Mientras dure

Capítulo 23

Agudicé la mirada mientras miraba el enorme edificio que tenía frente a mí. No sabía que en Berkeley podía llegar a encontrar este tipo de lugares. Los enormes carteles luminosos que lucían en su fachada invitaban a entrar sin dudarlo. Y reconozco que una parte de mi se moría de ganas por intentarlo. Pero mi parte más razonable me tachaba de loca temeraria.

-¿Una pista de esquí cubierta? – medité mientras lo miraba nerviosa, estaba muy animada al ver la altura del edificio y era solo el exterior -.

-Pensé que te apetecería – dijo Aaron alegremente -.

-¿Pero es que está abierto todo el año esta clase de sitios? – pregunté -.

-Te sorprenderías con la cantidad de gente que suele venir – aseguró asintiendo con la cabeza -.

-Y yo pensando en meterme en una piscina – murmure sin apartar la vista del edificio -.

Sonrío y salió del coche. Lo imite y estire los brazos a mi espalda. Se dirigió hacia el maletero. Saco una gruesa sudadera negra y me la dio. Con solo tocarla pude sentir que la piel comenzaba a picarme. Pero si hace muchísima calor. Como si pudiese leerme la mente, me contesto antes de que yo formulara cualquier pregunta.

-Hace un poco de frío ahí dentro – dijo, inclinando la cabeza hacía el edificio -.

Suspiré y me la puse. No pude evitar oler la sudadera, olía a Aaron. Cuando lo mire vi que estaba observándome con una tierna sonrisa.

-¿Estas lista? – preguntó agarrándome la mano -.

Me iba a romper una pierna o las dos, lo estaba viendo venir.

-¡Claro! – intente sonar animada -.

Agradecía llevar puesto zapatos planos. Lo mire mientras él se subía la cremallera de una sudadera azul.

Una vez dentro, me guio más allá del mostrador. Debía reconocer que el interior no tenía nada que envidiar al exterior. Era impresionante.

-Rob, vamos a entrar un rato ¿vale? – dijo mientras nos dirigíamos hacia la puerta que tenía un cartel en el que ponía, “Solo personal” -.

Lo miré confusa.

-Aaron -pregunté tirándole de la manga - ¿Trabajas aquí?

Nadie nos había detenido cuando cruzamos las puertas, así que sospechaba que podía estar en lo cierto.

-Un amigo es el dueño, y lo ayudo algunas veces cuando le falta personal – asintió – .

-¿Tu amigo es el dueño? – pregunté sorprendida -.

-¿Qué pensabas? Que mis amigos pertenecían a una oscura red peligrosa o algo – se burló mirándome -.

-Como mínimo, si – me encogí de hombros -.

Caminamos hacia un armario donde estaban colgados trajes de diferentes tamaños, Aaron saco uno y me lo entregó -.

-Querrás conservar esas piernas ¿no? – preguntó mirándome de arriba abajo -.

-Daté la vuelta – pedí sujetando el traje con una mano -.

-Elena, no es nada que no haya visto – bromeó, pero se dio la vuelta -.

Me vestí a toda prisa, lanzando varias miradas a Aaron para asegurarme de que no se diese la vuelta. Cuando conseguí abrocharme el traje me volví a poner la sudadera por encima.

-¿Me dirás ya en que ayudabas? – le pregunté mientras caminábamos hacia un enorme armario de tablas de snowboard -.

-Depende del día, esquí, snowboard y algunas veces supervisé las clases de vuelo, que es lo que vamos a hacer esta noche – dijo -.

Vale, ¿Ahora quiere enseñarme a volar? ¿Tan mal le ha sentado el mezcal? Él me sonrió ante mi notable cara de preocupación.

-No te preocupes, chica maravilla, yo cuidare de ti – prometió, mientras me daba un pequeño beso en la nariz -.

Se dio la vuelta y caminó hacia una enorme estructura repleta de flotadores de goma.

-Como si eso me hiciera sentir más tranquila – me burle, mirando hacia los flotadores de goma -.

Él soltó una sonora carcajada y cogió dos flotadores, señaló con la cabeza hacia una puerta que estaba a mi derecha. Abrí la puerta y caminé a través de ella, el frío inmediatamente calo en mis huesos tomándome por sorpresa y haciéndome castañear los dientes. Me abracé el cuerpo intentando no perder el calor corporal. Y realmente le agradecí que me hubiese dicho que me pusiera este traje y la sudadera.

-Por allí Elena – señaló con la cabeza una esquina así que caminé por esa dirección. Cuando doblé la esquina, me detuve de golpe, abriendo los ojos con asombro. Realmente no me mentía, había muchísima gente esquiando y haciendo Snowboarding. Un ventilador enorme de nieve en lo alto hacía que pareciera que estaba nevando dentro de las instalaciones. No podía creer lo que estaba viendo. Era tan guay.

-¡Es precioso, Aaron! – grité con entusiasmo – no sabía que existía algo así tan cerca ¿Es nieve de verdad?

Antes de que me respondiese me agaché, cogí un puñado de nieve, esperaba que fuera nieve falsa de plástico o bolitas de poliestireno como la que utilizan en las películas. Aunque esta no lo era, era nieve en polvo de verdad, que de momento se derritió en mis dedos haciendo que estos se congelasen.




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