Mientras sigamos aquí (2)

Capítulo 9

MALENA

Nada más entrar, el olor a milanesas invade toda la casa.

No puedo evitar sonreír.

-¿Ma?

-¡En la cocina, hija!

Dejo la mochila junto al sofá y camino hasta allí.

Mi madre está de espaldas, terminando de preparar la cena mientras suena una vieja emisora de radio.

Levanta la vista en cuanto me ve.

-¿Y?

No hace falta que diga el nombre.

Las dos sabemos de quién está hablando.

-Está mejor.

Una sonrisa aparece enseguida en su cara.

-¿Sí?

Asiento.

-Hoy caminó unos pasitos en rehabilitación.

-¿Y cómo le fue?

-Bueno...terminó diciendo que sus piernas habían decidido renunciar.

Mi madre se ríe.

-Esa chica...

-Sigue siendo ella.

Las dos nos quedamos unos segundos en silencio. Un silencio bonito. De esos que no pesan.

&&&

Mi madre apaga el fuego.

Se seca las manos con un repasador.

—Mali...

La miro.

Su tono cambia un poco.

-Estuve pensando.

Ya conozco esa frase. Siempre significa que lleva días dándole vueltas a algo.

-Cuando Clarissa salga del hospital...

Hace una pequeña pausa.

-Quiero que venga a vivir con nosotras.

Parpadeo.

-¿En serio?

-¿Vos pensabas que iba a dejar que se fuera sola después de todo lo que pasó?

Niego con la cabeza.

Pero siento un nudo en la garganta.

-Va a necesitar tiempo -respondo.

-Y acá lo va a tener.

Mi madre se acerca.

-Escuchame una cosa.

Levanto la vista.

-Esa chica ya es de la familia hace años. No hace falta compartir sangre para querer a alguien.

Las lágrimas aparecen antes de que pueda detenerlas. La abrazo. Fuerte.

-Gracias, ma...

Ella me acaricia el pelo como hacía cuando era chica.

-No me des las gracias. Dáselas cuando esté acá y vuelva a dejar los vasos sucios por toda la casa.

No puedo evitar reírme.

-Eso lo va a hacer seguro.

-Entonces ya ves que vuelve a estar recuperándose.

&&&

Después de cenar subo al cuarto de invitados. Hace mucho que nadie duerme aquí.

Abro el armario. Está medio vacío. Empiezo a hacer sitio. Doblo unas mantas. Cambio las sábanas.

Abro la ventana para que entre aire.

Mientras guardo unas cajas encuentro una fotografía.

Clarissa y yo.

Tendremos diecisiete años. Estamos llenas de pintura hasta en la cara. Recuerdo perfectamente aquel día. Habíamos intentado redecorar mi habitación. Terminamos pintándonos la una a la otra. Y mi madre estuvo una semana encontrando manchas de pintura por toda la casa.

Sonrío sola.

-Boluda...

Murmuro.

-Cómo te extrañé...

Dejo la fotografía sobre la mesita.

Creo que le gustará verla cuando llegue.

&&&

El timbre suena poco después. Bajo corriendo. Abro la puerta. Damon. Lleva las manos en los bolsillos.

-Hola, Lena -me sonríe.

-Hola, Didi -le digo con una sonrisa amplia.

-¿Interrumpo algo? -dice dándome un beso.

-No.

Me aparto para dejarlo pasar.

-Pasá.

&&&

Subimos directamente al piso de arriba.

Le enseño la habitación. Todavía falta decorar algunas cosas. Pero ya empieza a parecer un lugar donde alguien puede vivir.

Damon observa alrededor.

-Le va a gustar.

Lo miro.

-¿Vos decís?

-Sí.

Hace una pausa.

-Se va a sentir en casa.

Bajo la vista.

-Eso espero.

Nos sentamos en el borde de la cama. Durante unos segundos ninguno habla. No hace falta. A veces el silencio también acompaña.

-¿Sabés qué es lo más raro?

Él gira un poco la cabeza hacia mí.

-¿Qué?

-Hace un mes y medio pensaba que la iba a perder.

Mi voz sale mucho más bajita de lo que esperaba.

Damon no responde enseguida. Simplemente busca mi mano. Entrelaza sus dedos con los míos. Los aprieta despacio.

-No la perdiste.

Trago saliva.

-Pero casi.

Él asiente.

-Lo sé.

Vuelvo a mirarlo.

-Todavía me despierto algunas noches pensando que todo fue una pesadilla.

-A mí también me pasa.

Su sinceridad me sorprende. Damon casi nunca habla de lo que siente.

-¿En serio?

-Sí.

Hace una pequeña pausa.

-Pero después me acuerdo de que hoy se estuvo peleando con una enfermera por unas galletitas.

No puedo evitar reírme.

-Eso es muy Clarissa.

-Muchísimo.

Seguimos sentados. Sin soltar nuestras manos.

-Gracias.

Él me mira.

-¿Por qué?

-Por quedarte.

Damon sonríe muy despacio.

-Nunca tuve intención de irme.

Siento que el corazón me late un poquito más rápido. Me acerco apenas unos centímetros. Él hace lo mismo.

Esta vez nadie nos interrumpe. Nadie nos persigue. Nadie intenta sobrevivir. Solo somos nosotros.

Sus labios encuentran los míos con una calma que no conocíamos.

El beso dura apenas unos segundos.

Pero, por primera vez...no sabe a despedida.

Y comprendí que algunos besos no sirven para olvidar el pasado. Sirven para empezar a creer en lo que viene después.

&&&

Cuando Damon se marcha, vuelvo a entrar en la habitación.

La observo una vez más. La fotografía. La cama. El armario ya preparado.

Todo está listo.

Solo falta ella.

Y mientras apago la luz antes de salir...pienso que, quizá, reconstruir una vida empieza exactamente así.

Preparando un lugar al que alguien pueda llamar hogar otra vez.




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