
Las vacaciones de navidad estaban a la vuelta de la esquina. Eso significaba que Mira Luna llevaba casi dos meses en la Academia y a penas había hablado con sus padres en un par de ocasiones, siempre de manera apresurada. Los Prefectos ya habían comunicado la posibilidad de permanecer en las instalaciones durante el parón navideño, y eso era exactamente lo que Mira planeaba hacer. Sería interesante poder inspeccionar la escuela cuando los pasillos estuvieran vacíos y libes de Professores y Maestres que pudieran pillarla en las zonas prohibidas. Confiaba en que las vacaciones supusieran una tregua en la pérdida de puntos de honor; de esa manera podría llevar a cabo varios de los planes que ya estaba urdiendo en su cabeza.
La mala noticia era que, junto con las Navidades, llegaban sus primeras calificaciones, y no eran tan buena como cabía esperar de una alumna tan brillante. Pero es que la Academia exigia un cambio radical de mentalidad para el que Mira no estaba preparada: habían desacreditado todo lo que ella daba por sentado, echando por tierra sus conocimientos sobre mitos, leyendas y runas antiguas. Para colmo, a profesora Berrycloth , de bótanica, había calificado sus manos como "incompatibles con la vida vegetal". Aquello era una acusación terrible. Dispuesta a demostrar que se equivocaba, la chica se había lanzado a adoptar varías plantas que no habían durado ni una semana en su habitación, muertas por pura deshidratación.
Una auténtica tragedia difícil de superar.
Estaba acabada. Sus días en FireWell parecían contados y se veía obligada a volver a casa con el rabo entre las piernas. Nunca imaginó llegar a admitirlo, pero quería quedarse en la Academia; no deseaba regresar a su antiguo instituto, repleto de mundanos —término que había aprendido en su nuevo hogar— incapaces de comprender nada más allá de sus narices. En el fondo, ella tenía parte de culpa en ese catastrófico expediente escolar, ya que había descuidado un poco sus estudios para dedicar todo su tiempo a investigar secretos imaginarios que ella misma se había ido forjando sobre la escuela.
Los miembros de su casa eran perseverantes, pero ansiaban obtener resultados ipso facto, por lo que no precisamente destacaban por ese don. Eso se lo dejaban más bien a los de la casa verde, los Nopcsa, por aquello de ver crecer las plantas. Ellos eran quienes más simpatía despertaban a ojos de Mira: auténticos hachas en botánica, historia antigua e incluso latín. Envidiaba que no tuvieran que cursar ninguna asignatura relacionada con los números, aunque no tanto que les tocara encargarse de toda la jardinería de la escuela: hectáreas y hectáreas de terreno. La muchacha había intentado evitar a los Legolas en todo momento; le despertaban un sentimiento de recelo bastante turbio cada vez que los tenía cerca. Eran demasiado competitivos, utilizaban métodos algo sucios y buscaban ganar siempre a toda costa. Los aborrecía por completo. Aunque casi todos los puntos de honor se los acababan llevando ellos, Mira no los envidiaba en lo más mínimo. Prefería tener cerebro o cualquier otra de las virtudes características de las demás hermandades de la Academia.
De pronto, alguien llamó a su puerta con una delicadeza impropia de sus compañeras. Mira se apresuró a abrir, sin la menor idea de quién podría encontrarse al otro lado. Al abrir, se quedó completamente petrificada; tuvo que parpadear dos veces para asimilar la identidad de la persona que aguardaba en el umbral.
- Buenos días señorita Luna. ¿Puedo pasa?.
Mira asintió en silencio, demasiado sorprendida para articular palabra, y se apartó para dejarla entrar. La profesora Birdwhistle examinó detenidamente el cuarto de la joven. Se detuvo con especial interés en las fotografías personales que Mira había traído consigo, antes de clavar de nuevo la mirada en ella.
- Disculpa mi interrupción, Mira, pero necesitaba tratar contigo un asunto importante y sabía que podría localizarte aquí antes del desayuno.
- Claro, professora.
Mira era consciente de que Birdwhistle bien podría haber hablado con ella al terminar la siguiente clase, o haberla citado en su despacho sin mayores ceremonias; sin embargo, había preferido acudir en persona a su habitación. Aquello era increíblemente inusual y la hacía sentirse incómoda. Apenas habían cruzado palabra en los dos meses que llevaba el curso, pero los intensos intercambios de miradas habían sido una constante cada vez que se cruzaban por los pasillos de la Academia. A Mira le habría encantado abordar ese asunto ahora que tenía la oportunidad, pero se sentía demasiado cobarde para dar el paso.
- Quería hablar personalmente contigo sobre tus calificaciones Mira.
El corazón de la chica comenzó a cabalgar a mil por hora. La iban a echar en aquel mismo instante; ni si quiera esperarían a Navidad y eso era terrible. Mira tuvo que sentarte urgentemente sobre la cama
- Estarás de acuerdo conmigo en que tus calificaciones está muy por debajo de la media. Bastante por debajo de lo que se esperaba de ti.
La profesora hizo una pausa dramática, buscando alguna reacción en el gesto de su alumna, que se mantenía congelado por la impresión. A Birdwhistle le encantaba causar esa reacción en las personas.
- Pero no sufras , Mira Luna; la Academia FireWell no da la espalda a sus alumnos con tanta facilidad. Si hemos apostado por ti es por algo y queremos poner todos los medios a tu disposición para que lo consigas. Hemos pensado que quizás te vendría bien recibir unas clases extras durante las vacaciones.
- Eso sería estupendo Professora- la interrumpió Mira con ímpetu.
- Claro que eso supondría no volver a casa durante las fiestas...
- Eso no será un problema, no pensaba hacerlo- aclaró la chica.
La professora pareció sorprendía ante la respuesta de su alumna. Deseaba saber más sobre los sentimientos de la chica; era inusual que un alumno prefiriera permanecer en el centro antes que volver a su hogar. Claramente, Birdwhistle conocía bien la situación de Mira: sabía que era una incomprendida social que no encajaba en su mundo, pero desconocía su situación familiar.