mi mente una vez más, tal y como había pasado durante aquellos horribles meses una y otra vez. Desde que Alex, mi novio durante casi dos años había decidido que la relación se había estancado y que ambos necesitábamos pasar un tiempo separados, según él no era una ruptura definitiva, solo un periodo de tiempo para centrarnos en nosotros mismos, cosa que al principio no llegue a comprender, pero termine aceptando su decisión. Los días en el calendario pasaron a toda velocidad y aunque vivíamos en la misma ciudad, evite tener algún contacto con él. Aunque ambos estudiábamos en el mismo instituto y pertenecíamos al mismo grupo de amigos, intente seguir con nuestro acuerdo de permanecer separados por lo que ni siquiera lo saludaba las veces que coincidía con él. Así habíamos pasado un mes entero en el cual en diferentes ocasiones me había llegado a replantear si verdaderamente todo esto iba a servir de algo para afianzar nuestra relación. Todo parecía ir normal hasta que una tarde lo vi en el centro comercial, con ella. Mi antigua mejor amiga se agarraba felizmente del brazo de Alex, y sí, digo antigua porque desde ese mismo momento la relación entre nosotras se rompió instantáneamente.

Y allí estaban ellos sonriéndose mutuamente mientras miraban la cartelera del cine, eligiendo que película ver. ¿Acabarían eligiendo una película de amor? ¿comedia? ¿quizás de traición? Después de todo acababa de comprobar que eran buenos dando puñaladas por la espalda. Definitivamente no me quede allí para averiguar que película eligieron finalmente. Imbécil, Elena eres imbécil, eso fue lo único que se me paso por la cabeza en aquel momento, minutos antes de que las lágrimas amenazaran con salir.

El dolor volvió e instintivamente puse la mano en mi pecho, algún día dejaría de ser tan estúpida y masoquista recordando una y otra vez todo eso. Suspire y me pellizque el puente de la nariz. Vamos chica que hoy empieza tu nueva vida, tienes un piso nuevo, vas a comenzar tu trabajo a tiempo parcial en la biblioteca y por si fuese poco en breve empiezas la universidad. ¿Qué puede salir mal?

-Elena, ¿se puede saber qué haces? – Gritó mi madre mientras se acercaba a mi desde el portal - ¿Aun no has terminado de bajar las cajas? No puedo creerlo.

Llevaba puesta esa blusa estampada que tantas veces le habíamos aconsejado mi hermana y yo de que tirase, pero ella se había negado una y otra vez, poniendo siempre la misma excusa de que era su blusa de la suerte. ¿Qué puedo decir? A cabezota no la ganaba nadie. Rasgo que por supuesto, había heredado mi hermana.

- No es para tanto, aún es pronto - mire el reloj de mi muñeca, no eran ni si quiera las 12 de la mañana -.

- No veo la hora de volver a casa, y encima tenemos que recoger a tu hermana a la vuelta. – murmuró mientras se pasaba la mano por la frente apartándose un mechón de pelo rebelde -.

- Oh venga, si sabes que en el fondo vais a echarme de menos - sonreí mientras comenzaba a sacar las cajas del maletero - ¿Con quién sino vas a discutir cada día? Además, Berkeley solo esta a una hora de casa, tampoco es que me haya mudado a otro estado.

- No digas tonterías, yo no discuto nunca. – dijo mi madre enfurruñada al tiempo que se agachaba para sacar la última caja del maletero -.

Me encogí de hombros mientras cargaba la caja que tenía escrito con rotulador permanente la palabra cocina en uno de sus laterales.

- Claro claro - puse los ojos en blanco antes de caminar hacia el portal -.

El edificio no estaba mal, y lo mejor de todo era que estaba a dos manzanas del campus. Su interior estaba pintado en blanco con el pasamanos de las escaleras en color negro. La verdad es que para lo económico que me había costado el alquiler, no podía quejarme. El motivo por el cual había decidido irme a vivir sola era porque no quedaban huecos libres en las residencias cercanas, el plazo de reservas se me había pasado por completo, así que tuve que intentar encontrar un apartamento que se adaptara a mi reducido presupuesto. Por suerte había trabajado cuidando a los hijos de mis vecinos, de ese modo pude tener algo de dinero ahorrado.




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