Mientras dure

Capítulo 25

Estaba comenzando a darme cuenta de que los viernes era una pesadilla estar en la Biblioteca. Desde muy temprano comenzaba a llenarse de gente, por lo tanto, la mayoría de las mesas eran ocupadas con rapidez. Ese día llegue un poco más temprano de lo normal, ya que había dejado mi coche en el taller para que le realizaran una pequeña revisión. Después de que el mecánico me informara de que podría recoger mi coche el lunes, decidí hacer el viaje de vuelta hasta el trabajo en bus. Estaba demasiado lejos como para venir andando.

Había estado toda la mañana realmente contenta, ya que mi hermana me mandó un mensaje en el que decía que en un par de semanas quería venir a visitarme. Mi hermana se llamaba Lila, sí era un nombre bastante peculiar. Mi madre decía que durante un tiempo estuvo en duda, no sabía si llamarla Violeta o Lila. Creo que tiene una obsesión con el color morado y sus variantes. Lila tiene 15 años, y bueno estaba en la fase de adolescente problemática. Podría jurar que no había estado ni un solo día en mi vida sin discutir con ella. ¿Qué podía decir? La eterna rivalidad entre hermanos mayores y pequeños siempre ha estado ahí.

Empuje el pequeño carrito repleto de libros por uno de los largos pasillos de la biblioteca. Tenía muchas ganas del día de mañana. Me apetecía un día completo reunida con todos. Se me escapó una pequeña sonrisa. Estaba completamente segura de que necesitaba ver cómo le quedaría a Aaron su bañador. Aunque prefería que esa imagen idílica solamente fuese privada para mí. ¿Ahora resulta que te ponía celosa que otras personas miraran a Aaron? Estas fatal Elena. Sacudí la cabeza. No eran celos técnicamente, yo lo sabía. Solo pensaba que me gustaría ser la primera que presenciase ese momento, y si podía ser a solas mejor.

Me ruborice un poco al pensar en la imagen de Adonis de divinas proporciones que es Aaron Hampson. En esa mirada tan segura de si misma que tenía, la cual parecía jurar que podría conseguir todas y cada una de las cosas que se le propusiesen. Recordé le momento en el que me abrió la puerta de su apartamento, vistiendo solo esos livianos pantalones de algodón y llevando el torso desnudo. Tenía unos bíceps delineados a la perfección; y las gruesas venas que le recorrían los antebrazos le daban un aspecto brutal y endemoniadamente sexy al mismo tiempo.

-Elena – Di un pequeño salto sorprendida -.

Miré a mi alrededor y lo vi. Allí a mi lado. Con ese rostro tan increíblemente perfecto. Dedicándome una de mis sonrisas favoritas.

-Tu siempre tan oportuno – dije en voz baja -.

-Estaba observándote desde hace un rato – me miró con atención – Parecías una lunática, cambiabas tu cara de pensativa a risueña en cuestión de minutos.

-¿Puede ser que no tengas nada mejor que hacer con tu tiempo libre? - murmure, si el supiese que había estado rondando por mi cabeza hace tan solo unos segundos -.

-Tenía ganas de verte – susurró -.

¿Cómo cambiaba de idiota a romántico tan rápido? Costaba mucho seguirle el ritmo.

-Vivimos al lado - me detuve, y pensé que decirle – Si te apetece tanto verme, solo tienes que llamar a mi puerta.

-El amor te está volviendo más simpática – me provocó -.

-Eres un fantasma – le dije riéndome -.

-¿Soy tan aterrador? - enarcó las cejas -.

-El diablo es más encantador que tu – le confesé -.

Esbozó una pequeña sonrisa.

-La verdad es que estoy aquí por el trabajo en parejas que nos mandó el profesor Bennet – me dijo señalando a su espalda -.

Miré tras él y me fijé en una chica con unas pequeñas gafas de montura redonda, la cual se encontraba sin apartar la mirada de sus apuntes. Esa chica me sonaba, se había sentado un día justo en el asiento contiguo al de Eric.

-¿Dejas a tu compañera en la estacada? – chasqueé la lengua – Eso no está bien.

-Tenía otros asuntos más importantes en mente – sonrió -.

No apartaba su verde mirada de mí. Sentía fluir la conexión entre ambos, era asombrosamente intensa. Emocionalmente. Mentalmente. Nunca me había sentido así con otra persona, ni siquiera con Alex.

-Asuntos como venir y entretenerme mientras trabajo – le conteste -.

-No puedo creer lo que has dicho – me dice arqueando una ceja – Por primera vez has dicho que estoy entreteniéndote y no molestándote.

-Eres imposible – puse los ojos en blanco -.

-Oye, es un momento muy importante – se cruzó de brazos – Deberíamos celebrarlo ¿a qué hora sales?

-Averígualo tu solo – le saque la lengua y empuje el carrito para seguir andando -.

-No sé si te has dado cuenta, pero no me he traído la bola de cristal para adivinar las cosas – bromeó -.

Giré la cabeza un poco, y lo miré fijamente.

-Estoy segura de que tus contactos en el inframundo te lo dirán – le guiñé un ojo -.

-Espera y veras – dijo Aaron – Ve pensando en el plan que haremos después.

Deje a Aaron allí con esa sonrisa de autosuficiencia que tenía. Estaba completamente segura de que no iba a poder averiguar mi horario, ya que la señora Anne de la biblioteca no había venido hoy. Y ella hubiese sido la única persona que podría darle una pequeña pista a este idiota.




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