Mientras no me olvides, no me habré marchado del todo

Capítulo 7 - Caer

Me despierto a las 7 de la mañana. ¿Y por qué tan pronto?  Mi tía se va a llevar a Natt de vuelta a Santander puesto que su padre ha cogido una semana de vacaciones. En cambio yo, me voy a quedar otra semana más aquí, en Madrid.

 

Natt no quiere separarse de mí en ningún momento, quiere que vaya con ella, pero a pesar de que mi alma se parte en pedacitos viéndola llorar, no puedo ir con ella. A mí aun me quedan vacaciones y necesito pasarlas aquí, cuanto más lejos de casa este mejor.

 

Al final consigo meter a Natt en la parte trasera del coche, después de decirla mil y una veces que me verá en una semana y que iremos a donde ella quiera cuando vuelva.

 

Las veo partir y un nudo se me forma en mi garganta, y ya no lo retengo más y dejo que las lágrimas se me escapen. Y en ese momento es cuando siento el abrazo de mi tío, intentando de alguna manera reconfortarme. Y es que, todavía no me he acostumbrado a decirla adiós, a estar separadas durante tanto tiempo.

 

Cuando vuelvo a mi cuarto comienzo a hacer una pequeña mochila para ir a Málaga, ya que es muy probable que ni siquiera me quede allí una noche y vuelva con los chicos otra vez a Madrid.

 

Termino rápido de arreglarme y mi tío me lleva al aeropuerto. Me despido de él y voy en busca de la terminal 3, de donde sale mi avión. El equipo llegara sobre el medio día, en cambio yo llegare sobre las diez. Quiero aprovechar el máximo de tiempo para hacer un poco de turismo y conocer la ciudad.

 

Cuando llego a Málaga siento un aire cálido sobre mi piel, a pesar de que estamos en primavera aún. Y es que aun no me he acostumbrado al clima tan cálido que hay.  Llego al hotel, al mismo hotel donde se alojarán los jugadores, y pido mi habitación en la recepción. Al llegar a mi habitación dejo la mochila y cojo el bolso con todo lo imprescindible y salgo a la calle para conocer la ciudad.

 

 

Es por la tarde ya cuando llego al hotel, sí, me he pasado todo el día fuera visitando los lugares históricos de Málaga. Ya que estoy aquí tengo que aprovechar.

 

Durante el trayecto a mi habitación no me encuentro con ninguno de la plantilla así que lo más probable es que estén reunidos o en sus habitaciones descansando. Al llegar a la mía me meto en la ducha para refrescarme y al salir oigo que me llega un mensaje al móvil. Miro y mi sonrisa está ahí otra vez, sin querer borrarse.

 

“¿Estás en Málaga ya?” – pone el mensaje de Marco a las doce del medio día.

“¿Hola?, ¿María?” – me sigue poniendo a la hora de la comida.

“Me estas preocupando, ¿dónde estás?” – me dice a las cuatro de la tarde.

 

Y mensajes de este tipo tengo un millón, y no solo de Marco, que es un amor preocupándose por mí, y si estoy bien. Sino que tengo mensajes de Dani y de Isco casi cada dos minutos, y algún que otro de Marcelo, Sergio y Bale.

 

Y os estaréis preguntando porque narices no he cogido el teléfono en todo el día, pues muy fácil, quería desconectar, desconectar 100%. Perderme por las calles de Málaga, no tener que preocuparme por nada ni por nadie, simplemente solo pensar en mí y en mis pasos, en donde me llevarán estos últimos. Necesitaba un día para ser yo, para cuidarme, para darme cuenta las cosas pequeñas que me da la vida, para apreciar la belleza que asoma por cada esquina de la ciudad. Un día para mí. Así que para no preocuparles más decido contestar.

 

“Estoy bien, y sí ya estoy aquí. Llevo visitando la ciudad desde primera hora de la mañana” – le contesto a Marco porque sé que es el que más preocupado va a estar y porque es con el único con el que me apetece hablar.

 

Al cabo de un minuto me llega otro mensaje.

 

“Joder María, me tenías preocupado. No vuelvas a hacerme eso. ¿En qué habitación estás?” – me pone y noto el tono preocupado en lo que me ha escrito.

“Habitación 2020 planta 2” – le contesto sin más.

 

Cuando termino de arreglarme, que no ha pasado ni cinco minutos alguien llama a la puerta. Al abrirla no me da tiempo a ver quién es porque sus brazos rodean mi cuerpo y me estrechan contra él, dándome un abrazo fuerte.

 

No necesito verle para saber de quién se trata, solo con su tacto, con oír el pulso acelerado sé que es Marco.

 

          -       No vuelvas a hacer eso ¿vale? – me dice mientras coloca sus dos manos en mis mejillas para que le mire a los ojos.

             -       Lo siento, pero necesitaba desconectar – le contesto mirándole a los ojos.

             -       Está bien – me dice resignado.

 

Le dejo que pase a mi habitación y cierro la puerta, ya que si se enteran de que está aquí se le cae el pelo.




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