Miles de palabras, una decisión

Capitulo 1 - Escena 6 — ¿Para quién era?

Jueves — 8:47 p. m.

Valeria estaba acostada cuando apareció la fotografía.

La había publicado Lucía hacía apenas cuatro minutos.

Las dos estaban sentadas bajo el mismo árbol donde habían hablado aquella tarde. Lucía sonreía hacia la cámara; Valeria, todavía con los ojos ligeramente enrojecidos, sostenía las hojas de aquel antiguo proyecto entre las manos.

La fotografía había sido tomada por Sofía desde lejos, sin que ninguna de las dos se diera cuenta.

No era perfecta.

Y precisamente por eso era bonita.

Lucía había escrito:

“Hay lugares a los que uno regresa y personas que hacen que regresar tenga sentido. ❤️”

Valeria sonrió.

Compartió la publicación en su historia.

Dejó el teléfono.

Cinco minutos después volvió a tomarlo.

Lucía ya tenía varios comentarios.

Sofía: Mis niñas otra vez juntas ❤️

Mateo: Reunión de veteranos 😂

Kevin: Faltó invitación.

Valeria continuó bajando.

Entonces apareció.

Adrián Molina: Hay cosas que con los años se ponen todavía más bonitas.

Valeria dejó de mover el dedo.

Leyó nuevamente.

Hay cosas que con los años se ponen todavía más bonitas.

Miró la fotografía.

Lucía.

Después ella.

Luego el comentario.

—¿A quién se lo estás diciendo?

Inmediatamente se sintió absurda.

Podía referirse a la amistad.

Al reencuentro.

A la fotografía.

A Lucía.

A ella.

A las dos.

Incluso podía ser simplemente una frase sin segunda intención.

Le dio “me gusta” al comentario.

Dos segundos después se arrepintió.

Quitó el “me gusta”.

Entonces se arrepintió de haberlo quitado.

Volvió a ponerlo.

—Valeria…

Dejó el teléfono boca abajo.

Aquello comenzaba a parecer una conversación consigo misma demasiado difícil de justificar.

---

Viernes — 7:26 a. m.

Lo primero que hizo al despertar fue revisar el teléfono.

Y eso la molestó.

No porque hubiera mensajes.

Porque sabía cuál quería encontrar.

Adrián no había escrito.

Valeria abrió el chat.

Necesitaba preguntarle algo.

Del proyecto.

Por supuesto.

Escribió:

Valeria: Buenos días. ¿Terminaste la parte de validación?

Respuesta inmediata.

Adrián: Buenos días, jefa 😂

Adrián: Sí. Anoche.

Valeria sonrió.

Valeria: ¿Puedes mandármela?

Llegó el archivo.

Adrián: ¿Algo más?

Valeria miró la pregunta.

Sí.

Quería preguntarle por el comentario.

No lo hizo.

Valeria: No. Gracias.

Tres puntos.

Adrián está escribiendo…

Desaparecieron.

Volvieron.

Adrián: Bonita foto la de ayer.

Valeria se incorporó en la cama.

Ahí estaba.

La oportunidad.

Valeria: Sí. Sofía la tomó sin avisarnos.

Adrián: Por eso salió bien.

Valeria escribió:

¿Y tu comentario?

No lo envió.

Borró.

Valeria: ¿Qué quisiste decir con lo que comentaste?

También borró.

Finalmente:

Valeria: Lucía estaba feliz de regresar.

Adrián respondió:

Adrián: Se nota.

Después:

Adrián: Aunque mi comentario no era precisamente por eso.

Valeria quedó inmóvil.

Ahora sí.

Valeria: ¿Entonces?**

Los tres puntos aparecieron.

Cinco segundos.

Diez.

Quince.

Valeria esperó.

Adrián: Nos vemos en la universidad. Te explico 😂

Ella abrió los ojos.

—¡Qué insoportable!

Y sonrió.

Aquello era exactamente lo que Adrián quería.

Dejar la pregunta abierta.

Lo sabía.

Y aun así había funcionado.

---

11:15 a. m. — Una hora sin proyecto

—Queda oficialmente prohibido hablar del proyecto durante sesenta minutos.

Todos miraron a Sofía.

—¿Quién te dio autoridad? —preguntó Mateo.

—Yo.

Estaban sentados alrededor de una mesa grande en una cafetería cercana a la universidad.

Fase uno entregada.

Fase dos iniciada.

Cinco estudiantes agotados.

Sofía había decidido que necesitaban hacer algo que no involucrara diagramas, bases de datos ni requisitos.

—Vamos a jugar —anunció.

Kevin levantó la mirada.

—Me voy.

—Siéntate.

—¿Qué vamos a jugar?

Sofía colocó el teléfono sobre la mesa.

—Preguntas aleatorias.

Adrián hizo una mueca.

—Esto va a terminar mal.

—Precisamente.

Valeria sonrió.

—Empieza.

Sofía leyó la primera:

—“¿Cuál es una cosa que haces cuando nadie te está viendo?”

Mateo levantó la mano.

—Canto.

Todos comenzaron a reír.

—Eso no tiene nada de raro —dijo Valeria.

—No han escuchado cómo canto.

—Buen punto —respondió Adrián.

Kevin confesó que veía videos de recetas a medianoche aunque nunca cocinaba.

Sofía admitió que practicaba discusiones imaginarias mientras se bañaba.

—¡Yo hago eso! —dijo Valeria.

Todos rieron.

—¿En serio? —preguntó Adrián.

—Claro.

—¿Y ganas?

—Siempre.

Llegó su turno.

—Además —dijo Valeria—, tengo otro.

—Cuenta.

Ella dudó.

—Los domingos por la tarde hago mi ritual.

—¿Qué ritual? —preguntó Mateo.

Valeria sonrió.

—Mascarilla facial, café helado, pijama aunque sean las cuatro de la tarde y veo videos de organización, decoración, ropa y rutinas de otras mujeres.

Sofía levantó inmediatamente la mano.

—¡Hermana!

Todos rieron.

—¿Videos de gente organizando cosas? —preguntó Kevin.

—Sí.

—¿Por qué?

Valeria y Sofía respondieron al mismo tiempo:

—Relaja.

—No entiendo.

—No tienes que entender —dijo Valeria.

Era uno de sus pequeños placeres.

Guardar ideas de outfits.

Ver rutinas de cuidado personal.

Organizar su escritorio.

Cambiar ocasionalmente la decoración del apartamento.




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