Mientras vemos el Atardecer - Libro 01

Capítulo 25

Llego el inesperado día, el cumpleaños de Adán Cooper, no le he enviado. Me estoy haciendo la desentendida con que hoy es su cumpleaños. Llevo un sobre, en el cual hay una hoja en donde está escrito todo lo que no me atrevo a decirle en persona. 

Estoy nerviosa, no voy a negarlo.

Me dirijo a la habitación de mi madre para pedirle permiso, para ir a casa de Adán.

Sé que no me dirá que no, el otro día dijo que si, aunque después que llegue no para de preguntarme.

¿Cómo estuvo tu cita? ¿Qué hicieron? ¿Por qué se fueron sin decir nada?

No digas que no, porque yo te vi, ibas de la mano con Adán.

Entonces Sofía tuviste tu primera cita. 

—No fue una cita, solo tomamos café, comimos un poco de pan dulce hablamos y ya.

—Eso mi amiga fue una cita—. Con una sonrisa triunfante se encontraba a mi lado Vic.

—QUE NO LO FUE

— ¿Qué pasa? 

—Sofía no quiere aceptar que tuvo una cita señora mamá de Sofía. 

—Sí, déjala quieta y no me digas así hija, solo dime señora.

—Hoy va de nuevo, Adán me pregunto que si podías ir y le dije que sí, le llevas un regalo. 

—Sí mamá. 

— ¿Un sobre Sofía? ¿Llevas dinero ahí?

—Le hizo un dibujo señora. 

— ¿Le vas a regalar un dibujo Sofía?

Un dibujo no le había dicho a Victoria la verdad dentro de este sobre, porque se cómo lo tomaría.

—Yo me tengo que ir, nos vemos luego. 

—Lo dices como si faltara mucho para eso, nos vemos el lunes en clases.

Nos dimos un abrazo el papá de Victoria había llegado para buscarla.

—Te quiero, nos vemos el lunes, disfruta tu fin de semana. 

—Y yo a ti Vic.

Con eso se fue paso un rato me puse nerviosa, no sabía cómo hacer esto, en mi mente se veía tan fácil.

Iba camino a casa de Cooper, tenía mi suéter favorito de color blanco, con una línea azul oscuro en la parte del pecho, esta línea tiene una pequeña línea azul claro en el centro, mi mejor pantalón y mis botas negras, mi cabello suelto, no llevo nada de maquillaje, no soy de maquillarme de pequeña he sido así con eso. Mi madre dice que como adolescente debería hacerlo. Pero no le hago no le veo importancia a ello.

En mi mano izquierda tengo la carta. A mi mente llegan recuerdos de esos momentos con Adán.

Tengo miedo

Estoy muy nerviosa

Acabo de pasar el tienda verde así le digo, obvio tiene su nombre, pero no sé cómo se lama así que le dio el tienda verde, porque por fuera esta todo pintado de verde, con esto solo me queda bajar la calle en donde está la casa de Cooper. 

Voy pasando más tiendas de comida ahora me queda solo pasar las casas que están antes de la de Cooper.

Me detengo a 3 casas, estoy solo a estas 3 casas de distancia

¿Qué estás haciendo? 

Esto es una locura Sofía.

Me encuentro en un pequeño debate conmigo misma.

Voy o no. 

¿Estoy haciendo bien en ir y darle esto?

Lo llamo y solo le doy la carta. 

¿Y si me pide explicaciones? 

Mejor no, mejor no. No se la daré.

Me doy la vuelta. Empiezo a correr, con lágrimas en los ojos. 

Solo de pensar en que Adán me rechace o pienso que estoy loca por hacer esto me duele. Sigo corriendo

—Mejor no, mejor no. —Repito en susurros—. Mejor no…

Voy por donde me toca parar y ver si viene algún auto. Escucho el sonido de uno, aun así no me detengo y sigo corriendo.

Paso la calle y no me pasa nada, el auto paso normal sin ningún problema.

Me detengo busco un lugar donde sentarme, lo encuentro, aquí descansamos luego de caminar mis primos y yo. No podía llegar a casa así, con lágrimas en los ojos. 

¿Ahora qué hago con la carta?

La guardare en un pequeño cajón, pero si no tengo un pequeño cajón.

Dios mío Sofía que mal estas, la tristeza no te deja pensar bien.

— ¿Oye estas bien?

—Sofía, sé que no hablamos mucho, solo cuando nos toca formar grupo, pero veo que estas llorando, sé que no estás bien, ¿me dejas ayudarte?

—Estoy bien Elliot. Ya me voy a casa, no te preocupes. 

—Está bien, entonces te visitare luego.

Llego a casa, esperaba quedarme en mi cama y llorar en silencio, pero como mis planes no le gustan a la vida. Se encontraba de pie en el frente de mi casa, con los brazos cruzados y con el ceño un poco fruncido.

—Pequeña Sofí, te esperaba en mi casa. ¿Por qué no fuiste? 




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