Mientras dure

Capítulo 73

Aun no podía creer que él estuviese delante de mi. No había cambiado nada en estos meses, seguía completamente igual que siempre. La sonrisa fácil que solía enmarcar su rostro, era tal y como la recordaba. Esos pequeños hoyuelos que había tenido toda la vida, y que me encantaba tocar con mi dedo indice. Lo único que veía distinto era la mirada arrogante con la que me dijo que debíamos tomarnos un tiempo en nuestra relación. En su lugar la había remplazado por una mirada amigable, que invitaba a cualquier persona a confiar en él.

Pero yo sabía bien que todo lo que Alex podría traer a mi vida eran más mentiras, y no iba a pasar por eso otra vez. Ahora sí estaba alerta.

-¡Hola, soy Alex! - se presentó en dirección a Eric -.

Eric parpadeó sorprendido. Parecía que su cabeza acababa de entender que clase de situación estaba ocurriendo frente a sus ojos.

-Me llamo Eric – le respondió él un poco aturdido -.

-¿Que haces aquí? - fue lo único que se me ocurrió preguntarle -.

-Un amigo me propuso pasar el fin de semana en Berkeley ya que sus padres viven aquí– comenzó a decir – y estuve de acuerdo con él, un cambio de aires nos vendría bien antes de los exámenes que tenemos a la vuelta de la esquina.

Algo en mi mente me decía que debía de juntar las piezas, lo que Alex me acababa de decir me sonaba muchísimo. ¿Donde había oído esas mismas palabras?

-Oh, ya veo – murmuré -.

Alex curvó sus labios en una sonrisa.

-Hace mucho tiempo que no te veo, estas muy guapa – dijo él -.

Alzó su mano para tocarme la mejilla. Pero lo esquivé a tiempo.

-Gracias, veo que tu sigues igual – esperaba que entendiese el doble sentido de mis palabras -.

Sacudió la cabeza, y se pasó la mano, con la que iba a tocarme la mejilla, por el pelo.

-Lo que yo pensaba – dijo Alex – no has cambiado para nada.

Lo ignoré. Cambie mi peso de un pie a otro.

-¿Cuando has llegado a Berkeley? - le pregunté -.

Era muy extraño que llegase sin avisar. Quizás Aaron sabia sobre esto. Como descubra que él lo sabía y no me dijo nada, lo matare.

-Anoche.

-¿Cuanto tiempo vas a quedarte? - lo interrogué -.

-Solo el fin de semana – contestó -.

Puse los ojos en blanco. Demasiado tiempo me parece.

-Esta bien, vamos Eric no lleguemos tarde – agarré la mano de Eric -.

-Elena, espera – dijo Alex -.

En menos de un segundo se había puesto frente a mi, y tenía una mano sobre mi hombro. Miré de reojo la mano con la que me tenía agarrada, y lo mire a él con las cejas enarcadas. Por suerte, se dio cuenta y retiró su mano.

-Lo siento – se disculpó -.

-¿Que pasa? - fruncí el ceño -.

-Estoy buscando a alguien – explicó – quería darle una sorpresa a Aaron, te acuerdas de él ¿no?

-Claro – asentí -.

Por supuesto que me acuerdo imbécil, él y yo estamos juntos. Justamente es eso lo que tendría que decirle.

-No lo avise de que venía y bueno yo..

-No me interesa lo que te traigas entre manos, arreglate tu solo – respondí cortante -.

Alex suspiró. Estaba frustrado. Muy bien, por mi como si se pudría en el infierno.

-Elena, creo que no hice bien las cosas contigo – murmuró -.

-Oh, eso crees – sonreí irónica -.

-Lo digo en serio – susurró bajito – me arrepiento de como terminaron las cosas entre nosotros.

Vaya, parece que ahora tenía a el nuevo Alex. Otra personalidad de las suyas que acababa de resurgir.

-Espera – chasqueé la lengua - no me digas que te has cansado de las chicas de Stanford y ahora tienes una extraña fantasía en la que te estaré esperando con los brazos abiertos.

-No, yo..

-Mira, para que no te causes falsas expectativas en un futuro – le sonreí – no tengo ningún interés en ti, ni ahora ni nunca.

-Elena – murmuró él -.

-Adiós Alex, no rompas muchos corazones por Berkeley – bromeé -.

Volví a agarrar la mano de Eric, y nos alejamos de Alex sin mirar atrás. Nos dirigimos a nuestro edificio en silencio. No me apetecía hablar de nada. La visita inesperada de ese imbécil había sido demasiado para toda la semana. Pero que se creía, que ahora podía venir de buenas y tratarme como si no hubiese pasado nada entre nosotros. Como si el daño se pudiese borrar tan fácilmente. ¡Menudo imbécil!. Solo esperaba no tener que volver a cruzarme con él en esos días. Y si no era mucho pedir, ojala que nunca volviese a verlo.

Llegamos al aula, aun se encontraba vacía. Por suerte la pequeña conversación en la que había derivado nuestro encuentro fortuito solo había durado un par de minutos. Pero eso sí, me había parecido eterna.

-¿Quieres hablar sobre lo que acaba de pasar? – dijo Eric cuando nos sentamos en nuestros asientos -.




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