Mientras no me olvides, no me habré marchado del todo

Capítulo 34 - ERES MÍA 2

La fiesta estaba a punto de terminar y no había vuelto a ver a María por ningún lado, así que decido ir a hablar con Dani. Seguro que él sabe dónde está.

 

          -       Oye Dani, ¿sabes dónde está María? – le pregunto esperanzado porque me responda.

                -       Sí, se ha ido a casa – me responde sin más.

             -       ¿Sabes si mañana tiene algo que hacer? – le vuelvo a preguntar mientras en mi cabeza se forma un plan.

               -       No – me responde y alzo la ceja de manera interrogativa para que siga a hablando – se ha ido a casa, ha vuelto a Santander – me dice para después irse.

 

¿Qué? ¿Se ha ido? ¿Pero por qué? Las cosas iban bastante bien. No entiendo porque ahora se ha ido. ¿Será que no iban las cosas tan bien cómo yo pensaba? ¡Joder!

 

Me marcho frustrado a casa y estoy toda la noche dándole vueltas, pensando en qué he hecho mal para que se haya ido, hasta que finalmente me duermo.

 

 

Han pasado unos días desde que María se había ido y no tenía ningún tipo de noticia de ella, he intentado por todos los medios comunicarme con ella pero no ha sido posible. La espera me desespera. Necesito verla ya.

 

Así que salgo de casa y cojo el coche rumbo a Santander, si ella no quiere verme haré que me veo, iré hasta ella. Creo que no hay mayor prueba de amor que sacrificarse en algo que te gusta simplemente para verla dos segundos.

 

Todo el camino lo paso pensando en ella, en María. En ella, en su sonrisa, en todo. Necesito saber primero que está bien, que no ha hecho ninguna locura de las suyas, que todo está bien entre nosotros, que poco a poco esto se va a arreglar y vamos a volver a estar juntos.

 

Porque estoy enamorado de ella, lo estoy, no hay discusión posible, estoy seguro al 100% que es ella, que ella es la mujer de mi vida y no pienso, por nada del mundo, perderla, mientras esté en mis manos no.

 

 

Acabo de llegar a Santander, aquí ya es de noche y no sé muy bien por dónde empezar, así que lo primero es pasar por su lugar favorito. Al no verla allí me dirijo hasta su casa, pero primero aparco el coche en una calle no muy lejos, para después saber cómo volver para buscarlo.

 

Ando por las calles cuando de repente una pareja al fondo me llama la atención, están muy juntos y en mi mente aparece la imagen de María. Ojalá poder estar así con ella ahora.

 

Me fijo mejor en la pareja que estoy viendo y se me hace muy conocida la chica. Espera ¿esa no es María? No puede ser ella, seguro que no es ella. El chico me mira de repente y sonríe para después besarla con ferocidad, atrapándola entre sus brazos.

 

Me quedo quieto, descompuesto y triste porque cuando la chica se gira es mi María, bueno ya no es mía. Ahora entiendo todo, ahora lo entiendo. He estado haciendo el tonto, ya la había perdido y yo ni me había dado cuenta. Pero que gilipollas soy.

 

Un par de lágrimas surcan mi cara, mostrando al mundo exterior como estoy por dentro, como estoy al saber que ella ya no es mía, que yo ya no soy alguien importante en su vida y que ha encontrado a otro mejor que yo.

 

María me mira con sorpresa y terror en su mirada, veo como no puede creerse que esté ahí, pero yo ya no quiero ver nada más, por lo que me doy media vuelta para volver a coche.

 

         -       ¡No espera! – oigo que grita María pero no me doy la vuelta para enfrentarla no puedo.

 

Ando todo lo deprisa que puedo, para no llamar la atención de nadie. Siento que corre detrás de mí para alcanzarme pero ya estoy delante del coche. Abro la puerta cuando ella vuelve a gritar.

 

              -       ¡Espera Marco, por favor! – grita suplicándome porque me parara.

 

Pero no lo hago y subo al coche. Cierro la puerta. Arranco el coche y cuando estoy a punto de marcharme María llega hasta el coche. Golpea con fuerza el cristal de la puerta para que la abriera, para que hable con ella, pero ahora mismo no puedo, no puedo con su traición.

 

La miro a los ojos, unos ojos que esconden dolor y sufrimiento, furia, odio, decepción… Todo y con mi mirada sé que le he dicho todo lo que con mis palabras no sería capaz de decirla.

 

Arranco el coche mientras no puedo parar de llorar. Dejándola allí sola en mitad de la calle, sola y llorando, porque sí, la he visto llorando desconsoladamente. Y aunque me muera por abrazarla mi desilusión es mucho más grande, mi orgullo me puede más.

 

 

Y ahora la había perdido para siempre.




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