Mientras vemos el Atardecer - Libro 01

Capítulo 26

Había pasado como una semana desde el cumpleaños de Adán, o eso creo, el tiempo después de ese día sea puesto un poco extraño, no sé cómo explicarlo, pero así lo siento.

Hoy como de costumbre luego desde ese día, Adán viene a la casa insiste en venir todos los días hasta saber porque lloraba ese día, la mentira de haberme perdido no sirvió de mucho.

No le había dicho a nadie lo que paso ese día.

Ni siquiera a Oriana, ella cree que la carta funciono porque Adán viene todo los días. 

En la noche me oculto debajo de mis sabanas, para llorar en silencio. Una parte de mi está feliz porque veo a Adán todos los días, pero la otra no, porque cada que viene le miento, le digo cualquier excusa que se me ocurra para que deje de preguntarme porque lloraba ese día. Pero como él dijo, sabe que miento.

A veces siento que fuera todo un sueño o como una pesadilla.

Se acercaba la hora Adán venia, que mentira le diría hoy. Y si mejor le digo la verdad.

Voy en busca de la carta.

¿En dónde la deje?

—No puede ser donde la deje—. Dije para si misma pero alguien me escucho.

— ¿Qué buscas pequeña Sofí? ¿Una nueva excusa?

—No, yo…nada, no busco nada. 

— ¿Segura?

—Sí, ¿Por qué todos los días vienes con ese bolso?

— ¿Por qué siempre haces preguntas? 

—Vengo con el bolso, porque según para mi mamá hacemos tareas. 

— ¿Por qué no le dices la verdad?

— ¿Cuál verdad?

—No lo sé. 

—Al parecer se te a olvido la verdad Sofía.

— ¿Por qué lo dices?

—Deja de hacer preguntas y dame respuestas Sofía. ¿Por qué llorabas ese día?

—Porque…

— ¡Bueenaas! 

Era la voz de mi gran amiga, a partir de ahora Isabela. 

—Oh perdón, ¿interrumpo algo?

Ambos nos encontrábamos de brazos cruzados. Y nuestras miradas fijas uno del otro.

—No, adelante—. Adán voltio a ver a Isabela, para poner su mirada fija en mí de nuevo. Ya estaba acostumbrada a eso.

—Entonces…aquí les dejo las galletas con chispas de chocolate. 

—Yo no pedí esto Isa. No tengo dinero como pagarte.

—Tranquila lo sé, fue Adán quien pidió las galletas.

— ¿Adán?

—Sí, es que no le he dicho Isabela—. Miro de nuevo a Isa, y volvió su mirada de nuevo a mí.

—Oh si es así, me voy, los dejo tortolitos.

Me puse nerviosa luego de que Isabela nos dijeras así “tortolitos”.

—Entonces vamos a subir, por favor no digas que le tienes miedo a las alturas.

—No le tengo miedo a las alturas—. Tomo mi mano, para depositar un cálido beso ahí. 

—Vamos entonces, yo llevo las galletas porque luego no me dejas como la otra vez.  

— ¡Dijiste que no querías!

—Sí, sí, yo también te amo.

Subimos por una cerca que en mi opinión la consideraba algo peligrosa, por lo vieja e inseguridad que se veía. 

—Sube tu primero.

Ya arriba podía ver que en el cielo se estaba empezando a notar el atardecer que se aproximaba. Con un tono naranja que lo caracterizaba. Amo el atardecer, siempre me pongo en la ventana a verlo. Sin duda es algo hermoso de ver y lo es más si tienes buena compañía.

— ¡Oye! No lo veas sin mí.

—Te estoy esperando pequeño Cooper.

Coloco su bolso en el piso, saco algunas cosas de ahí, como esas deliciosas galletas con chispas de chocolate.

—Vamos será divertido—. Adán todo entusiasmado.

— ¿Y que pasara con las galletas?

— ¿Eso es lo que te preocupa? Ahorita no las comemos con el poco de café que traje en el termo. 

— ¿Trajiste café? 

—Sí, lo hice yo mismo. De mi café no puedes decir que quedo feo.

—Pero no se bailar. 

—Yo tampoco se, tengo una idea, hagamos esto todos los días, bailar una canción, la que el atardecer pida, luego nos sentamos y vemos juntos el atardecer. 

—Está bien, me convenciste, no puedo decirle que no, a esa agradable sonrisa.

Podía ver entusiasmo en su rostro, no puedo creer que este bailando Crazy in Love de Beyonce ft Jay-Z.

— ¿Seguro que esta es la canción  que el atardecer pide?

—No, es la canción que Adán Cooper pide, para bailar con su pequeña Sofí.

Tomos mis manos y empezamos a bailar, al ritmo de la canción, no me canso de ver su sonrisa. 

Y aquí empezó todo subirnos al techo de mi casa, por una cerca no tan segura, todos los días para bailar una canción y luego ver el atardecer juntos.




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