Mientras no me olvides, no me habré marchado del todo

Capítulo 39 - Te amo

Era como si el tiempo se hubiera detenido, como si todo lo que ocurre fuera, lejos de nosotros, no existiera. Mi corazón se acelera y nuestras respiraciones se aceleran.

 

Nos acercamos más y finalmente Marco acorta la distancia y me besa. Nuestros labios se funden por fin después de tanto tiempo. Y es como si nunca hubiéramos dejado de besarnos, nuestros labios se acoplan perfectamente, encajan como un puzzle.

 

Y seguimos así, besándonos tranquilamente, disfrutando él uno del otro. Su mano viaja a mi mejilla, me acaricia y me atrae más hacia él. Por mi parte yo rodeo su cuello con mis brazos, acercándonos más si es posible y Marco intensifica más el beso.

 

Al cabo de un rato nos separamos por falta de aire. Mis ojos permanecen cerrados intentando calmar mi pulso, que está acelerado. Marco me sigue acariciando la mejilla y al final abro los ojos. Y lo primero que me encuentro al hacerlo son sus preciosos ojos, esos ojos que me miran ilusionados, con amor y cariño, esos ojos que brillan con fuerza. E inevitablemente se me dibuja una sonrisa en la cara.

 

Nos seguimos mirando cuando no puedo evitarlo y me lanzo de lleno a sus labios nuevamente. Sus besos son como una droga para mí. Los besos cada vez se vuelven más intensos y acabo a horcajadas sobre él.

 

Sus manos viajan a mis mejillas, por mi cuello, bajan hasta mi cintura y me acaricia la cara. Mientras mis manos viajan por su torso, de arriba abajo, acariciando ese torso tan bien trabajado que tiene. Sus besos viajan desde mis labios, por mi mentón hasta llegar a mi cuello.

 

Y no puedo evitar soltar un suspiro, mi cuello es mi debilidad y sus besos cálidos me hacen temblar de placer. Cuando termina en esa zona realiza un recorrido de besos hasta llegar a mi oreja.

 

 

- Ven, vamos – me susurra con voz ronca.

 

 

Me coge en volandas y me deja en el suelo para después agarrar mi mano y dirigirme fuera del salón. Atravesamos el pasillo y nos dirigimos a su habitación. Pasamos dentro y cuando lo hago se gira, con una mano cierra la puerta y con la otra agarra mi cintura empujándome con brusquedad sobre la puerta.

 

 

Atención: si lees a partir de aquí es bajo tu responsabilidad, yo no me hago cargo de posibles traumas, ya que la escena es un poco subida de tono.

 

 

Coloca una mano sobre mi cabeza, la otra la sigue manteniendo en mi cintura y me besa. Me besa bruscamente, con intensidad y yo correspondo a sus acciones.

 

Sus labios se mueven ansiosos y me incitan a dejarle paso. Y lo hago, abro más mi boca y dejo que su lengua entre en la mía y comiencen una guerra, una guerra por ver quién es la más fuerte.

 

Su mano en la cintura pasa a mi mejilla y después tras mi nuca intensificando más si es posible el beso. La otra mano baja hasta mi cintura y de ahí sigue bajando hasta mis piernas, haciendo que alce esta y rodee con ella su cuerpo. 

 

Vuelve a besarme en el cuello y la mano que esta acariciando mi pierna pasa a mi culo. Ambas manos bajan a mi culo. Y mis manos siguen acariciando su torso pero esta vez meto mis manos bajo su camiseta tocando su piel. Al hacerlo Marco se estremece por el contacto y como consecuencia aprieta más mi culo. Mis manos siguen subiendo y soy yo esta vez la que comienza a bajar mis besos por su mentón y acabando en su cuello. Le oigo suspirar con fuerza. Y finalmente le quito la camiseta, dejando a la vista su tonificado pecho.

 

Marco me coge y me eleva haciendo que rodee su cuerpo con mis piernas. Me lleva en volandas hasta la cama y me suelta delicadamente sobre la cama. Baja dándome besos por la clavícula, mientras mis manos viajan libremente por su espalda, por su cuello. Sigue bajando, dejando besos húmedos por mi vientre hasta llegar a la cintura de mi pantalón. Lo baja con cuidado, mientras sigue dejando besos por mis piernas. Vuelve hacia arriba para seguir besándome. Y es cuando aprovecho el momento, ejerzo fuerza y me coloco encima de él.

 

Sus manos viajan hasta mis nalgas y se quedan allí, apretando, con total libertad, mientras me inclino encima de él para besarlo y dejarle marcas en su cuello. Y comienzo con un pequeño vaivén, de arriba a abajo, intentando provocarle, cosa que conseguí al sentirle duro allí abajo.

 

En este instante me quedo observándole, mirando esos preciosos ojos. Mis manos se dirigen hacia su pantalón, desabrochando su cinturón y el botón. Marco levanta las caderas un poco para facilitarme la acción y termino por quitarle el pantalón. Una vez sacado no puedo evitar suspirar. Vuelvo a colocarme otra vez encima de él, frotando así nuestras partes íntimas, mientras apoyaba mis manos sobre su pecho.

 

 

- Como… Como sigas así… mmm. No podré parar – dijo Marco con dificultad.

 

 

Y no quería que parara, así que dejando a un lado mi vergüenza le muestro una sonrisa pícara y me levanto de encima de él. Mis manos vuelan hasta la parte de atrás de mi sujetador y lo desabrocho. De la misma manera coloco mis manos en mis braguitas y, lenta e intentando provocarle, me las saco. Y de esta manera quedo completamente desnuda. Sin poder evitarlo me entran unos calores y me pongo roja de vergüenza, a lo que Marco responde con una risa.




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