MALENA
Me despierto antes de que suene la alarma.
Abro los ojos y miro el reloj.
6:42.
La alarma estaba puesta a las siete.
Genial.
Ahora tampoco voy a poder dormir esos dieciocho minutos.
Me doy la vuelta.
Intento cerrar los ojos.
No funciona.
Hoy sale del hospital.
Después de un mes y medio.
Hoy.
Me incorporo de golpe.
—Bueno —murmuro—. Ya que estamos despiertas...
Salgo de la cama.
&&&
Cuando bajo a la cocina, mi mamá ya está ahí.
Por supuesto.
Está preparando café mientras la radio suena bajito de fondo.
Me mira.
Después mira el reloj.
—¿Vos tampoco dormiste?
—Sí dormí.
Arquea una ceja.
—Mali.
—Un poco.
—¿Cuánto?
Me encojo de hombros.
—Lo suficiente.
—Mentira.
Me siento en una de las sillas.
—Hoy vuelve.
Mi mamá deja la taza sobre la encimera.
—Ya sé, hija.
Sonríe.
—Y por eso tenés esa cara.
—¿Qué cara?
—La de alguien que lleva tres días preparando una habitación como si fuera a llegar una reina.
—No exageres.
—Ayer cambiaste las sábanas.
—Sí.
—Y anteayer también.
—Las sábanas limpias son importantes.
—También revisaste cuatro veces el baño.
—Porque tiene que estar todo bien.
Mi mamá se acerca y me deja una taza delante.
—Va a estar bien.
La miro.
—¿Y si no?
Se queda callada unos segundos.
—Entonces lo vamos acomodando.
&&&
Desayunamos en silencio durante un rato.
Bueno.
Mi mamá desayuna.
Yo miro el café.
No tengo hambre.
—Mali.
—¿Qué?
—Comé algo.
Miro la tostada.
—Después.
—Ahora.
—Ma...
—No me hagas empezar.
Resoplo.
Agarro la tostada.
—Sos insoportable.
—Y vos sos igualita a mí.
—Eso es ofensivo.
Se ríe.
&&&
Después de desayunar subo a la habitación de invitados.
La puerta está abierta.
Todo sigue exactamente como lo dejamos.
La cama hecha. La manta azul doblada al pie. La lamparita junto a la cama. Una fotografía de las dos sobre la mesita.
Y una pequeña cesta con algunas cosas que pensé que podrían gustarle. Un libro. Unos calcetines. Una libreta. Chocolate. Mucho chocolate.
Sonrío.
—Te conozco demasiado.
Me siento en el borde de la cama.
Por primera vez desde que empezamos a prepararlo todo, la habitación ya no parece una habitación de invitados.
Parece suya.
Y eso me da una sensación extraña en el pecho.
&&&
Escucho unos golpes en la puerta de entrada.
Bajo las escaleras.
No necesito mirar por la ventana para saber quién es.
Abro.
Damon está al otro lado.
—Buenos días, Lena.
—Hola, Didi.
Se inclina y me da un beso rápido.
—¿Has dormido?
—No.
—Me lo imaginaba.
—¿Y vos?
—Más que tú.
—Qué presumido.
Sonríe.
—¿Dónde está tu madre?
—En la cocina.
Entramos.
Mi mamá aparece poco después.
—Hola, Damon.
—Buenos días, Catalina.
—¿Querés café?
Él asiente.
—Sí, gracias.
—Sentate.
Damon se sienta en la mesa.
Yo me apoyo contra la encimera.
Mi mamá sirve otra taza.
—Hoy es el gran día.
Damon me mira.
—Sí.
No puedo evitar sonreír.
—Todavía no me lo creo.
—Yo tampoco.
Mi mamá deja la taza delante de él.
—¿A qué hora salen del hospital?
—Todavía no sé.
Miro el móvil.
Nada.
—Malena.
Levanto la vista.
—¿Qué?
—Respira.
Damon se ríe.
—Lleva haciendo eso toda la mañana —dice mi madre.
—No estoy nerviosa.
Mi mamá y Damon se miran.
—¿Qué? —pregunto.
—Nada.
—Esa mirada fue muy ofensiva.
Mi mamá sonríe.
—Estás nerviosa.
—Un poquito.
Damon estira la mano hacia mí.
Entrelaza sus dedos con los míos.
—Va a salir bien.
Lo miro.
—¿Y si no?
—Entonces estaremos aquí.
Aprieto un poco su mano.
No necesito más.
&&&
Subimos los tres a la planta de arriba.
Mi mamá entra primero en la habitación.
—A ver.
Mira alrededor.
—¿Está todo?
—Sí.
Damon observa la cama.
—Le va a encantar.
—Eso espero.
Me acerco a la mesita.
Cojo la fotografía.
—Creo que esto es lo que más me gusta.
Damon la mira.
—¿La foto?
Asiento.
—Cuando éramos chicas.
Sonrío.
—Todavía no sabía que iba a tener que aguantarla durante tantos años.
—Y ahora tampoco te vas a librar.
Mi mamá nos mira desde la puerta.
—Nunca se van a librar la una de la otra.
No sé por qué, pero esa frase me emociona.
&&&
El móvil vibra.
Lo saco inmediatamente.
Un mensaje de Brad.
Brad:
"Ya estamos preparando todo."
Debajo llega otro.
"El médico debería venir en un rato."
Le enseño el teléfono a Damon.
—Ya está.
Sonríe.
—Ya está.
Mi mamá se acerca.
—¿Qué dicen?
—Que ya están preparando todo.
Ella asiente.
—Bueno.
Mira la habitación.
—Entonces ya solo falta ella.
&&&
Las horas siguientes pasan demasiado despacio.
Mi mamá se pone a cocinar.
Damon se ofrece a ayudar.
Yo intento hacer lo mismo.
—No.
Mi mamá ni siquiera levanta la vista.
—¿Qué?
—Vos no.
—¿Por qué?
—Porque hace veinte minutos estabas a punto de ponerle sal al café.
Miro la taza.
—Fue un accidente.
—Fue una tragedia.
Damon se ríe.
—Yo creo que hay que apartarla de la cocina.
—Traidor.
—Te quiero mucho.