Han pasado seis meses desde la derrota de Hawk Moth/Shadow Moth. París respira un aire de paz, engañosamente tranquilo. Ladybug y Chat Noir, ahora adolescentes con vidas aparentemente normales, disfrutan de un respiro, aunque la amenaza latente de nuevos villanos siempre acecha en el horizonte. Este capítulo marca el comienzo de la octava temporada, donde una misteriosa amenaza emerge de las sombras del pasado, probando la fuerza de la pareja y poniendo a prueba sus habilidades como nunca antes.
Contenido de capítulos previos (inexistentes, se asume una premisa): Se asume que los capítulos previos establecieron la vida relativamente normal de Marinette y Adrien después de la derrota de Shadow Moth. Se mencionarán sutilmente algunos eventos pasados, como la graduación de Marinette o un evento importante en la vida de Adrien.
Capítulo 1: El Retorno del Papagayo
El sol de la tarde proyectaba largas sombras sobre el Sena. Marinette Dupain-Cheng, con su delantal manchado de pintura y una sonrisa cansada pero satisfecha, cerraba su taller de diseño. Había sido un día largo, lleno de clientes exigentes y telas rebeldes, pero el aroma a pan recién horneado de la panadería de sus padres siempre le devolvía la serenidad. La graduación había sido hace unos meses, una experiencia maravillosa, aunque la nostalgia por esos días en el colegio, con sus amigos y, claro, con Adrien, la embargaba de vez en cuando.
Suspiró, recogiendo su bolso. Hoy, Adrien no la había acompañado a la salida del colegio como lo hacía algunas veces. Su vida, como la de ella, había vuelto a la relativa normalidad, aunque el peso de sus responsabilidades como Ladybug permanecía, latente, en lo profundo de su corazón. El Miraculous de la Mariquita, cuidadosamente guardado en su caja de música, era un recordatorio constante de ello.
De pronto, una ráfaga de viento inusualmente fuerte la hizo retroceder. Un enjambre de pequeños papagayos de papel, multicolores y vibrantes, se arremolinaba en el cielo, creando un espectáculo desconcertante. No eran papagayos comunes; llevaban una especie de brillo extraño, una iridiscencia que parecía desafiar la luz del atardecer. Instintivamente, Marinette sintió que algo no estaba bien.
En ese instante, una voz familiar, ronca y llena de energía, resonó a su lado: “¡Miau! Parece que alguien está a punto de echar a volar su pluma… ¡literalmente!”
Chat Noir, con su bastón en mano y su habitual sonrisa pícara, apareció de entre las sombras. Su traje de superhéroe, impecable como siempre, contrastaba con el caos que se desataba sobre ellos.
"Eso son papagayos… ¡pero no son normales!", exclamó Marinette, sus ojos fijos en la danza frenética de los pequeños objetos voladores. "Siento un… un aura extraña."
Los papagayos comenzaron a descender, concentrándose sobre un punto específico en el puente cercano. A medida que se acercaban, Marinette y Chat Noir notaron que emitían un susurro casi imperceptible, una especie de canto mágico que resonaba en sus oídos. El susurro se hacía más intenso, creando una sensación de inquietud y temor.
Con la agilidad característica de Ladybug, Marinette se lanzó hacia el puente, seguida de cerca por Chat Noir. Al llegar, descubrieron la fuente del extraño fenómeno: un hombre, envuelto en una capa oscura, estaba rodeado por una multitud de papagayos de papel, que parecían flotar a su alrededor como si fueran una extensión de su cuerpo. El hombre tenía un extraño collar con un papagayo de jade incrustado, que brillaba con la misma iridiscencia que los papagayos de papel.
"¡Parece que tenemos un nuevo villano en la ciudad!", exclamó Chat Noir, su bastón listo para la acción.
El hombre, sin inmutarse por la llegada de los superhéroes, levantó una mano. Los papagayos de papel volaron hacia Ladybug y Chat Noir, atacándolos con una velocidad sorprendente. Los pequeños objetos, aunque aparentemente inofensivos, impactaban con una fuerza inesperada, desorientando a los héroes.
"¡Cuidado, Chat Noir!", gritó Marinette, esquivando un aluvión de papagayos. Sus poderes de creación no parecían ser efectivos contra estos extraños objetos; los intentos de atraparlos con su yoyo sólo provocaban que se dispersaran momentáneamente.
El villano, con una voz fría y calculadora, habló: "¡Soy Papillon, el Maestro de los Papagayos! ¡Y pronto, París será mi pajarera!"
Mientras los papagayos seguían atacando, Marinette y Chat Noir se dieron cuenta de que este no era un simple villano aklumatizado. La energía que emanaba de Papillon era oscura, poderosa y… familiar. Tenía un toque de esa misma oscuridad que había caracterizado a Hawk Moth, pero con una nota diferente, más sutil, más… antigua.
Chat Noir, utilizando su Cataclismo, logró destruir una buena parte de los papagayos, pero el flujo parecía inagotable. Papillon, con una sonrisa siniestra, simplemente hizo un gesto y más papagayos brotaron de su capa, como si se tratara de una fuente inagotable.
Marinette, sintiendo la urgencia del momento, se concentró. Necesitaba una estrategia, algo más allá de sus instintos. La energía de los papagayos, esa extraña iridiscencia, resonaba con algo familiar en lo más profundo de su memoria, algo que se conectaba con la historia de París, con leyendas olvidadas, con misterios enterrados en el tiempo.
Un destello de comprensión cruzó por su mente. La respuesta no estaba en su yoyo, ni en sus poderes de creación, sino en la historia misma. La historia de París, de sus mitos y leyendas, guardaba la clave para derrotar a Papillon. Pero, ¿cuál era esa clave?
Mientras Ladybug y Chat Noir se veían superados en número, y la oscuridad de Papillon se intensificaba, la ciudad de París quedaba envuelta en una nube de papagayos, un presagio ominoso que anunciaba una batalla que iba mucho más allá de la simple captura de un villano aklumatizado. La octava temporada de las aventuras de Ladybug y Chat Noir comenzaba con una amenaza antigua, una amenaza que pondría a prueba sus habilidades, su astucia y su amistad como nunca antes. La lucha había comenzado. Y el futuro de París pendía de un hilo.