CLARISSA
Dormir demasiado también cansa.
Nunca lo había entendido.
Ahora sí.
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Primero llega el sonido.
Un pitido.
Otro.
Otro más.
Constante.
Regular.
Como un metrónomo empeñado en recordarme que sigo aquí.
Después llega el olor.
Desinfectante.
Hospital.
Puaj.
No hace falta abrir los ojos para saber dónde estoy.
Aunque... tampoco recuerdo muy bien por qué.
Intento pensar.
No funciona.
Mi cabeza parece llena de algodón.
Muy caro, además.
Del bueno.
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Abro un ojo.
Mala idea.
Hay demasiada luz.
¿Quién ha decidido que los hospitales necesiten parecer el interior de un sol?
Vuelvo a cerrarlo.
Cinco segundos.
Lo intento otra vez.
Esta vez consigo mantenerlos abiertos.
El techo es blanco. Qué original. Los hospitales deberían plantearse decorar los techos. No sé. Poner dinosaurios. Constelaciones. Un pulpo.
Cualquier cosa menos blanco.
&&&
Parpadeo varias veces.
Todo está borroso.
Hay una ventana.
Una silla.
Una mesa.
Una...¿Planta?
Qué raro, me parece familiar.
¿Desde cuándo los hospitales decoran las habitaciones con cactus?
&&&
Intento mover una mano. Pesa muchísimo. Como si alguien hubiera decidido sustituir mis huesos por ladrillos. Al final consigo levantar apenas los dedos.
El movimiento tira de algo.
Miro y es una vía. Ah. Eso explica bastantes cosas.
Respiro hondo. Un completo error. Porque algo me duele. Muchísimo. Bajo la vista. Vendajes. Muchos. Demasiados, diría yo.
Entonces lo recuerdo.
El disparo.
Brad.
Sebastián.
La sangre.
Ah.
Vale.
Eso también explica bastantes cosas.
&&&
Giro muy despacio la cabeza.
Y entonces lo veo. Brad. Está dormido. Sentado en una silla imposible. Los brazos cruzados. La cabeza ligeramente inclinada. Parece incómodo incluso durmiendo.
Muy propio de él.
Tiene barba de varios días.
El pelo algo revuelto.
Y unas ojeras que podrían solicitar nacionalidad propia.
Qué mala cara tiene.
Lo observo unos segundos.
Nunca lo había visto dormir. Es raro. Cuando está despierto parece capaz de controlar absolutamente todo. Dormido...solo parece cansado. Muy cansado.
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Quiero llamarlo.
Pero la voz no sale.
Solo consigo un ruido extraño.
Algo entre un suspiro y una tostadora averiada.
Nada digno.
Lo intento otra vez.
-Br...
Nada.
Fantástico.
He perdido la capacidad de hablar como una persona.
Muevo un poco más la mano.
Los dedos rozan algo.
Una mano.
La suya.
No me había dado cuenta de que seguía sujetándola.
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Apenas hago fuerza.
Ni siquiera sé si él lo nota.
Pero...sus ojos se abren de golpe.
Como si nunca hubiera estado realmente dormido.
Me mira. No dice nada. Yo tampoco. Nos quedamos así unos segundos. Solo mirándonos.
Nunca le había visto esa expresión.
Alivio.
-Clarissa...
Su voz está completamente rota.
Qué raro.
Brad nunca rompe nada.
Ni siquiera la voz.
Sonrío un poquito.
O lo intento.
-No... sabía...
Tengo que parar para respirar.
-Había... entrada...de visita...los zombis.
Silencio.
Brad sigue mirándome. Muy serio.
Vale.
Quizá el chiste ha llegado demasiado pronto.
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De repente...se levanta.
Da dos pasos.
Y me abraza con muchísimo cuidado.
Como si tuviera miedo de romperme.
No aprieta.
Solo apoya la frente muy despacio sobre mi pelo.
No dice absolutamente nada.
Pero noto algo. Está temblando. Muy poco. Lo justo para que me dé cuenta.
Levanto una mano. Despacio. Tardo una eternidad. Al final consigo darle dos golpecitos muy suaves en la espalda. Como puedo.
-Tranquilo...estoy...casi entera...creo.
Él deja escapar una risa. Muy pequeña. Muy cansada.
-No vuelvas a hacerlo.
-Parte del espectáculo.
-No tiene gracia.
-Un poquito...
-No.
-Bueno...poquísimo.
Cuando se separa...sigue sujetándome la mano. Como si quisiera asegurarse de que sigo ahí.
-¿Cuánto...?
Él entiende la pregunta.
-Un mes y medio.
Lo miro.
Intento hacer las cuentas.
No me salen.
-Un...¿mes... y medio?
Asiente.
Madre mía.
He dormido más que mi móvil cuando se queda sin batería.
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Intento incorporarme.
El dolor protesta inmediatamente.
-Vale.
No.
El cuerpo ha votado en contra.
Brad me ayuda a colocar mejor la almohada.
-Con cuidado.
-No pensaba hacer parkour.
-Me alegro.
-Aunque ahora mismo tampoco podría.
Miro otra vez alrededor.
Entonces vuelvo a fijarme en la planta. No. Las plantas. Hay dos.
Frunzo ligeramente el ceño.
-Un momento...¿Ernesto...no estaba...solo?
Brad sigue mi mirada.
-No.
-¿Quién...es el otro?
Él responde con absoluta seriedad.
-Fernando.
Silencio.
-¿Qué?
-Malena insistió.
-¿Hay...dos?
-Sí.
-¿Con...nombre?
-Sí.
-¿Fernando?
-Sí.
Lo miro. Luego miro las plantas. Luego vuelvo a mirarlo.
-He estado...un mes y medio...dormida...¿y Ernesto...ha hecho amigos?
Brad suspira.
-No preguntes.
No puedo evitar reírme. Muy poquito. Porque duele.
Pero aun así...me río.
Y, por primera vez desde que todo ocurrió...la habitación deja de parecer únicamente un hospital.
Y empieza a parecer un lugar del que, quizá...algún día...podré salir.