CLARISSA
La primera vez que entré en el gimnasio de rehabilitación pensé que aquel lugar iba a ser mi peor enemigo.
Hoy, en cambio, lo miro y siento algo parecido a la nostalgia.
Qué ironía.
-Muy bien, Clarissa.
La fisioterapeuta coloca el bastón frente a mí.
-Hoy vamos a hacer el recorrido completo.
La miro.
-¿Completo?
-Hasta el final del pasillo.
-¿El pasillo entero?
Asiente.
-Enterito.
Miro hacia delante.
Parece larguísimo.
Estoy segura de que ayer era más corto.
-Esto es una conspiración.
Ella se ríe.
-No todo es una conspiración.
-Margarita estaría en desacuerdo.
&&&
Apoyo una mano sobre el bastón.
La otra queda libre.
Respiro hondo.
Un paso. Otro. Otro más. Las piernas tiemblan un poco, pero responden.
Sigo avanzando.
A mitad de camino noto el cansancio. Hace unas semanas habría parado inmediatamente.
Esta vez no.
Continúo. Uno. Dos. Tres.
Hasta llegar al final.
Me quedo quieta.
La fisioterapeuta sonríe.
-¿Cómo te sientes?
Miro hacia atrás.
Todo el camino que acabo de recorrer.
-Sorprendida.
-¿Por qué?
-Porque mis piernas han decidido colaborar.
-Se están portando bastante bien.
-Que no se acostumbren.
&&&
Cuando regreso a la habitación estoy agotada.
Pero no es el mismo agotamiento de antes.
Ahora tiene algo de orgullo.
Abro la puerta.
Y lo primero que veo es a Brad sentado junto a la ventana.
Se levanta inmediatamente.
-¿Cómo ha ido?
Sonrío.
-He llegado hasta el final.
Sus ojos cambian.
De repente parece más despierto.
-¿Sin el andador?
Asiento.
-Con el bastón.
Se acerca.
No dice nada durante un segundo.
Después sonríe.
Estoy empezando a acostumbrarme a esa sonrisa.
Y creo que me gusta demasiado.
-Muy bien.
-Gracias.
Me siento en la cama.
-Estoy bastante orgullosa de mí.
-Tienes motivos.
Lo miro.
-¿Y tú?
-¿Yo qué?
-¿Estás orgulloso de mí?
La pregunta sale antes de que pueda pensarlo demasiado.
Brad tarda apenas un segundo en responder.
-Mucho.
Algo dentro de mí se aprieta.
Bajo la mirada para que no lo note.
-Mira que me voy a acostumbrar a que me digas cosas lindas.
-No sería tan terrible.
-Lo sería para ti.
-¿Por qué?
-Porque después no vas a poder dejar de hacerlo.
Él sonríe.
-Tendré cuidado.
No sé por qué, pero esa conversación consigue que me ponga nerviosa.
Y eso me parece bastante injusto.
&&&
Después del desayuno llega una enfermera con una carpeta.
-¿Tienes un momento?
Asiento.
Se sienta junto a la cama.
-Venía a revisar contigo algunas indicaciones para el alta.
La palabra vuelve a hacerme cosquillas en el estómago.
Alta.
Mañana.
De verdad.
Me entrega varios papeles.
-Estas son las recomendaciones de rehabilitación. Vas a continuar con fisioterapia varias semanas.
Asiento.
-También tendrás que evitar cargar peso.
-¿Eso incluye bolsas de patatas?
La enfermera me mira.
-Sí.
-Entonces esto es más grave de lo que pensaba.
Brad se ríe desde la silla.
La enfermera niega con la cabeza.
-Y tendrás que pedir ayuda cuando la necesites.
Me quedo callada.
Miro los papeles.
-Eso será difícil.
-Lo sé.
Responde con una sonrisa.
-Pero aprenderás.
&&&
Después de que se marche, me quedo mirando la carpeta.
Brad no dice nada.
No hace falta.
Sabe lo que estoy pensando.
-Mañana.
Murmuro.
-Sí.
-Mañana me voy.
-Sí.
Lo miro.
-Qué raro.
Él asiente.
-Bastante.
&&&
A media mañana aparece una de las enfermeras que más tiempo ha estado conmigo.
Trae una taza de café.
-La última.
La miro.
-¿La última?
-Mi turno.
Hace una pausa.
-Mañana no estaré cuando te vayas.
Siento un pequeño nudo en la garganta.
-No digas eso.
Se ríe.
-Es verdad.
Se acerca a la cama.
-Te vamos a echar de menos.
Sonrío.
-Yo también.
La mujer me da un abrazo con cuidado.
-Cuida mucho esas piernas.
-Intentaré no devolverlas a garantía.
Se ríe.
Y cuando sale de la habitación me quedo mirando la puerta.
Qué tontería.
Hace unas semanas habría hecho cualquier cosa por salir de aquí.
Ahora hay personas a las que me cuesta despedirme.
&&&
Por la tarde salgo a caminar por el pasillo.
Esta vez voy sola.
Bueno.
Con Brad.
Pero sin que me sostenga.
Avanzo despacio.
Él camina a mi lado.
No habla.
Yo tampoco.
Hasta que llegamos a una de las ventanas.
Me detengo.
Desde allí se ve el aparcamiento.
La ciudad. La gente entrando y saliendo. Todo sigue moviéndose. Como si el mundo nunca hubiera esperado por mí.
-¿Sabes qué es lo raro?
Brad me mira.
-¿Qué?
-Que cuando llegué aquí pensaba que lo único que quería era salir.
Hace una pausa.
-Y ahora me da miedo.
Él no responde inmediatamente.
-Es normal.
-No quiero que me digas que es normal.
Sonríe apenas.
-Entonces no lo diré.
Me apoyo un poco más en el bastón.
-No sé cómo va a ser mañana.
-Nadie lo sabe.
-Qué tranquilizador.
-Lo siento.
Me río bajito.
Él se acerca un poco.
-Pero no vas a estar sola.
Lo miro.
-Lo sé.
-Y si algún día tienes miedo...
Hace una pausa.
-Me llamas.
-¿A cualquier hora?
-A cualquier hora.
-¿Aunque sean las tres de la mañana?