Mientras las estrellas te hablen de mí

Capítulo 15

No tenía idea de cómo, pero había acabado contándole otro dato personal a Vega. A este paso, acabaría contándole su vida en menos de una semana. Era algo sumamente gracioso, meses atrás ni siquiera se hablaban con frecuencia, eran conocidos de pasillo que ni siquiera se caían bien y ahora aquí estaban. Teniendo una conversación demasiado íntima y personal.

 

Se preguntó si ella se sentiría incómoda ante la forma en la que su relación había cambiado. Si quizás ahora le caía mejor que antes. Porque a él sí. Había descubierto que le agradaba mucho.

 

—Te toca compartir algo conmigo —soltó de pronto. Se dio cuenta que en realidad tenía ganas de conocerla más, quizás llegar a ser amigos—. Puedes contarme por qué te llamas Vega, por ejemplo.

 

Ella tomó entre sus manos su dije de estrellas. Siempre le había causado curiosidad aquel hábito suyo, pero era la primera vez que le parecía una buena idea preguntar por él. Estaba a punto de hacerlo cuando Vega habló.

 

—Mi madre me lo regaló el día que llegó a casa. He visto que lo observas mucho, sé que como buen chico de las estrellas, te morías por preguntar —ella rodó los ojos pero le sonrió casi de forma imperceptible. Estaban progresando—. ¡No vayas a reírte! Pero siempre he pensado que eran dos amantes tomados de la mano —Altair alzó las cejas—, están unidas por uno de los picos y parece como si se aferraran la una a la otra. Cuando Marissa me lo entregó dijo que esto iba a darme dirección, no entendí nunca a qué se refería hasta que empecé a sentirme más segura al usarlo y luego nunca me lo quité. Ahora, ya que tanto te interesa saber por qué me llamo Vega, te diré que la historia en realidad es descabellada pero bastante simple.

 

—Mis favoritas —agregó él.

 

—Oh, ahora que lo mencionas, creo que eres la persona idónea para apreciarla. Zöe me contó que la historia que le contabas siempre aparecía primero en tus sueños... cambia esa cara, no voy a romper mi promesa, ¿recuerdas? No me contó nada más al respecto —Altair habría deseado no haberse visto tan aliviado—. La cosa es... ella me llamó así porque lo soñó.

 

—¿Qué? —él no lo podía creer.

 

—Lo que oyes —se rio un poco, como si no supiera qué más hacer—. Marissa Lovelace era una mujer un tanto misteriosa y difícil de entender. Tenía muchísimo dinero y se la pasaba donándolo casi todo a caridades, era una ermitaña y no se abría mucho al resto. Vivía su vida en soledad y siempre pensé que esa había sido la razón por la que me había adoptado. Pero, un día descubrí que lo había hecho porque había soñado con una niña y yo se la había recordado. Quiero darte la vida que te merecías, me dijo una vez. Y todo el tiempo estaba tan pendiente de mí que finalmente logré sentirme parte de un hogar. Espera, creo que puedo mostrarte nuestra última foto juntas —le dijo ella mientras navegaba por la galería de su celular buscando. Cuando alzó la pantalla para que él pudiera ver, Altair casi se desmaya.

 

La mujer junto a Vega en la fotografía, tenía el mismo rostro que tenía la hermana de Kessley en sus sueños. Se puso de pie de un salto y se llevó las manos al cabello, despeinándose. No, no podía ser. Tenía que haber alguna clase de explicación. Llevaba años convenciéndose de que todo era una simple casualidad. Todos esos rostros conocidos apareciendo en sus sueños y sus pesadillas no eran más que construcciones de su imaginación y asociaciones vagas. Pero a esta mujer jamás en su vida la había conocido y sin embargo ya la había visto. Vega lo miraba confundida. También se puso de pie y con el ceño fruncido se le acercó.

 

—¿Marissa alguna vez se casó? —preguntó en un susurro. Era algo inverosímil, basar todas sus creencias en algo que su mente creaba. Pero necesitaba saber. Necesitaba estar seguro.

 

Vega, todavía confundida, negó con la cabeza.

 

—¿Recuerdas a mi tutor, Matías? —el asintió—. Siempre se adoraron el uno al otro y estuvieron allí para el otro, pero jamás fueron nada más que los mejores amigos. Cuando era más pequeña solía fantasear con qué se enamoraban y se casaban, pero eso nunca sucedió.

 

—¿Puedes mostrarme una foto de él? —le pidió. Ya lo había visto en el parque, pero desde lejos y estaba oscuro. Necesitaba confirmarlo.

 

—Estás actuando muy extraño de repente, pero supongo que sí. Déjame buscar —después de un par de segundos, Vega le mostró la pantalla de su celular.

 

Y ahí estaba. Todo su mundo se sacudió, le empezaron a temblar las manos una vez más y no sabía por qué pero de pronto también tenía muchísimas ganas de llorar. Estaba viendo al esposo de la hermana de Vega, aquel al que ella no quiso tomar de la mano al morir, el mismo que ella había asesinado. De pronto todo tenía sentido. Matías y ella se habían encontrado el uno al otro porque él la amaba demasiado como para dejarla ir, pero nunca estarían juntos porque ella no lo había elegido. Y por supuesto que era tan poderosa en este mundo, eso era algo que ella misma había buscado. Pero, parecía que su alma se había arrepentido de alguna forma y había decidido buscar a Vega y enmendar su error. Y de alguna forma, eso lo conectaba a él y...




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