Miles de palabras, una decisión

Capitulo 3 - Escena 6 — El hombre que amas… y el que siempre aparece

Capítulo 3 — Las cosas que elegimos mirar

Escena 6 — El hombre que amas… y el que siempre aparece

Lunes — 7:14 a. m.

Valeria despertó con una sensación incómoda.

No era miedo.

Por primera vez en varios días, tampoco pensó inmediatamente en la mujer de los lirios blancos.

Pensó en Daniel.

Y en Adrián.

Lo cual le molestó más de lo que quería admitir.

Daniel llevaba tres días complicado con el trabajo.

Reuniones.

Correcciones.

Una integración que había fallado.

Dos llamadas del cliente durante la noche.

Valeria sabía perfectamente que estaba ocupado.

Sabía que no la estaba evitando.

Sabía que una relación adulta no podía funcionar exigiendo atención permanente.

Lo sabía todo.

Y aun así…

La noche anterior había enviado:

Valeria: ¿Terminaste?

Daniel tardó una hora y cuarenta y siete minutos.

Daniel: Todavía no. Perdón, amor. Mañana hablamos con calma ❤️

Nada malo.

Nada frío.

Nada sospechoso.

Pero cinco minutos después había recibido otro mensaje.

Adrián: Vi que mañana tienes presentación. No te presiones tanto. Ya hiciste la parte difícil. Solo confía en lo que sabes.

Valeria lo había leído dos veces.

No porque fuera romántico.

No lo era.

Precisamente eso era lo complicado.

Adrián llevaba semanas comportándose correctamente.

Amigo.

Compañero.

Respetuoso.

Sin dobles sentidos.

Sin frases incómodas.

Y ahora, cuando Daniel desaparecía durante horas por trabajo…

Adrián aparecía con un:

¿Estás bien?

Un:

No te olvides de comer.

O simplemente:

Suerte mañana.

Valeria dejó el teléfono sobre la cama.

—No.

Se dijo a sí misma.

No iba a convertir disponibilidad en amor.

Ni cansancio en desinterés.

Ya había aprendido demasiado para cometer un error tan básico.

Pero comprender algo no significaba dejar de sentirlo.

8:37 a. m. — El regreso de Marco

Sofía fue la primera en verlo.

—Ahí viene.

Adrián levantó la mirada.

Marco entró al salón.

Más delgado.

Ojeras.

Una mochila colgada de un solo hombro.

Sin aquella seguridad tranquila que normalmente llevaba encima.

Durante varios segundos nadie dijo nada.

Marco llegó hasta ellos.

—Hola.

Sofía respondió primero.

—Hola.

Adrián cerró la computadora.

—¿Todo bien?

Marco respiró.

—No.

La sinceridad cambió el ambiente.

Valeria estaba unos puestos más adelante con Lucía y Kevin, pero ya lo había visto.

Marco también la vio.

—¿Podemos hablar después de clase?

Valeria dudó.

Adrián intervino:

—Si tiene que ver con ella, hablamos todos.

Marco lo miró.

—No estoy tratando de hacerle daño.

—No dije que lo estuvieras haciendo.

—Pero lo pensaste.

Adrián sostuvo la mirada.

—Sí.

Marco asintió.

—Lo entiendo.

Valeria se acercó.

—Después de clase.

Marco aceptó.

—Después de clase.

10:06 a. m.

Se reunieron en una zona abierta del campus.

Valeria.

Adrián.

Sofía.

Marco.

Daniel no estaba.

Valeria había pensado en llamarlo, pero estaba en una reunión.

Samuel tampoco.

Kevin pasó cerca.

Miró el grupo.

—¿Reunión secreta?

Adrián:

—Sí.

Kevin:

—Perfecto. No quiero saber.

Dio tres pasos.

Regresó.

—Sí quiero saber.

Sofía lo empujó.

—Después.

—Injusticia.

Se marchó.

Por unos segundos la normalidad ayudó.

Luego Marco habló.

—Mi mamá está muy enferma.

Nadie interrumpió.

—Cáncer.

Valeria sintió que cualquier enojo previo disminuía.

Marco bajó la mirada.

—Terminal.

Sofía dejó escapar lentamente el aire.

—Marco…

—Los médicos ya no están hablando de curarla.

Pausa.

—Están hablando de tiempo.

Eso golpeó distinto.

Valeria conocía demasiado bien lo que significaba perder a un padre.

Adrián también cambió completamente el tono.

—¿Por eso te fuiste?

Marco asintió.

—Tuvo una crisis. Me llamaron. No pensé en la universidad. No pensé en el proyecto. Solo me fui.

Sofía respondió:

—No tenías que explicarnos eso.

—Sí tengo.

Marco miró a Valeria.

—Porque sé lo que están pensando de mi mamá.

Silencio.

La mujer de la exposición

—Su nombre es Elena Salgado —dijo Marco.

Valeria sintió algo al escuchar finalmente el nombre.

Una persona real.

No “la mujer”.

No “la madre de Marco”.

Elena Salgado.

—¿Conocía a Andrés? —preguntó Valeria.

Marco sonrió con tristeza.

—Desde niños.

Adrián se reclinó ligeramente.

—¿Qué tan cercanos?

Marco miró hacia el jardín del campus.

—Muchísimo.

Después añadió:

—Probablemente más de lo que cualquiera alrededor de ellos habría considerado conveniente.

Valeria guardó silencio.

Marco continuó.

—Crecieron juntos. Sus familias se conocían. Mi mamá siempre decía que Andrés fue primero su amigo.

Pausa.

—Después fue algo más.

Adrián:

—¿Tuvieron una relación?

Marco tardó.

—Sí.

Aquella respuesta fue directa.

—Pero fue antes del matrimonio de Andrés.

Valeria preguntó:

—¿Antes de la mamá de Daniel?

—Sí.

Marco respiró.

—Ellos pensaron que iban a terminar juntos.

—¿Y qué pasó?

—Muchas cosas.

Se encogió de hombros.

—Familia. Decisiones. Tiempo. Miedo.

Pausa.

—Y algo que los marcó bastante.

Valeria esperó.

—Mi mamá no podía tener hijos biológicos.




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