Mientras sigamos aquí (2)

Capítulo 16

MALENA

Todavía no entiendo cómo una persona puede ocupar tanto espacio sin estar en casa.

La habitación de invitados ya está lista. La cama hecha. La manta doblada al pie. La lamparita encendida solo para comprobar que funciona.

Y, sobre la mesita, la fotografía que encontré hace unos días.

Clarissa y yo, cubiertas de pintura de pies a cabeza.

Sigo pensando que fue una pésima idea redecorar el cuarto de invitado porque se me da mal, pero esta vez me quedó bastante lindo.

&&&

-¿Otra vez acá?

Levanto la vista.

Mi mamá aparece apoyada en el marco de la puerta con una taza de mate cocido entre las manos.

-Estoy comprobando que no falte nada.

Ella mira alrededor.

-Hace una hora dijiste exactamente lo mismo.

-¿Y?

-Que si seguís entrando cada diez minutos, la pobre Clarissa va a pensar que preparaste una habitación de exposición.

No puedo evitar reírme.

—Es que quiero que esté cómoda.

Mi mamá se acerca despacio.

Acomoda un cojín que ya estaba perfectamente acomodado.

-Lo va a estar.

La observo.

-¿Cómo estás tan segura?

Me sonríe con esa tranquilidad que siempre consigue contagiarme.

-Porque la va a esperar gente que la quiere.

Hace una pausa.

-Y eso vale más que cualquier habitación linda.

&&&

Un rato después salgo de casa.

Hoy no tengo clase por la tarde.

Así que voy caminando hasta el hospital.

Hace unos meses odiaba este camino.

Ahora...simplemente deseo que sea la última semana que tenga que hacerlo.

&&&

Cuando entro en la habitación, Clarissa está sentada en la cama. Tiene un cuaderno sobre las piernas. Y una expresión de absoluta concentración.

-¿Qué hacés?

Levanta la cabeza.

-Una lista.

-¿De qué?

Me enseña la hoja.

"Aprender a caminar sin parecer un flamenco."

"No discutir con las enfermeras."

"Convencer a Brad de que Margarita conspira."

La miro unos segundos.

-Seguís completamente loca.

-Gracias.

-No era un cumplido.

-Lo sé.

Sonríe igual.

&&&

Me siento a su lado.

-Tengo algo para mostrarte.

Saco el teléfono.

Abro la galería.

La primera fotografía aparece en la pantalla. Su futura habitación. Clarissa tarda unos segundos en reaccionar.

Después pasa a la siguiente. Y a la siguiente. La cama. La biblioteca. La ventana. La fotografía de las dos.

Se queda completamente callada.

-¿Te gusta?

Pregunta bastante estúpida. Porque tiene los ojos brillantes.

-Es...

No termina la frase.

Sigue mirando las fotos.

-Mamá insistió en poner una manta porque dice que siempre tenés frío.

Ella se ríe bajito.

-Tiene razón.

-También escondió chocolates en un cajón.

-¿Dónde?

-No te pienso decir.

-Traidora.

-Vos también los buscarías.

-Obviamente.

Seguimos mirando las fotos.

Hasta que Clarissa apaga la pantalla del móvil.

-Leni...

-¿Sí?

-¿De verdad no os molesta?

La miro sin entender.

-¿Qué cosa?

-Que vaya a vivir con ustedes.

Suspira.

-Voy a ocupar espacio.

-Sí.

Parpadea.

-¿Sí?

-Claro.

Respondo como si fuera la cosa más evidente del mundo.

-Vas a ocupar el baño durante horas.

Ella pone cara de ofendida.

-¡Eso es mentira!

-También vas a dejar vasos por toda la casa.

-Puede ser...

-Y seguramente te robes alguna de mis sudaderas.

Ahora baja la vista.

-Bueno...

-Y ojalá hagas todo eso.

Levanta la cabeza otra vez.

-Porque significará que ya te sentís en casa.

No dice nada. Simplemente se acerca. Me abraza con cuidado. Muy despacio. Todavía tiene miedo de hacerse daño. Yo la abrazo igual de fuerte.

-Gracias -murmura.

-No me agradezcas nada, boluda.

Le acaricio la espalda.

-Las mejores amigas sirven para esto. Vos habrías hecho exactamente lo mismo por mí.

-¿Para qué?

-Para aparecer cuando la otra se cae.

Se queda unos segundos en silencio.

Después sonríe.

—Tú siempre apareces.

-Y vos también.

&&&

Cuando nos separamos llaman a la puerta.

Brad entra con dos cafés y una botella de agua.

Nos mira.

-¿Interrumpo?

-Sí.

Responde Clarissa muy seria.

-Estamos teniendo un momento.

Él asiente con toda naturalidad.

-Entonces espero.

Da un paso hacia atrás.

Clarissa rompe a reír.

-Era un chiste.

-Lo imaginaba.

Se acerca y deja el café sobre la mesita.

Yo observo la escena.

Él ya sabe exactamente dónde deja las cosas. Dónde guarda las mantas. Cuál es el vaso favorito de Clarissa.

Y ella ya deja de darle las gracias por cada pequeño gesto.

Porque empieza a asumir que él simplemente...está.

Y, por alguna razón, eso me hace sonreír.

&&&

Cuando salgo del hospital ya está anocheciendo.

Mi teléfono vibra.

Didi:

"¿Ya saliste?"

Sonrío antes incluso de responder.

Malena:

"Sí."

Levanto la cabeza.

Al otro lado de la calle está Damon, apoyado sobre el coche.

En cuanto nuestras miradas se encuentran...sonríe.

Y siento esa tranquilidad tan rara que solo aparece cuando alguien empieza a convertirse en hogar.

Camino hasta él.

No hace falta decir nada.

Él simplemente entrelaza sus dedos con los míos antes de abrirme la puerta del coche.

Y, mientras arrancamos rumbo a casa, pienso que quizá reconstruir una vida no consiste solo en recuperar lo perdido.

También consiste en descubrir, poco a poco, todas las personas que deciden quedarse mientras la reconstruyes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.