Migajas de amor

Final

No me debo otra traición

No prometo amar mejor.
Prometo no venderme para ser elegida.

No salí más fuerte.
Salí más honesta.

No me convertí en una mujer invencible,
me convertí en una mujer que se reconoce
cuando empieza a desaparecer.

Aprendí que el amor no debería doler
en silencio.
Que la conexión no se demuestra
con ansiedad.
Que quien te quiere cerca
no te administra como premio.

No me prometo elecciones perfectas.
Me prometo detenerme
cuando sienta que estoy negociando mi esencia.

Porque ahí empieza la traición real:
no cuando alguien te usa,
sino cuando tú colaboras
por miedo a quedarte sola.

No voy a romantizar lo que pasó.
No fue aprendizaje espiritual elevado.
Fue una herida innecesaria.

Pero tampoco voy a cargarla como condena.

Lo vivido no me define.
Lo comprendido, sí.

Hoy sé reconocer las migajas
porque ya comí de ellas
y entendí que no alimentan.

Hoy sé que el deseo sin cuidado
no es pasión,
es consumo.

Hoy sé que no necesito ser vista
a través del deseo de otro
para existir.

No me prometo cerrar el corazón.
Me prometo cerrar accesos.

No me prometo no caer.
Me prometo levantarme
en el primer lugar
donde antes me quedaba.

Y sobre todo,
me prometo algo simple
pero irrevocable:

Nunca más
voy a apagar mi espíritu
para sostener una ilusión.

Nunca más
voy a confundir silencio con misterio
ni ausencia con profundidad.

No me debo otra traición.

Si alguna vez vuelvo a amar,
que sea desde la presencia.
Desde la claridad.
Desde el respeto mutuo.

Y si no,
también está bien.

Porque ahora sé
que estar sola
nunca será tan costoso
como perderme a mí.

Aquí termina esta historia.
No con un regreso.
No con una promesa ajena.

Termina conmigo
eligiéndome
por primera vez
sin miedo.

Fin.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.