1031 - Praga
La sangre aún goteaba de mis dedos cuando él apareció.
Acababa de matar a tres hombres. Habían intentado robarme en el bosque, confundiéndome con una doncella indefensa. Error fatal. Sus cuerpos yacían a mis pies, sus ojos abiertos, sorprendidos incluso en la muerte.
Diez años sola me habían convertido en esto. Una superviviente. Una asesina cuando era necesario. La naturaleza me amaba, pero yo ya no amaba a los humanos.
Y entonces, lo sentí.
Una presencia antigua, aterradora.
Un Original.
Me giré lentamente, mi magia ya tejiéndose entre mis dedos, lista para atacar.
Él estaba allí, apoyado contra un árbol, observándome con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
"Impresionante," dijo, su voz aterciopelada. "Tres hombres en menos de un minuto. Y yo que pensaba que solo era una bruja indefensa."
"¿Quién eres?"
"Klaus Mikealson."
El nombre resonó en mi mente. El Original más temido. El asesino de reinos. La bestia que todos los vampiros temían.
"¿Qué quieres?"
"Verte," respondió, dando un paso hacia mí. "Sentí tu magia desde lejos. Tan poderosa... tan oscura. Y cuando te vi matar a esos hombres con tanta elegancia..." Sonrió, y era una sonrisa depredadora. "Me enamoré."
"Eres un idiota."
"No, amor. Soy un conquistador."
Solté una risa fría. "¿Crees que puedes conquistarme? He matado a hombres más peligrosos que tú."
"Lo dudo."
Se movió. Rápido. Más rápido de lo que esperaba. En un segundo, estaba frente a mí, su mano alrededor de mi garganta, pero sin apretar. Solo un toque. Una advertencia.
"No me subestimes, amor," susurró, su aliento acariciando mi oído. "No soy como los hombres que mataste."
Sonreí. Lenta. Peligrosa.
"Tampoco soy como las mujeres que has conocido."
Mi magia explotó.
El aire se llenó de luz cegadora. Klaus salió volando hacia atrás, estrellándose contra un árbol con un crujido sordo. Cuando se levantó, su sonrisa era más amplia que antes.
"Perfecta," murmuró, fascinado. "Absolutamente perfecta."
"Eres un loco."
"Y tú eres increíble."
Me di la vuelta para irme. "Olvídame, Klaus Mikealson."
"Imposible."
Su voz resonó detrás de mí mientras desaparecía entre los árboles.
Y supe que no se rendiría.
Actualidad - 2010, Mystic Falls
Caminaba por la acera de la carretera, mis botas resonando contra el asfalto. Eran las siete de la noche, y el cielo comenzaba a teñirse de tonos naranjas y púrpuras. Me dirigía al bosque. Necesitaba sentir la naturaleza, conectar con la magia que corría por mis venas.
Acababa de matar a alguien. Hacía apenas cinco minutos. Un chico que había intentado intimidarme en las afueras del pueblo, confundiendo mi elegancia con debilidad. Error fatal. Su cuerpo yacía en un callejón, y yo ya había olvidado su rostro.
Me había vuelto peligrosa. Agresiva. Letal. Ya no era la bruja ingenua que una vez fui. Ya no permitía que nadie me hiriera. Ya no confiaba en nadie.
El viento movía mi cabello castaño claro. Llevaba un conjunto similar al de aquella noche en Praga: pantalones de cuero negro que se ajustaban a mis caderas, un corsé de terciopelo rojo oscuro que realzaba mi figura, y una chaqueta corta de cuero negro sobre los hombros. Mis botas llegaban hasta la rodilla. Me veía peligrosa. Sexy. Poderosa.
Y entonces, lo sentí.
Un aura. Familiar. Peligrosa. Atractiva. Antigua.
Klaus Mikealson.
Mi antiguo amor. Mi odio eterno.
Una sonrisa se curvó en mis labios. No era una sonrisa feliz. Era una sonrisa de venganza. Por fin. Después de siglos buscándolo, después de años pensando que algo le había pasado, después de aceptar la dolorosa verdad de que me había abandonado... por fin estaba aquí.
Y yo iba a hacerle pagar.
Con velocidad vampírica, seguí su aura. Atravesé las calles del pueblo, mis pies apenas tocando el suelo. La magia ardía en mis venas, alimentada por la rabia acumulada durante siglos.
Llegué a un bar. La música resonaba desde el interior, y a través de la ventana pude ver luces tenues y siluetas moviéndose.
No lo pensé dos veces.
Con un movimiento de mi mano, la puerta se abrió de golpe con un estruendo. Mi magia fluyó a través de la madera, y el sonido resonó en todo el local.
Entré.
El silencio se apoderó del bar. Todos los ojos se volvieron hacia mí.
Caminé con la elegancia de siglos de práctica. Mis caderas se movían con sensualidad calculada, mis botas resonaban contra el suelo de madera. Mi corsé rojo brillaba bajo la luz tenue, y mi cabello castaño claro caía en ondas perfectas sobre mis hombros. Mi mirada recorrió el lugar con la fría precisión de una depredadora.
Había dos hombres guapos a los lados de una mesa, ambos con expresiones de sorpresa y confusión. Un mesero detrás de la barra, un humano común, con los ojos abiertos de par en par. Y tres chicas: una rubia con ojos azules, y dos castañas. Podía sentir sus magias. La rubia era vampiro. Una de las castañas era bruja. La otra... era una doppelganger. Humana. Clon de la que había oído hablar