Mientras no me olvides, no me habré marchado del todo

Capítulo 10 - SIMPLEMENTE TÚ 2

La gente grita eufórica y los nervios están a flor de piel. Acaba de comenzar la segunda parte y el marcador esta 1-1 frente a la Juventus. No sé lo que va a pasar a continuación, no sé quién va a ganar o no, porque ahora todo está muy igual.

 

Y cuando menos lo espero estoy saltando de alegría, en el minuto 60 Casemiro ha metido un golazo, dándonos la oportunidad de ponernos por delante del marcador. Y no han pasado ni tres minutos cuando vuelvo a saltar del banquillo, Cristiano ha marcado su segundo gol. La victoria se está tocando con la punta de los dedos.

 

Y en el minuto 81 llega el momento más esperado, el momento por el que he soñado tantas veces y aquí está. Salgo al campo y entra Isco, quien se va con una gran ovación por parte del público. Nos damos un abrazo y con eso está todo más que dicho. Dejo los nervios en cuanto piso el campo y me concentro en el partido y en dar lo mejor de mí mismo.

 

Corro todo lo que más puedo, no pienso en nada más que en el balón que tengo en mis pies y en la portería que tengo enfrente. Chuto con todas mis fuerzas, el balón sale disparado con fuerza y entra por toda la escuadra de la portería. En el minuto 90… ese minuto que quedará grabado en mi memoria para siempre. La grada estalla eufórica.

 

Corro hacia las gradas esquivando a mis propios compañeros que quieren celebrar el gol conmigo, pero yo tengo un objetivo. Salto las gradas y abrazo con fuerza a mi padre y a mi hermano. Había prometido que mi primer gol en la Champions lo celebraría con ellos. Les miro a los ojos a ambos y sé lo que quieren decirme, lo orgullosos que están de mí.

 

Miro a mi alrededor buscando a una persona, a la persona que me saca sonrisas sin ton ni son. Cuando la encuentro veo que ella me sonríe y no puedo evitar corresponderle de la misma manera. Mi sonrisa es amplia como cada vez que la veo. La guiño un ojo y vuelvo al capo para esta vez sí, celebrarlo con mis compañeros. En este momento alzo mis manos y señalo al cielo, dedicando el gol, como todos los de mi vida, a mi madre, que sé que dónde quiera que este, va a estar viéndome y sintiéndose orgullosa de su hijo, de lo que he conseguido y en lo que me he convertido.

 

Pero la dedicación de mi gol aún no ha terminado, y no sé por qué razón o motivo, simplemente sigo lo que siento en este momento. Me giro nuevamente a las gradas, la miro y ella centra toda su atención en mí. Cuando lo hace, cuando tengo toda su atención, formo con mis manos un corazón y la señalo. Veo como abre los ojos llena de sorpresa y como se pone poco a poco roja de la vergüenza. Y es que desde que la conozco ha provocado en mí sentimientos ya olvidados, y la verdad, es que la quiero, la quiero y a quien mejor que ella para dedicarle mi gol, al motivo de mis sonrisas.

 

El partido continúa y de vez en cuando miro hacia las gradas y veo como tiene una sonrisa permanente en su cara, haciendo que yo tampoco deje de sonreír cuando la miro. El partido termina, llega a su fin, al final, ganando así mi primera Champions.

 

Veo como la gente, los familiares saltan al campo. Quiero buscarla pero primero me encuentran mi padre y mi hermano. Les abrazo con fuerza y de repente me derrumbo, comienzo a llorar, lo hago por lo feliz que estoy y a la vez triste, me falta mi madre, mi guía, la persona que más me ha apoyado con el fútbol.

 

Me saco fotos con todos cuando me tranquilizo y suelto todo. Pero mi mirada sigue distraída.

 

          -       ¿A quién buscas? – me pregunta mi padre.

         -       Está claro papá – dice Igor, mi hermano – Busca a la chica morena de antes – sigue diciendo mientras se ríe.

          -       Así que una chica ¿eh? – dice mi padre mientras me mira divertido.

          -       Anda, dejadme los dos en paz – les digo riendo y marchándome lejos de ellos.

 

La busco entre la gente y finalmente la encuentro rodeada de su familia. No puedo esperar más y me acerco a ella por detrás. Llego hasta ella y la abrazo con fuerza. Siento como se tensa y me río por ello, en cuanto me escucha vuelve a relajarse, como si supiera que soy yo. Aunque si fuese al revés, distinguiría su risa en cualquier parte. María se gira poco a poco sonriendo y cuando nos encontramos el uno frente al otro nos damos un abrazo.

 

          -       Estoy muy orgullosa de ti – me dice al oído mientras seguimos abrazos.

         -       Gracias a ti por estar aquí, me das suerte – le digo mientras me separo de ella para mirarla a los ojos pero sin dejar de rodear con sus brazos su cintura.

         -       Nos las des, quiero estar en los momentos importantes de tu vida, verte cumplir tus sueños – me dice y no puedo morir de amor en este momento.




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