Mientras sigamos aquí (2)

Capítulo 8

BRAD

Nunca imaginé que abandonar una habitación pudiera costarme tanto.

Clarissa duerme profundamente. Hace apenas una hora estaba despierta. Bromeando. Quejándose de la rehabilitación. Convencida de que sus piernas habían decidido dimitir.

Ahora vuelve a descansar.

El monitor continúa marcando el mismo ritmo tranquilo de siempre.

Pip Pip Pip.

Me levanto de la silla despacio.

Una enfermera entra justo cuando me dispongo a salir.

-Puede ir tranquilo -dice con una sonrisa amable-. Estará dormida bastante rato.

Asiento.

-Volveré enseguida.

Ella no responde. Solo sonríe otra vez. Como si supiera que llevo un mes y medio diciendo exactamente la misma frase.

&&&

El hospital queda atrás.

El trayecto hasta la universidad dura poco.

Pero se me hace extraño.

Hace meses mi futuro consistía únicamente en obedecer órdenes.

Ahora conduzco hacia una facultad.

Todavía no termino de acostumbrarme a esa idea.

&&&

El edificio de Medicina aparece al final de la avenida. Es enorme. Mucho más de lo que imaginaba.

Hay estudiantes entrando y saliendo continuamente. Algunos llevan batas blancas. Otros sujetan libros tan gruesos que parecen capaces de romper una mesa.

Durante unos segundos me quedo inmóvil. Observándolos.

Todos parecen saber exactamente hacia dónde van.

Yo todavía estoy intentando descubrirlo.

&&&

La secretaría está llena de gente.

Espero mi turno.

Una chica delante de mí habla emocionada con sus padres. Otro chico revisa nervioso unos papeles. Nadie presta atención a los demás.

Supongo que eso facilita las cosas.

-¿Brad Dufour Morozova?

Levanto la vista.

La administrativa me hace un gesto para que me acerque. Le entrego la documentación. Revisa cada hoja con calma.

Teclea algo en el ordenador.

Después sonríe.

-Todo correcto.

Firma varios documentos y me los devuelve.

-Bienvenido a la facultad de Medicina.

Solo dos palabras. Pero consiguen que algo cambie dentro de mí. Bienvenido. Nunca nadie me había dado la bienvenida a un futuro.

&&&

Cuando salgo del edificio encuentro a Pamela apoyada junto al coche.

No me sorprende.

Siempre sabe dónde encontrarme.

-¿Todo bien?

Asiento.

-Ya está hecho.

Ella observa la carpeta que llevo en la mano.

-¿Qué tal?

Pienso la respuesta unos segundos.

-Raro.

Una pequeña sonrisa aparece en su rostro.

-Eso significa que era importante.

&&&

Empezamos a caminar sin un destino concreto.

El campus está lleno de estudiantes. Algunos ríen. Otros discuten por algún trabajo. La normalidad tiene un ruido muy particular.

Lo había olvidado.

-Clarissa ha perdido el piso -le digo.

Asiente.

-Lo sé. Catalina me lo ha dicho hoy y dice que se lo va a decir a Malena.

La miro.

-Cuando salga del hospital podrá quedarse con ellas todo el tiempo que necesite.

El aire parece entrar un poco mejor en mis pulmones.

-Gracias.

-No me las des a mí.

Hace una pausa.

-Dáselas a las personas que siguen apareciendo cuando más se las necesita.

&&&

Continuamos caminando.

-También está preocupada por la universidad.

-Lo sé.

-Ha dicho que quizá cambie de carrera.

Pamela permanece unos segundos en silencio.

Después responde.

-Puede que la cambie. O puede que no. La decisión será suya.

Asiento.

-Quiero ayudarla.

-Hazlo.

Me mira directamente.

-Pero no vivas su vida por ella.

Frunzo ligeramente el ceño.

-¿Qué quieres decir?

-Que ayudar no consiste en decidir por alguien. Consiste en caminar a su lado mientras decide.

No encuentro ninguna respuesta. Porque tiene razón. Y porque llevo demasiado tiempo intentando proteger a Clarissa de todo.

Incluso de las decisiones que solo le pertenecen a ella.

&&&

Cuando regreso al hospital ya ha anochecido.

La habitación continúa en silencio.

Clarissa sigue dormida. Ernesto permanece junto a la ventana. Fernando está exactamente a su lado.

Los observo unos segundos.

Después me acerco.

-No la dejéis sola.

Silencio.

Me quedo mirando las dos macetas.

Acabo de hablar con dos plantas. Definitivamente necesito dormir más. Entonces escucho una voz muy bajita.

-Creo...

Levanto la cabeza inmediatamente.

Clarissa tiene los ojos entreabiertos.

-...que ya hablan entre ellos...

La miro.

Todavía está medio dormida.

Sonríe apenas.

Miro otra vez a las plantas.

-Espero que Fernando no sea una mala influencia para Ernesto.

Ella deja escapar una risa muy pequeña.

-Imposible...

Murmura.

-Fernando...tiene...cara...de organizar...fiestas...

-Lo sospechaba.

-Y Ernesto...luego...se queja...

No puedo evitar sonreír.

-Tendré que vigilarlos.

Clarissa asiente muy despacio.

-Hazlo...

Vuelve a cerrar los ojos.

Esta vez el sueño llega acompañado de una pequeña sonrisa.

Me siento otra vez junto a la cama.

Y, por primera vez desde que crucé las puertas de la Facultad de Medicina...comprendo que el lugar donde realmente empezaba mi futuro no era aquella universidad.

Era exactamente aquí.

Sentado al lado de la persona con la que quería compartirlo.




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