Mira Luna y la Academia Farewell

CAPITULO 23

Cuando descubres que toda tu vida ha sido una mentira, algo se clava con fuerza en tu pecho. Se clava y se queda allí, recordándotelo a cada soplo de aire. No importa si encajabas o no en el escenario que hasta entonces suponía tu existencia; cuando te desprenden de ella, el caos es exactamente el mismo. Te vuelves una extraña incluso ante tu propio reflejo. Sientes que la luz que envolvía tus días se atenúa por completo. En realidad, esa es la mejor metáfora: todo se vuelve gris y opaco. Pero lo peor, lo que más llega a molestar, es ese maldito nudo que sigue oprimiendo tu caja torácica, pinchando de una manera de lo más fastidiosa.

Mira Luna pasó tres días encerrada en su habitación. Tres días intentando acostumbrarse, tratando de aceptar que aquel pellizco en el alma había llegado para quedarse. Pero, por más que lo intentó, no lo consiguió.

No era de hablar demasiado con sus padres; en realidad, tan solo contestaba a sus llamadas cuando le apetecía. Pero eran tantos los días que llevaba sin comunicarse con ellos que su padre había terminado por contactar directamente con la dirección de FireWell. «Se encuentra indispuesta», había mentido Birdwhistle para justificarla. O quizás no fuera una mentira del todo. Quizás no podía considerarse un engaño puesto que, realmente, no se encontraba bien. «Bien» era un término que se hallaba a años luz de cómo se sentía en esos momentos. Hundida en el fango y sin nadie que acudiera a rescatarla: así era exactamente como podía describirlo.

Mafalda se había rendido tras varios intentos frustrados; no había manera humana de que Mira abriera la puerta. Su habitación se había transformado en un buque blindado del que no pensaba salir nunca más. Y si algún día lo hacía, tendría que ser por la fuerza. Aunque encerrada entre esas cuatro paredes la realidad seguía siendo la misma, la percepción sí que cambiaba. Desde allí dentro todo parecía más lejano, menos doloroso por el simple hecho de sentirse menos real. Quizás, si decidía no enfrentarse a sus problemas, estos terminarían por dejar de existir.

Antía Woods asomó la cabeza a través de la puerta que separaba el dormitorio de Mira de la zona común que ambas compartían. Mira ni siquiera se volvió cuando su compañera le habló. Permanecía tumbada en la cama, de costado, con la mirada fija en la pared y abrazada a su almohada como si se aferrara a un bote salvavidas en mitad de la tormenta.

—Tienes que comer algo —dijo Antía. Portaba una bandeja repleta de comida, aunque Mira ni siquiera la había oído salir de la estancia.

—No, gracias.

—Come —repitió su compañera con un tono tajante.

Mira siguió sin volverse. Se preguntaba en silencio si Antía también sería uno de ellos. Si todo el alumnado de FireWell lo sería. Le habían hablado de los magos que procedían de un linaje mágico puro y de los mundanos que simplemente poseían el don. Pobres ilusos que, al igual que ella, acudían a la Academia engañados para ser puestos a prueba y evaluados minuciosamente. Si resultaban útiles, se quedaban; si no, se marchaban de patitas a la calle por donde habían venido. Un sistema totalmente injusto que contribuía a la segregación y a una evidente separación de clases.

Antía dejó la bandeja sobre la mesita de noche antes de romper de nuevo el silencio.

—¿Se puede saber a qué viene ese comportamiento tan infantil? Te tenía por alguien mucho más inteligente.

—Inteligente es precisamente lo único que he demostrado no ser.

—¿Por qué dices eso?

Mira no contestó.

—No comer y enfermar a propósito no va a solucionar absolutamente nada. FireWell es un lugar duro con todos, no solo contigo.

Mira sopesó durante unos segundos la posibilidad de que Antía no supiera nada de lo ocurrido. A Mafalda se lo había confesado de forma bastante escueta justo antes de atrincherarse en el cuarto, maldiciendo a la Academia y a todo el que tuviera que ver con ella. Pero con Antía no había cruzado una sola palabra desde hacía días. A pesar de que la relación entre ambas se había mantenido en un tenso standby, su compañera de cuarto había mostrado cierto interés hacia su estado diariamente, e incluso se había profesionalizado en traerle las tareas y los platos si no se encontraba en condiciones de salir de la cama. Se había portado bien. Demasiado bien, tratándose de ella. Mira seguía sin confiar en Antía, pero los oscuros asuntos que la muchacha pudiera traerse entre manos en ese momento le importaban bien poco.

—Los problemas se afrontan de cara. Esconderse es de cobardes.

—¿Qué sabrás tú de tener problemas? —recriminó Mira, pinchada en el orgullo.

Su compañera dejó escapar una risa irónica, de esas tan afiladas que tanto la caracterizaban.

—Tú no sabes absolutamente nada sobre mí, querida. Mi camino hasta ingresar en FireWell no ha sido precisamente un camino de rosas. A ti, sin embargo, te lo han servido todo en bandeja de plata. Y mírate: vencida y hundida ante el primer bache que se te presenta.

Mira se retorció en la cama, inquieta. Las palabras de Antía la habían atravesado como auténticas cuchillas. La ira comenzó a crecer en su interior, haciendo que sus mejillas ardieran, pero hizo un esfuerzo supremo por contenerse. No quería hablar más de la cuenta con ella.

—Márchate —contestó en cuanto hubo recuperado el control de su voz.

—No puedo marcharme, esta también es mi habitación.

—Déjame sola, por favor —pidió Mira, agotada.

Antía hizo amago de retirarse, pero algo en su interior la retuvo. Insistía más de lo habitual en averiguar qué era lo que le sucedía a su compañera. Cualquiera que la conociera lo suficiente sabría que semejante insistencia no era normal en su carácter. Pero es que Antía se jugaba demasiado en ese instante; la presionaban lo suficiente como para empezar a sentirse desesperada por conseguir algo de información. Así que no se movió. Permaneció de espaldas a Mira el tiempo suficiente para murmurar algo completamente inaudible, y entonces volvió a presionar:




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.