—¿Qué hará en el cumpleaños de su hijo, señor?—preguntó
la secretaria y Harrison miró al suelo, esperando escuchar
a lo lejos la respuesta de su padre.
El silencio sepulcral fue la única respuesta que percibió.
━━━━━━━━━━━━━━━━━━✨☀
Solté a Atom y él corrió a ponerse frente a Rowan.
Tomó su pose defensiva y gruñó a los mocosos, dejando claro que estaba listo para proteger a Rowan al instante.
Verlo así me llenó de orgullo el pecho. Yo lo había entrenado, pero ver cómo le había tomado cariño al rubiecito me enorgullecía.
Rowan no lo sabía, pero se había ganado un gran amigo.
—¿Sabes lo que le hago yo a los mocosos que se meten con el jefe Rowan?—pregunté y luego miré a mi rubiecito fingiendo temor—. ¿Quiere que me deshaga de ellos, jefe? ¿Tiene alguna estrategia que prefiera? ¿Quizá esa de sacar intestinos y ojos a la vez?—pregunté suavemente y bajé la cabeza, fingiendo como si le tuviese respeto al rubio.
Él me miró confundido, sin saber cómo reaccionar y luego levantó la barbilla con seriedad, demostrando que era digno hijo de su madre.
Amaba cuando mi Abby hacía eso, y mentiría si dijera que no me contentaba verlo en Rowan.
No sabía qué demonios le habían hecho esos mocosos como para que olvidase quién era, pero yo estaba más que dispuesto a recordárselo.
Los listillos me miraron con asombro y el cabecilla tiró el morral de Rowan al suelo, haciendo que los toppers se desperdigaran frente a él.
—¡Vámonos!—gritó uno de ellos y luego comenzaron a correr en distintas direcciones, alejándose de nosotros.
Rowan acarició el cuello de Atom con suavidad y no me perdí la forma en que miraba fijamente su pelaje, como si quisiera evitar mirarme a toda costa.
—¿Por qué no me dijiste que te molestaban?—pregunté con más dureza de la que pretendía y él puso su mejor expresión indiferente mientras seguía con su mirada pegada al pelaje de Atom.
—No eres mi amigo. No eres mi papá... Tampoco eres nadie, ¿para qué iba a decirte mis cosas?—respondió groseramente y yo sentí que me rechinaban los dientes del enojo.
—Esto no es un juego, Rowan—regañé comenzando a enojarme mucho más de lo que ya lo estaba.
—Yo no estoy jugando—me regresó tajante y luego recogió sus cosas del suelo-o lo que quedaba de ellas-, para alejarse de mi suavemente.
Su cabeza gacha y hombros caídos me dijeron más de lo que él quería admitir.
—Estamos hablando, Rowan Grayson. Necesito que me digas por qué está pasando eso y por qué lo permites cuando eres tan grosero conmigo... ¿Cómo es que dejas que esos mocosos te hagan eso cuando a mi ni siquiera dejas de replicarme?—solté dolido y él me miró a los ojos por primera vez en todo el rato.
—No quiero hablar contigo. No eres mi papá y no tengo por qué decirte nada... Terminamos de hablar. Me voy a clase o me castigarán—murmuró pero yo no me perdí la forma triste en la que se alejó de mi.
Consideré dejar que se fuera solo, pero algo dentro de mí me hizo seguirlo en silencio y agradecí que mi instinto fuera tan agudo cuando vi cómo Rowan se detuvo de pronto y giró hacia atrás asustado.
—¿Qué pasa?—comencé a preguntar pero justo en ese momento vi cómo una figura totalmente vestida de negro aparecía de la nada en la esquina e intentaba atraparlo.
La rabia corrosiva explotó dentro de mí y yo corrí a interceptarlo.
Era un hombre. Su estatura y complexión lo delataba.
—¡¿Qué demonios crees que haces?!—grité rabioso al tiempo que me interpuse en su camino, evitando que atrapara a Rowan.
Lo derribé de un puñetazo y él cayó al suelo con un golpe seco.
Intentó ponerse de pie, pero yo no dudé en derribarlo con una patada en la barbilla y me giré hacia el rubiecito que nos miraba aterrado.
—¡Espérame con tu maestra!—le grité. pero él no dejó de mirarme asustado.
—No te voy a dejar—soltó demostrando que era leal a pesar de su actitud gruñona.
—No me dejarás. Solo me ayudarás—murmuré entre dientes y me agaché sobre el tipo, intentando mantenerlo reducido en el suelo.
—P-pero...—comenzó a susurrar Rowan y dudó, como si no estuviese dispuesto a dejarme solo.
—Ve con ella, me ayudas más poniéndote a salvo... Lle-va a Atom—pedí, forcejeando con el tipejo que de pronto parecía haber recobrado la fuerza.
Mi corazón se tranquilizó un poco cuando vi cómo el perro y el niño corrían lejos de nosotros.
No quería que Rowan me viera en ese momento, ni que estuviese cerca poniéndose en peligro.
—¿Crees que puedes molestar a mi mujer y su hijo como si nada?—bramé rabioso y le di otro puñetazo, haciendo que le crujieran los dientes.
Pensaba decirle otro montón de cosas mientras me deshacía de él, pero antes de que pudiera decir algo más el tipo lanzó un puñetazo directo a mi rostro y el dolor estalló en mi barbilla, haciéndome soltar un gruñido bajo.