Mientras sigamos aquí (2)

Capítulo 15

SIMON

Llegar cinco minutos antes a Historia debería contar como crecimiento personal.

O como un milagro.

Todavía no lo tengo decidido.

Entro en clase con la mochila colgando de un hombro y, por primera vez desde que empezó el curso, no soy el último.

Hugo ya está sentado en nuestra mesa. En cuanto me ve, levanta una mano.

-¡Eh!

-Milagro.

Frunce el ceño.

-¿Qué?

-Has llegado antes que yo.

Se lleva una mano al pecho.

-Es un honor.

-No te acostumbres.

Dejo la mochila en el suelo y me siento a su lado.

Hugo empieza a rebuscar dentro de la suya.

-Tomé apuntes por si te perdías algo.

Lo miro.

-¿En serio?

-Claro.

Abre el cuaderno.

Las primeras páginas parecen sacadas de un libro de texto. Todo ordenado, limpio y con colores.

Paso un par de hojas.

A partir de ahí...el desastre.

-La tercera semana dejé de entender al profesor.

-Normal.

-Así que empecé a dibujar dinosaurios.

Paso otra página.

Hay un tiranosaurio con gafas.

Lo observo unos segundos.

-Es bastante bueno.

-Gracias.

Asiente muy serio.

-Creo que representa mi estado emocional.

Me río antes de poder evitarlo. Él también. Tiene un hoyuelo en la mejilla izquierda. Qué raro. Juraría que nunca me había fijado.

Aparto la vista justo cuando entra el profesor.

Perfecto.

Ahora toca fingir que entiendo Historia.

Spoiler: no va a pasar.

&&&

El profesor lleva unos ocho minutos hablando. O quizá veinte. Es imposible saberlo. En algún momento empieza a explicar no sé qué guerra.

Intento seguir el hilo. Lo pierdo. Lo vuelvo a encontrar. Lo vuelvo a perder.

Mi cerebro decide que es mucho más interesante preguntarse por qué los pupitres escolares siempre cojean de una pata.

&&&

Cuando suena el timbre siento que acabo de sobrevivir a un documental de tres horas.

Hugo cierra el libro.

-¿Comes conmigo en el descanso?

-Claro.

Contesto tan rápido que ni me da tiempo a pensarlo.

Él simplemente asiente.

Como si fuera la cosa más normal del mundo.

&&&

El patio está lleno.

Buscamos un banco un poco apartado y nos sentamos.

Hugo abre la mochila otra vez.

Saca un bocadillo gigantesco.

Lo miro. Luego miro el bocadillo. Luego vuelvo a mirarlo a él.

-¿Qué?

-Nada.

-Me estás juzgando.

-Solo intento entender cómo demonios cabe eso dentro de una mochila.

Sonríe.

-Es talento.

Asiento muy serio.

-Impresionante.

Se ríe. De verdad. Y yo también.

&&&

Después de un rato deja el bocadillo sobre las piernas.

-¿Estás mejor?

La pregunta llega sin rodeos. Pero tampoco pesa. No suena a interrogatorio. Solo...a curiosidad.

Tardo unos segundos en contestar.

-Sí.

Me rasco la nuca.

-Creo.

Él asiente despacio.

-No hace falta que me cuentes nada si no te apetece.

Y ya está.

No insiste.

No intenta sacar conversación.

No pone esa cara de pena que pone mucha gente cuando descubre que tu vida ha sido un desastre durante un tiempo.

Simplemente...sigue ahí.

Y, sinceramente, se lo agradezco muchísimo.

El resto del recreo hablamos de cualquier tontería. De un examen imposible. De un profesor que parece hablar en otro idioma. De una serie que Hugo insiste en que tengo que ver. No hablamos de mi familia.

Y por primera vez en mucho tiempo...me doy cuenta de que llevaba meses echando de menos conversaciones que no intentaran arreglarme la vida.

&&&

Cuando terminan las clases salimos juntos del edificio.

-¿Te llevo?

Lo miro.

-¿Cómo?

-Mi hermano vino en coche.

Se encoge de hombros.

-Podemos acercarte.

Sonrío.

-Gracias. Pero vienen a buscarme.

-Vale.

Da un paso hacia atrás.

-Entonces mañana.

-Mañana.

Empieza a alejarse.

Antes de cruzar la puerta del instituto se gira otra vez.

Levanta la mano para despedirse.

Se la devuelvo casi sin pensar.

&&&

Cuando llego a la mansión, Max está en la entrada de siempre.

-Buenas tardes, señorito Simon.

-Hola, Max.

-¿Qué tal el Bachillerato?

Me encojo de hombros.

-No ha estado mal.

Él sonríe.

-Me alegro.

-Yo también.

Qué raro decir eso.

Hace unas semanas no quería volver.

Ahora...bueno.

Ahora no está tan mal.

&&&

Subo a mi habitación.

Lanzo la mochila al suelo.

Falla el lanzamiento y cae encima de una zapatilla.

Magnífico.

En ese momento vibra el móvil.

Un mensaje de Hugo.

Hugo:

"Se me olvidó decirte que el dinosaurio con gafas tiene nombre."

Frunzo el ceño.

Simon:

"¿Cómo se llama?"

La respuesta llega enseguida.

Hugo:

"Gregorio."

No puedo evitar soltar una risa.

Simon:

"Es un nombre bastante digno para un dinosaurio."

Hugo:

"Lo sé."

"Mañana te enseño al velociraptor contable."

Dejo el móvil sobre la mesa.

No ha sido una conversación importante.

Ni profunda.

Ni de esas que te cambian la vida.

Solo hemos hablado de dinosaurios absurdos.

Y, aun así...sonrío.

Miro el reloj.

Faltan casi dieciocho horas para volver al instituto.

Qué exageración de tiempo.




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