BRAD
Nunca imaginé que un horario pudiera dar tanto miedo.
Miro otra vez el papel que me entregaron en la facultad.
Primer curso de Medicina.
Lunes: Anatomía. Biología Celular. Histología.
Martes: Bioquímica. Anatomía otra vez. Prácticas de laboratorio.
Vuelvo a leerlo.
Y llego exactamente a la misma conclusión.
Voy a dormir poco.
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-¿Muy grave?
Levanto la vista.
Una chica de mi curso señala el horario que tengo entre las manos.
-Todavía estoy intentando descifrarlo.
Ella sonríe.
-Bienvenido a Medicina.
No parece una bienvenida especialmente esperanzadora.
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La presentación termina casi dos horas después.
Nos enseñan el campus. Los laboratorios. La biblioteca. El edificio donde haremos las prácticas.
También nos explican que las clases empiezan oficialmente el lunes siguiente. Y que Anatomía será una de las asignaturas más exigentes del curso.
No me sorprende.
Sí me sorprende descubrir que tendremos prácticas desde el principio.
Mientras el profesor sigue hablando, bajo la vista hacia el horario.
Por costumbre saco el móvil.
Son las once y cuarto.
A esta hora...Clarissa suele estar en rehabilitación.
Guardo el teléfono otra vez.
Todavía me resulta extraño no estar allí.
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Antes de salir del campus paso por la librería universitaria.
Compro el primer atlas de Anatomía recomendado por los profesores.
Pesa muchísimo.
Creo que, si alguien intentara robármelo, podría defenderme únicamente lanzándoselo.
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Cuando llego al hospital ya es mediodía.
Conozco el camino de memoria.
Saludo a las enfermeras.
Subo al tercer piso.
Y, por primera vez en semanas...la habitación está vacía.
Me detengo un segundo.
Después recuerdo.
Rehabilitación.
Claro.
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Encuentro a Clarissa en el gimnasio. Está caminando despacio con el bastón. La fisioterapeuta permanece unos pasos detrás.
Por si acaso.
Ella todavía no me ha visto.
Da un paso. Después otro. Y otro más.
Hace apenas unos días necesitaba un andador.
Ahora ya casi no lo usa.
Me quedo observándola sin decir nada.
No porque tenga miedo de interrumpir.
Porque quiero recordar este momento.
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-¿Vas a quedarte ahí escondido mucho rato?
Parpadeo.
Clarissa sigue mirando al frente.
No se ha girado.
-¿Cómo sabías que estaba aquí?
-Porque llevas cinco minutos mirándome.
Sonríe apenas.
-Y porque la fisioterapeuta no deja de mirar hacia la puerta.
La fisioterapeuta carraspea.
-Me habéis descubierto.
No puedo evitar sonreír.
Me acerco despacio.
-Lo estás haciendo muy bien.
Clarissa hace una pequeña mueca.
-No me felicites todavía.
-¿Por qué?
-Porque todavía tengo que conseguir volver hasta la habitación.
La fisioterapeuta asiente.
-Eso ayuda bastante.
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El camino de vuelta resulta mucho más lento.
Clarissa insiste en hacerlo prácticamente sola. Solo utiliza el bastón.
Yo camino a su lado. Sin tocarla. Pero lo bastante cerca como para sujetarla si hace falta. Ella lo sabe.
Y, aunque no dice nada...creo que eso le da seguridad.
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Cuando por fin llegamos a la habitación, se deja caer sobre la cama.
-Creo...
Respira hondo.
-...que necesito piernas nuevas.
Me siento en la silla de siempre.
-Las actuales todavía tienen garantía.
-Pues reclama.
Durante unos minutos ninguno habla. Después ella señala la bolsa que llevo en la mano.
-¿Qué compraste?
Levanto el libro. El atlas de Anatomía.
Sus ojos se abren un poco.
-¿Eso es un libro o un ladrillo?
-Las dos cosas.
Se lo acerco.
Lo sostiene apenas dos segundos.
-¡Pesa una barbaridad!
-Ya lo comprobé.
Lo devuelve enseguida.
-Pobres estudiantes de Medicina.
-Lo somos.
-Tienes razón.
Hace una pausa.
-Pobre de ti.
Abro el horario que todavía llevo doblado dentro del bolsillo. Ella se inclina un poco para verlo.
-¿A ver?
Se lo entrego. Lo observa despacio.
-¿Tantas horas?
-Sí.
-¿Y encima prácticas?
-También.
Levanta la vista.
-¿Y cuándo piensas descansar?
No respondo enseguida. Porque la verdad es que todavía no lo sé.
Ella parece darse cuenta.
Frunce un poquito el ceño.
-Brad.
-¿Sí?
-No quiero que dejes de vivir tu vida por estar pendiente de mí.
La miro.
Nunca había dicho algo así.
-No lo estoy haciendo.
-Sí lo estás haciendo.
Niego despacio.
-Estoy haciendo sitio para las dos cosas.
Ella baja la vista hacia el horario otra vez.
-Va a ser difícil.
-Sí.
-Muy difícil.
-También.
Levanta la cabeza.
-Entonces prometeme una cosa.
Espero.
-Si alguna vez tenés un examen importante...
Hace una pequeña pausa.
-...no vas a faltar por venir a verme.
La observo durante unos segundos.
-Clarissa...
-Prometemelo.
Su tono ya no tiene humor.
Asiento despacio.
-Te lo prometo.
Ella sonríe.
-Bien.
-Ahora me toca a mí.
Arquea una ceja.
-¿Qué?
-Prometeme tú otra cosa.
-Depende.
-Que cuando necesites ayuda me la vas a pedir.
Su sonrisa se vuelve un poco más pequeña.
-Me cuesta.
-Lo sé.
-Mucho.
-También lo sé.
Permanece unos segundos en silencio.
Después asiente muy despacio.
-Lo voy a intentar.
No era exactamente una promesa.
Pero, viniendo de ella...era muchísimo.
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El silencio vuelve a instalarse en la habitación.