BRAD
Hay personas que creen que el peor momento es cuando alguien recibe un disparo.
No.
El peor momento llega después.
Cuando descubres que el miedo no desaparece.
Solo cambia de forma.
&&&
Clarissa vuelve a quedarse dormida apenas unos minutos después.
Los médicos ya me habían avisado.
No permanecerá despierta mucho tiempo.
Su cuerpo todavía necesita recuperarse.
Aun así...ver cómo vuelve a cerrar los ojos hace que una parte de mí se tense otra vez.
El monitor continúa marcando el mismo ritmo constante.
Pip. Pip. Pip.
Perfecto.
Mientras siga sonando...todo irá bien.
Quiero creerlo.
&&&
La puerta se abre despacio.
Entran dos médicos.
Uno de ellos me dedica una mirada tranquila.
-Se ha cansado mucho.
Asiento.
Lo suponía.
-Ha despertado antes de lo que esperábamos.
-¿Eso es bueno?
-El hecho de que despierte, sí.
Hace una pequeña pausa.
-Ahora empieza la recuperación de verdad.
Miro a Clarissa.
Sigue exactamente igual que hace unos minutos.
Solo que vuelve a dormir.
El médico consulta unas hojas.
-La herida cicatriza bien.
No hay infección.
La bala no dañó ningún órgano vital.
Eso ya lo sabía.
Necesito escuchar algo más.
-¿Y?
Él levanta la vista.
-Tendrá dolores durante bastante tiempo. Probablemente necesite rehabilitación. Le costará recuperar fuerza. Puede agotarse muy rápido durante las primeras semanas.
Asiento una vez.
Nada de eso importa.
Está viva.
Lo demás...ya llegará.
-El aspecto psicológico será igual de importante.
Frunzo ligeramente el ceño.
-¿Por qué?
-Porque recibir un disparo no es solo una lesión física.
Hace una pausa.
-Es un trauma.
No respondo.
No hace falta.
Ya lo sabía.
Clarissa fingirá que todo está bien.
Hará bromas.
Se reirá.
Intentará que los demás se olviden.
Pero yo sé perfectamente cuándo está fingiendo.
Porque llevo demasiado tiempo observándola.
&&&
Los médicos terminan de revisar el gotero.
Uno de ellos sonríe levemente.
-Ha tenido mucha suerte.
No.
No la ha tenido.
Si hubiera tenido suerte...nunca habría encontrado aquella pistola.
Si hubiera tenido suerte... nunca habría tenido que elegir entre su vida y la mía.
&&&
Salgo unos minutos al pasillo.
Necesito aire.
Aunque aquí tampoco haya demasiado.
El hospital huele exactamente igual que ayer.
Y que hace una semana.
Y que hace un mes.
Empiezo a pensar que este edificio no conoce otro olor.
-Me preguntaba cuánto tardarías en salir.
Reconozco la voz antes incluso de girarme.
Pamela.
Está sentada junto a una ventana.
Un café descansa entre sus manos.
Ni siquiera parece caliente.
Me acerco.
-Está despierta.
-Lo sé. Los médicos ya me lo han comunicado.
No me sorprende.
Pamela siempre se entera antes que los demás.
-Ha hablado.
-¿Mucho?
-No.
-Pero ha hecho bromas.
Asiento.
Ella sonríe apenas.
-Eso significa que sigue siendo Clarissa.
Durante unos segundos ninguno dice nada.
No hace falta.
-¿Has dormido algo esta semana?
La pregunta llega sin previo aviso.
-No mucho.
-Lo imaginaba.
-No tenía sueño.
Mentira.
Simplemente...no quería dormir.
Porque mientras dormía...no podía vigilarla.
Pamela parece leerme el pensamiento.
-Brad.
Levanto la vista.
-No puedes seguir así eternamente.
-No pienso hacerlo eternamente.
-Entonces...
-Hasta que salga del hospital.
Silencio.
Después asiente muy despacio.
Era la única respuesta que esperaba.
-También quería hablar contigo de otra cosa.
La miro.
-La matrícula de Medicina. Ya han abierto el plazo.
Lo había olvidado.
O quizá simplemente...había decidido olvidarlo.
-Puedo hacerlo más adelante.
-No.
Responde con la misma calma de siempre.
-Puedes matricularte ahora y empezar cuando corresponda. No es incompatible con estar aquí.
No digo nada.
Porque tiene razón.
Y eso resulta incómodo.
-Serías un buen médico.
La observo unos segundos.
-¿Por qué estás tan segura?
-Porque llevas un mes y medio intentando salvar a alguien sin tener conocimientos para hacerlo.
Bajo la vista.
Las manos todavía conservan pequeñas cicatrices.
Quemaduras.
Cortes.
Heridas de esos días.
-He hecho lo mínimo.
-No.
Niega despacio.
-Has hecho mucho más de lo que crees.
No respondo.
Nunca he sabido responder cuando alguien dice algo bueno sobre mí.
&&&
Pamela termina el café.
Se pone en pie.
-Ya he hablado con la universidad.
Parpadeo.
-¿Qué?
-Han reservado tu plaza.
La miro.
-No hacía falta.
-Lo sé. Pero la necesitabas igualmente.
Antes de marcharse...apoya una mano muy brevemente sobre mi hombro.
-Un consejo.
Espero.
-Cuídala. Pero deja que ella también cuide de ti.
Después se aleja por el pasillo.
No vuelvo a verla doblar la esquina.
Porque sigo pensando en esa última frase.
Clarissa cuidando de mí.
Suena imposible.
Y, sin embargo...ya lo ha hecho muchas veces.
Sin darse cuenta.
La primera vez fui yo quien la mantuvo cautiva.
Ahora era ella quien me mantenía a mí en aquel hospital.
Y lo más extraño era descubrir que el único lugar del que no quería marcharme era aquel. Mientras ella siguiera allí.