Mientras sigamos aquí (2)

Capítulo 12

BRAD

El médico tarda exactamente ocho minutos en aparecer. No es que esté contando. Solo llevo demasiado tiempo viniendo a este hospital como para no conocer ya sus horarios.

Golpea dos veces la puerta antes de entrar.

-Buenos días.

Clarissa levanta la vista del libro que lleva diez minutos fingiendo leer.

-¿Trae buenas noticias o viene a arruinarme el día?

El médico sonríe.

-Depende de cómo te lleves con la rehabilitación.

-Mal.

-Entonces quizá no tanto.

Ella resopla.

-Lo sabía.

No puedo evitar sonreír.

&&&

El médico revisa la herida con cuidado. Después le pide que respire hondo. Comprueba las constantes. Anota varias cosas en la historia clínica.

Finalmente cierra la carpeta.

-La evolución está siendo muy buena.

Clarissa arquea una ceja.

-Eso ha sonado peligrosamente optimista.

-Porque lo es.

Hace una pequeña pausa.

-Si todo sigue así...podrás recibir el alta la semana que viene.

La habitación queda completamente en silencio.

Clarissa parpadea.

-¿En serio?

-En serio.

Ella gira inmediatamente la cabeza hacia mí. Tiene esa sonrisa enorme que llevaba demasiado tiempo sin ver.

-¿Has oído eso?

Asiento.

-Sí.

-¡Voy a salir de aquí!

Levanta los brazos con tanta emoción que enseguida hace una mueca.

-Ay.

Se lleva una mano al costado.

-Vale...quizá no debería celebrar las cosas tan fuerte.

El médico niega con la cabeza, divertido.

-Eso mismo iba a decir yo.

&&&

Cuando termina la revisión se marcha. La puerta vuelve a cerrarse.

Clarissa sigue sonriendo. No deja de hacerlo. Creo que ni siquiera se da cuenta.

-Una semana...

Murmura.

-Una semana...

La observo unos segundos.

Durante un mes y medio pensé que quizá nunca llegaría este momento.

Ahora está aquí.

Y, aun así...siento algo extraño en el pecho.

&&&

-¿En qué piensas?

Levanto la vista. Ella sigue mirándome.

-En nada.

Entrecierra los ojos.

-Mentiroso.

-No soy muy bueno mintiendo.

-No.

Sonríe.

-Eso ya lo sabía.

Baja la vista hacia las sábanas.

-Tengo un poco de miedo.

La confesión sale tan bajita que casi pasa desapercibida.

-¿Por qué?

Se encoge ligeramente de hombros.

-Porque aquí ya aprendí cómo funciona todo.

Hace un gesto alrededor.

-Conozco a las enfermeras. Sé cuándo viene la fisioterapeuta. Hasta ya me acostumbré a la comida horrible.

No puedo evitar una sonrisa.

-Eso tiene mérito.

Ella suspira.

-Pero afuera...

Hace una pausa.

-Todo cambió mientras yo dormía.

No encuentro una respuesta inmediata.

Porque tiene razón.

Me siento a su lado.

-No tienes que hacerlo todo de golpe.

Ella permanece en silencio.

-Malena ya está preparando una habitación para ti.

Levanta la cabeza.

-¿Cómo sabes eso?

-Pamela habló con su madre.

Sus ojos se humedecen apenas.

-Son unas idiotas.

-¿Las dos?

-Las dos.

Sonríe.

-Las quiero muchísimo.

&&&

Llaman otra vez a la puerta. Esta vez entra la fisioterapeuta.

-¿Preparada?

Clarissa la mira horrorizada.

-No.

-Perfecto.

-¿Cómo que perfecto?

-Eso significa que podemos empezar.

-Creo que no entendemos el significado de esa palabra.

&&&

Diez minutos después volvemos al pasillo.

Clarissa avanza despacio. El andador rechina un poco cada vez que lo mueve. Un paso. Luego otro. Y otro más.

Esta vez llega mucho más lejos que el día anterior.

Cuando está a punto de girar la esquina...una de sus piernas falla. Todo ocurre en apenas un segundo.

La sujeto por la cintura antes de que pueda perder el equilibrio. Ella se queda completamente quieta. Yo también.

Estamos demasiado cerca.

Puedo notar cómo intenta recuperar el aire.

-¿Estás bien?

Pregunto casi en un susurro.

Asiente. Pero no se aparta. Levanta despacio la cabeza. Nuestros ojos se encuentran.

Durante unos segundos desaparece el hospital. Las máquinas. Las paredes blancas. Incluso el pasillo.

Solo estamos los dos. Muy cerca. Demasiado cerca. Durante un instante olvido que la estoy sujetando para que no se caiga. Solo soy consciente de que nunca la había tenido tan cerca. Ella tampoco parece tener prisa por apartarse.

Ella sonríe.

-Creo...

Dice despacio,

-...que necesito practicar eso de caminar.

No puedo evitar reírme.

-Sí.

-Pero...

Añade.

-Gracias por no dejar que me estampara contra el suelo. Creo que habría sido un poco vergonzoso.

-Muy vergonzoso, sí.

La fisioterapeuta carraspea con discreción unos pasos más atrás.

-¿Seguimos?

Clarissa se sobresalta un poco.

-Sí.

Claro.

Caminar.

Habíamos venido a eso.

Vuelve a colocar las manos sobre el andador. Ella continúa avanzando. Esta vez un poco más despacio.

Yo camino a su lado.

Sin tocarla.

Pero lo bastante cerca como para sujetarla si vuelve a perder el equilibrio.

Y, por alguna razón...ninguno de los dos volvió a decir nada. Tampoco hizo falta.

A partir de ese momento, cada vez que Clarissa daba un paso, yo caminaba exactamente a su lado.




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