Mira Luna y la Academia Farewell

CAPITULO 22

Mira llevaba tres días escondiéndose de todo el mundo en un rincón solitario de los terrenos de Farewall. No lo hacía porque, de repente, echara de menos el asilamiento de su antigua vida, sino porque le deboraba un sentimiento complentamente nuevo y amargo para ella: la inutilidad. Se sentía torpe, una carga, cuando durante toda su existencia había presumido de sobresalir sin esfuerzo por encima de sus compañeros. Y, sin embargo, en la academía no pasaba de ser una mediocre. Ni si quiera se creía digna de esa categoria: se sentía mediocre. Pero, nada más lejos de la realidad, sin saberlo, Mira Luna se había convertido en el centro absolutode todas las miradas.

Bemus llevaba todo el día observándola. No le había costado deducir que algo no marchaba bien en el interior de la muchacha. Había registrado el cambio drástico de la alumna que había pasado de sonreir a todas horas a aislarse por completo del resto de los estudiantes. <<La maldición de Farewell>> Así solía llmar él a esta densa aura de rechazo que muchos terminaban experimentando entre aquellos muros. Era un tema que había discutido con su padre en numerosas ocasiones; la Academia era un engranaje demasiado exigente y elitista, un internado que terminaba dando la espalda a quienes no conseguían brillar por encima de la media. Pero su padre, como en tantos otros asuntos, se había negado en redondo a entrar en razón.

— ¿Ahora eres su guardaespaldas?

La voz de su hermana resonó a sus espaldas, sobresaltandolo. Absorto en sus pensamientos, Bemus apenas había sido consciente de lo que ocurría a su alrededor durante los últimos diez minutos; un lapso de tiempo que había pasado contemplando a Mira Luna mientras ella intentaba sacar adelante sus deberes bajo la sombra de un viejo roble.

A Bemus no se le impresionaba con facilidad, pero era innegable que Mira había conseguido capatar su atención desde el primer instante. Quizás fuera por el peso de la historia que arrastraba a sus espaldas, o por la imponente figura que el destino dictaminaba que acabaría siendo; O bien, simplemente, por el hecho de ser una chica corriente, un soplo de aire fresco en comparación con el resto de las jóvenes con las que solía tratar. Aquellas brujas y hechiceras de la Academia, demasiado pomposas y altivas como para ver más allá de sus propias escobas, tal como ellos solían decir.

—Bryana. ¿Qué haces aquí?

—Podría preguntarte exactamente lo mismo—dijo su hermana cruzándose de brazos— Yo estudio aquí, ¿recuerdas?Aunque sea un poco lejos de vuestro edificio.

—Se esconde de sus compañeros— continuó él ignorando su reproche—. Lleva días haciéndolo.

A Bryana le sorprendió la noticia, pero no tanto como descubrir que su hermano seguía tan de cerca los pasos de Mira Luna. Bemus, que nunca había demostrado el menor interés por nadie, se preocupaba ahora por una simple novata.

— Pensaba que estaba integrada…Pero sigo sin ver en qué nos incumbe a nosotros.

— Siente que no encaja, Bryana. Y tú sabes perfectamente lo que es sentirse así; conocés como es esta escuela. – le inquiero su hermano, devolviendo la mirada hacia la chica, que seguía enfrascada en sus deberes bajo el árbol- Nada le cuadra porque le falta demasiada información. Esta farsa que hemos montado a su alrededor es estúpida.

—¿Y ahora te das cuenta?—repuso ella arqueando una ceja— Yo, al menos, me mantuve al margen desde el primer momento, pero tú has formado parte de todo este entramado desde el principio.

Bemus se giró hacía su hermana, visiblemente molesto.

—A caso he tenido elección? ¿A caso he tenido alguna vez una sola oportunidad de elegir?

—Siempre hay elección, Bemus.

—No para mí—sentenció él, con la voz apagada por la amargura— No cuando estás destinado a ser el futuro director de la institución de magos más poderosa del mundo. No cuando cargas con todo ese legado sobre la espalda. Algunos tenemos que cumplir con nuestras responsabilidades; no tenemos la suerte de limitarnos a ser la estudiante guay que va a su aire. Qué fácil se ve todo desde la barrera, Bryana. Haces exactamente lo mismo que Elijah.

—No te atrevas a compararme con él- rebatió Bryana con las mejillas encendidas por la ira.

—¿O qué?

Bryana hizo el gesto de levantar la mano derecha, pero Bemus fue más rápido que ella. Con un sutil destello, su hermana se sintió petrificada del cuello para abajo. Por más que intentaba mover los brazos con desesperación, resultaba inútil.

—¿De verdad crees que puedes batirte conmigo?— le espetó Bemus, sosteniéndole la mirada.

—Chicos…- Interrumpió una tercera voz, aunque al principio ambos hermanos la ignoraron.

—¿Y eso por qué? ¿Por qué eres un chico? - replicó Bryana a modo de respuesta, conteniendo la rabia de verse inmovilizada.

—Porque tengo mucha más preparación que tú, idiota.

—Chicos…—insistió la voz mucho más cerca.

—¡¿Qué?!—gritaron los dos al unísono, girándose por fín hacía la intrusa.

Mira Luna los contemplaba perpleja. Una disputa pública, entre ambos hermanos, era algo que jamás hubría imaginado contemplar. Dos de los Spinster más populares del campus, enfrascados en una acalorada riña a la vista de cualquiera; un espectáculo digno del periódico escolar, si es que existiese tal cosa en FareWell. Pero lo que más le asombraba no era el hecho de la pelea en sí, sino el motivo que lahabía desencadenado: ella misma. Según había alcanzado a escuchar a lo lejos, su propio nombre había sido el detonante que captó su atención, pronunciado en repetidas ocasiones por los labios del mismísimo Bemus Spinster.

—Mira, ¿cuánto tiempo llevas ahí?—inquirió él, recomponiendo el gesto.

—El suficiente- repuso ella. Era una respuesta que siempre había oído en boca de otros y que encajaba perfectamente con la situación.

—¿No te han enseñado que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas?—le recriminó Bryana, todavía rígida.




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