El bar quedó en silencio.
No el silencio pacífico de una noche tranquila. Era el silencio pesado, denso, de después de una tormenta. Mesas rotas yacían en el suelo como cadáveres de madera, sillas destrozadas salpicaban el local, y cristales de botellas rotas brillaban bajo la tenue luz como lágrimas de vidrio. Los humanos que habían estado bebiendo seguían acurrucados en sus rincones, con los ojos abiertos de par en par, respirando entrecortadamente.
Stefan fue el primero en moverse. Se acercó al primer hombre, un tipo corpulento que temblaba contra la barra, y lo tomó suavemente por los hombros.
"Escúchame," dijo Stefan, su voz calmada pero firme, sus ojos brillando con el tono hipnótico de la compulsión. "No viste nada. Esta noche hubo una pelea entre borrachos. Tú te fuiste antes de que comenzara. Ahora, ve a casa y duerme. Despertarás mañana sin recordar nada de lo que pasó aquí."
El hombre asintió lentamente, sus ojos vidriosos. "No vi nada. Me fui antes de que empezara."
"Sí," confirmó Stefan. "Y no volverás a hablar de esto."
El hombre se levantó y caminó hacia la puerta con pasos mecánicos. Los demás humanos siguieron el mismo patrón, cada uno siendo hipnotizado por Stefan o Damon, borrando el recuerdo de la mujer de cabello castaño claro y corsé rojo que había destrozado el bar y luego besado a Klaus.
Damon se ocupó de los últimos con su característico desdén. "Dormirás, olvidarás y no volverás a este bar por... digamos, un mes. Ahora, lárgate." Señaló hacia la puerta. "Y no ensucies más."
Los humanos salieron en fila, dejando atrás el caos.
Caroline soltó un suspiro dramático, mirando los destrozos. "Esto va a tomar horas. ¡HORAS! Y yo que solo quería una noche tranquila." Comenzó a recoger los fragmentos de vidrio con cuidado, refunfuñando para sí misma. "Siempre termino limpiando los desastres sobrenaturales..."
Elena ya estaba recogiendo una silla rota, su rostro pálido y confundido. Aunque era humana, había visto suficientes cosas sobrenaturales como para no desmayarse, pero lo que acababa de presenciar era diferente. "Caroline, ¿qué acaba de pasar aquí? ¿Quién era esa chica?"
"No tengo idea," respondió Caroline, levantando un trozo de madera. "Apareció de la nada, le dio una paliza a Klaus, se besaron y luego desapareció. Yo solo sé organizar eventos, no investigar misterios sobrenaturales."
Bonnie estaba arrodillada en el suelo, con las manos extendidas sobre los fragmentos de vidrio que aún brillaban. Su rostro estaba concentrado, su magia palpando el aire como dedos invisibles.
"No tiene sentido," murmuró, más para sí misma que para los demás. "Era una vampiro. Lo vi. Se movió con velocidad vampírica. Pero también usó magia. La sentí cuando entró, cuando levantó las sillas y las mesas. Esa era magia de bruja, pura y ancestral. Pero los vampiros no pueden hacer magia. La naturaleza no lo permite."
Matt estaba en una esquina, apoyado contra la pared, su rostro blanco como la tiza. Había visto muchas cosas desde que se unió a este mundo, pero lo que acababa de presenciar era diferente. Sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba procesar todo.
"¿Alguien me puede explicar," dijo, su voz temblorosa, "por qué una mujer que parecía salida de una película de acción le rompió una silla en el pecho a Klaus, lo besó como si no hubiera un mañana, y luego desapareció? Porque yo necesito un momento."
Damon, que había estado observando la escena con una copa de bourbon recién servida —robada de la barra mientras nadie miraba— sonrió con su típica arrogancia. Se recostó contra la barra, tomó un sorbo lento y deliberado, y luego miró hacia la puerta por donde Elysia había desaparecido.
"Vaya, vaya," dijo, su tono burlón y coqueto. "¿Así que esa es tu ex, Klaus? Debo admitir que tiene carácter... y unas piernas increíbles. Podría enseñarme un par de trucos."
La atmósfera cambió al instante.
Klaus, que había estado sentado en una silla intacta en medio del caos, con las piernas cruzadas y un vaso de bourbon en la mano, se había mantenido en completo silencio hasta ese momento. Había estado pensativo, sus dedos rozando sus labios donde aún sentía el sabor de Elysia. El recuerdo de ella había golpeado su corazón con una fuerza que no esperaba. La furia en sus ojos. Las lágrimas que había visto brillar antes de que ella desapareciera. La forma en que lo había besado antes de odiarlo.
Y luego, las palabras de Damon.
Su expresión cambió. La serenidad desapareció. Sus ojos azules se oscurecieron, y por un momento, el bar entero pareció contener la respiración. Klaus se levantó de la silla con una lentitud deliberada, cada movimiento calculado, peligroso. Su mandíbula se tensó, y en sus ojos apareció algo que ninguno de ellos había visto antes. No era la furia fría y calculada que usaba para amenazar. Esto era posesividad pura. Instinto primario. La mirada de un depredador que protege lo que es suyo.
"¿Qué dijiste?" preguntó Klaus, y su voz era baja, suave. Demasiado suave.
Damon, aún sonriente, no parecía entender el peligro. "Solo decía que tu ex tiene estilo. No es necesario que te pongas tan—"
Klaus se movió.
Fue tan rápido que ninguno de ellos lo vio. Un segundo estaba junto a la barra; al siguiente, tenía a Damon contra la pared, su mano alrededor de su garganta, sus dedos apretando con la fuerza de un Original enfurecido. Los ojos de Klaus brillaron con un tono dorado, la marca de su linaje híbrido, y su voz era un susurro mortal.