Mira Luna y la Academia Farewell

CAPITULO 7

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Mira no había pegado ojo en toda la noche. Su mente se había transformado en un hervidero de conjeturas y temores insomnes que daban vueltas en bucle. Este nuevo hábito le había otorgado el poder de ir a la biblioteca todos los días antes de clase, cuando aun estaba vacía. Todo lo que necesitaba para avanzar en clase estaba en la tablet y el portátil que la Academia le había proporcionado pero si lo que pretendía era indagar un poco más sobre Firewell, el lugar idóneo era la biblioteca.

Esta ocupaba todo el sótano del colegio, por lo que impresionaba nada más atravesar sus puertas acristaladas. Al entrar, el cambio de atmósfera era inmediato: un aire denso y algo viciado debido a la falta de ventilación natural, una táctica habitual para preservar los ejemplares más antiguos. Mafalda ya le había contado que la biblioteca albergaba algunos de los ejemplares más remotos de la historia; libros que, según decía, habían sido escritos incluso seiscientos años antes que la Biblia. Para Mira, aquello resultaba casi increíble, pero si Mafalda lo aseguraba, debía de ser cierto.

El sistema de organización era sencillo: los volúmenes modernos ocupaban los estantes más cercanos a la entrada, mientras que los más antiguos quedaban relegados al fondo. Hacia allí se dirigió Mira, intuyendo que en esa sección encontraría información sobre FireWell. Los libros de aquella zona eran fascinantes, con encuadernaciones llamativas que superaban todo lo que había imaginado. Para ella, los libros siempre habían sido sus posesiones más preciadas, y supo que, a partir de ese día, aquel lugar se convertiría en su nuevo santuario. Se detuvo ante una balda donde todos los tomos se centraban en la historia de la Academia y comenzó a ojearlos uno a uno. Tal vez tardaría en hallar algo de interés- ni siquiera sabía con certeza que buscaba-, pero le sobraba tiempo para investigar.

- Quizás deberías dedicarlo a estudiar.

Mira se giró sobresaltada dejando caer el libro que sostenía. Mafalda la obserbava con una sonrisa, ajena al susto que acaba de provocarle. Lucia el uniforme impecable y un maquillaje perfecto, como si llevara horas despierta a pesar de lo temprano que era. Mira, en cambio, ni si quiera se había peinado.

- ¡Me has dado un susto de muerte, Mafalda! No puedes aparecer así- se quejó Mira- Además, ya basta con ese rollito que te traes con mis pensamientos.

- ¿Qué rollito?- preguntó Mafalda, encogiéndose de hombros.

- Eso de adivinar lo que pienso. Me da repelús...

- Soy intuitiva- contestó la chica mientras recogía el libro del suelo- Metodología e implantación de la Academia FireWell... esto no te servirá de nada, Mira Luna.

Mafalda se dirigió hacia una estantería cercana y tomo un libro de tapas burdeos y letras doradas, y se sentó en una de las mesas de estudio mientras le indicaba a Mira con un gesto que la siguiera. Abrió el libro por los primeros capítulos. Las fotografías de una Academia mucho más anticuada ocupaban todas las paginas; el exterior era exactamente idéntico al que mira había conocido, pero el interior había ido cambiando de forma sustancial con el paso de los años.

- <<FireWell abrió sus puertas como un ambicioso proyecto dirigido por la primera junta conocida en mil novecientos setenta, ante la necesidad de comenzar con una formación completa para nuestros jóvenes, más adecuada a sus necesidades y alejada de la enseñanza elemental a la que se someten los mundanos...>>- leyó Mira, deteniéndose un instante en la palabra <<mundano>> sin terminar de comprender a qué se refería-. <<El programa de estudios ha sido sometido a una rigurosa planificación y posterior votación, llegándose a la plantilla que, por una nimiedad, se incluye en el anexo>>.

Mira pasó varios capítulos ojeándolos por encima hasta que llegó a uno que captó por completo su atención. Las Hermandades de la academia: formación , virtudes y adjudicación.

—«Los alumnos de la Academia FireWell —prosiguió Mira, siguiendo las líneas con el dedo—, emulando la tradición académica mundana, serán divididos en tres casas —ampliables en el futuro— a las que pertenecerán el resto de su escolarización. Este reparto correrá a cargo de la Junta, bla, bla, bla... Aquellos alumnos que pertenezcan a una misma familia serán incluidos en la misma casa, bla, bla, bla...» ¡Aquí no hay nada que no sepamos ya! Qué frustración.

- Déjamelo- le pidió Mafalda, apoderándose del libro para rebuscar entre su hojas-. Hay páginas que están ocultas.

- ¿Cómo que ocultas?- preguntó Mira, arrebatándoselo de las manos de inmediato.

Efectivamente, las ultimas paginas del libro aprecian por completo en blanco, como si un problema en la impresión hubiera impedido que se estampara ni una sola palabra. Eran al menos cuatro los capítulos que figuraban vacíos, aunque no faltaba ni una sola de las hojas.

— Es como si alguien no quisiera que averiguaras lo que buscas, Mira.

- Eso es una tontería- replicó esta- Será algún tipo de fallo de edición.

- Es raro... Estos ejemplares suelen ser únicos, y muy antiguos; no tendría sentido que lo publicaran así.

Mira se quedó pensando en lo que decía su compañera. Lo que más la irritaba era que Mafalda tenía toda la razón. Hoy en día, con las innumerables tiradas de libros que se publican, es fácil encontrar alguna errata, pero antiguamente no era algo tan común. Si se elaboraba un único ejemplar de un libro, se repasaba con sumo cuidado antes de encuadernarlo. En cualquier caso, todo aquello no hacía otra cosa que confundirla todavía más. Dejó el volumen en su sitio y paseó entre el resto de las estanterías, seguida de cerca por Mafalda, hasta que se topó con una puerta de rejas que cortaba el paso hacia el último pasillo.




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