Mientras sigamos aquí (2)

Capítulo 18

CLARISSA

La primera vez que entré en el gimnasio de rehabilitación pensé que aquel lugar iba a ser mi peor enemigo.

Hoy, en cambio, lo miro y siento algo parecido a la nostalgia.

Qué ironía.

-Muy bien, Clarissa.

La fisioterapeuta coloca el bastón frente a mí.

-Hoy vamos a hacer el recorrido completo.

La miro.

-¿Completo?

-Hasta el final del pasillo.

-¿El pasillo entero?

Asiente.

-Enterito.

Miro hacia delante.

Parece larguísimo.

Estoy segura de que ayer era más corto.

-Esto es una conspiración.

Ella se ríe.

-No todo es una conspiración.

-Margarita estaría en desacuerdo.

&&&

Apoyo una mano sobre el bastón.

La otra queda libre.

Respiro hondo.

Un paso. Otro. Otro más. Las piernas tiemblan un poco, pero responden.

Sigo avanzando.

A mitad de camino noto el cansancio. Hace unas semanas habría parado inmediatamente.

Esta vez no.

Continúo. Uno. Dos. Tres.

Hasta llegar al final.

Me quedo quieta.

La fisioterapeuta sonríe.

-¿Cómo te sientes?

Miro hacia atrás.

Todo el camino que acabo de recorrer.

-Sorprendida.

-¿Por qué?

-Porque mis piernas han decidido colaborar.

-Se están portando bastante bien.

-Que no se acostumbren.

&&&

Cuando regreso a la habitación estoy agotada.

Pero no es el mismo agotamiento de antes.

Ahora tiene algo de orgullo.

Abro la puerta.

Y lo primero que veo es a Brad sentado junto a la ventana.

Se levanta inmediatamente.

-¿Cómo ha ido?

Sonrío.

-He llegado hasta el final.

Sus ojos cambian.

De repente parece más despierto.

-¿Sin el andador?

Asiento.

-Con el bastón.

Se acerca.

No dice nada durante un segundo.

Después sonríe.

Estoy empezando a acostumbrarme a esa sonrisa.

Y creo que me gusta demasiado.

-Muy bien.

-Gracias.

Me siento en la cama.

-Estoy bastante orgullosa de mí.

-Tienes motivos.

Lo miro.

-¿Y tú?

-¿Yo qué?

-¿Estás orgulloso de mí?

La pregunta sale antes de que pueda pensarlo demasiado.

Brad tarda apenas un segundo en responder.

-Mucho.

Algo dentro de mí se aprieta.

Bajo la mirada para que no lo note.

-Mira que me voy a acostumbrar a que me digas cosas lindas.

-No sería tan terrible.

-Lo sería para ti.

-¿Por qué?

-Porque después no vas a poder dejar de hacerlo.

Él sonríe.

-Tendré cuidado.

No sé por qué, pero esa conversación consigue que me ponga nerviosa.

Y eso me parece bastante injusto.

&&&

Después del desayuno llega una enfermera con una carpeta.

-¿Tienes un momento?

Asiento.

Se sienta junto a la cama.

-Venía a revisar contigo algunas indicaciones para el alta.

La palabra vuelve a hacerme cosquillas en el estómago.

Alta.

Mañana.

De verdad.

Me entrega varios papeles.

-Estas son las recomendaciones de rehabilitación. Vas a continuar con fisioterapia varias semanas.

Asiento.

-También tendrás que evitar cargar peso.

-¿Eso incluye bolsas de patatas?

La enfermera me mira.

-Sí.

-Entonces esto es más grave de lo que pensaba.

Brad se ríe desde la silla.

La enfermera niega con la cabeza.

-Y tendrás que pedir ayuda cuando la necesites.

Me quedo callada.

Miro los papeles.

-Eso será difícil.

-Lo sé.

Responde con una sonrisa.

-Pero aprenderás.

&&&

Después de que se marche, me quedo mirando la carpeta.

Brad no dice nada.

No hace falta.

Sabe lo que estoy pensando.

-Mañana.

Murmuro.

-Sí.

-Mañana me voy.

-Sí.

Lo miro.

-Qué raro.

Él asiente.

-Bastante.

&&&

A media mañana aparece una de las enfermeras que más tiempo ha estado conmigo.

Trae una taza de café.

-La última.

La miro.

-¿La última?

-Mi turno.

Hace una pausa.

-Mañana no estaré cuando te vayas.

Siento un pequeño nudo en la garganta.

-No digas eso.

Se ríe.

-Es verdad.

Se acerca a la cama.

-Te vamos a echar de menos.

Sonrío.

-Yo también.

La mujer me da un abrazo con cuidado.

-Cuida mucho esas piernas.

-Intentaré no devolverlas a garantía.

Se ríe.

Y cuando sale de la habitación me quedo mirando la puerta.

Qué tontería.

Hace unas semanas habría hecho cualquier cosa por salir de aquí.

Ahora hay personas a las que me cuesta despedirme.

&&&

Por la tarde salgo a caminar por el pasillo.

Esta vez voy sola.

Bueno.

Con Brad.

Pero sin que me sostenga.

Avanzo despacio.

Él camina a mi lado.

No habla.

Yo tampoco.

Hasta que llegamos a una de las ventanas.

Me detengo.

Desde allí se ve el aparcamiento.

La ciudad. La gente entrando y saliendo. Todo sigue moviéndose. Como si el mundo nunca hubiera esperado por mí.

-¿Sabes qué es lo raro?

Brad me mira.

-¿Qué?

-Que cuando llegué aquí pensaba que lo único que quería era salir.

Hace una pausa.

-Y ahora me da miedo.

Él no responde inmediatamente.

-Es normal.

-No quiero que me digas que es normal.

Sonríe apenas.

-Entonces no lo diré.

Me apoyo un poco más en el bastón.

-No sé cómo va a ser mañana.

-Nadie lo sabe.

-Qué tranquilizador.

-Lo siento.

Me río bajito.

Él se acerca un poco.

-Pero no vas a estar sola.

Lo miro.

-Lo sé.

-Y si algún día tienes miedo...

Hace una pausa.

-Me llamas.

-¿A cualquier hora?

-A cualquier hora.

-¿Aunque sean las tres de la mañana?




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